CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE ROBERTO ARLT
Cumplirá cien años de su nacimiento el escritor bonarense Robert Atl, llamado el Anti-Borges, el próximo 2 de abril.
Por: Horacio Serafini
Notimex (31/03/2000).- BUENOS AIRES, Argentina .- “Se dice de mí que escribo mal. Es posible... El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura no conversando continuamente de literatura sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un cross a la mandíbula".
De este modo se definía en el prólogo a su tercera novela, Los Lanzallamas (1931), uno de los grandes escritores argentinos del siglo XX, que pesó tanto como Jorge Luis Borges, sin haber sido –ni querido- objeto de culto erudito acentuado por modas finiseculares. Se trata de Roberto Arlt, un periodista pendenciero y apenas autodidacta, de cuyo nacimiento en una casa alquilada por los inmigrantes Karl Artl y Ekatherine Lobstraibitzer se cumplirán cien años el próximo domingo 2 de abril.
Si Borges, nacido un año antes en una familia aristocrática, completó sus estudios en Europa, Arlt no pudo terminar el tercer grado en una escuela pública del barrio Flores en Buenos Aires, en donde a los ocho años le vendió "a un distinguido vecino de Flores" un cuento por un peso. Cuando dejó su casa paterna a los 16 años, hizo de todo para sobrevivir: Fue empleado de librería, aprendiz de mecánico, vulcanizador, vendedor ambulante, hasta que en 1918 publicó su primer cuento, titulado "Jehová", y algunas notas periodísticas.
Después no paró más. Desde diarios y revistas cuasi ignotos hasta publicaciones de alcance masivo, fueran populares como crítica o aristocráticos como la nación, publicó como cronista de policiales y también algunos de sus propios cuentos. Decía entonces: "los que escribimos y firmamos lo hacemos para ganarnos el puchero (cocido), nada más. Y nos permitimos el cinismo de reírnos y de creernos genios..."
De tanto correr, Arlt solía plagiarse a sí mismo, al grado que su cuento "El gato cocido" había ya sido publicado con ligeras variantes con el título "La tía pepa", según contó uno de sus estudiosos, Omar Borre. Ni el sueldo en el diario el mundo, al que entró en 1928, le hizo frenar la marcha: Entre la publicación diaria de sus aguafuertes porteñas -pinturas de las miserias y alegrías humanas de Buenos Aires, tan universales como cualquiera- se hizo tiempo para escribir. "No dispongo como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales. Escribí siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana. Cuando se tiene algo qué decir se escribe en cualquier parte", dijo por esa época.
Sobre Los siete locos, su obra de esos años publicada en 1929, Arlt reconoció que se inspiró en los endemoniados, del ruso Fedor Dostoievsky, pero no sólo cambió el escenario sino también la idiosincracia de los personajes. Las páginas de Dostoievsky y de Gustave Flaubert eran sus únicas lecturas: "En literatura sólo leo a Flaubert y Dostoievsky", "y socialmente me interesa más el trato con los canallas y los charlatanes que el de las personas decentes", confesó una vez.
A los 70 años de la primera edición de Los siete locos, el crítico Alberto González Toro dijo: "genial, ácrata, nihilista, ácido crítico de la sociedad burguesa, existencialista antes que (Albert) Camus, buscador de Dios, moralista a ultranza, sarcástico, desdichado, Arlt tiene plena vigencia". De ese submundo de canallas y charlatanes, Arlt dio entidad literaria a palabras populares como "yuta" por policía y "catrera" por cama, y a frases que luego recuperaría el tango: Su "indiferencia del mundo" apareció después en el tango "Yira, yira".
Cuando recibió por Los siete locos el tercer premio municipal de literatura en 1930, su discurso fue frontal: "yo, que soy un filósofo cínico por sobre todas las cosas, diré que el fallo del jurado me ha dejado, más que tranquilo, satisfecho". "Primero, porque podían no haberme dado ningún premio. Segundo, porque al concurso no fui a buscar prestigio (que lo tengo de sobra) sino plata, y plata me han dado. Tercero, porque así es la vida, y ningún hombre puede ser más feliz si en vez de darle dos mil, le han dado tres mil o cinco mil, que es el máximo del premio", afirmó.
Obsesionado por el dinero tanto como por la pobreza, la frustración y el dolor humanos, fueron esos el motor de sus cuatro novelas, sus aguafuertes -argentinas y "españolas" tras un año de viaje por espana y el norte de africa, sus dos libros de relatos y sus ocho obras de teatro, muchos de ellas llevadas al cine. También soñó y vivió obsesionado con inventos que lo volverían rico, como las medias de mujer "con punteras y talón reforzados con caucho o derivados" que patentó en 1934. "El que quiere enriquecerse tiene que inventar cosas prácticas, sencillas", dice en su primera novela, El juguete rabioso (1926). Sin saber que su segunda mujer estaba embarazada, al regresar del ensayo teatral de una de sus obras, Arlt sufrió un paro cardiaco mortal el 26 de julio de 1942.
El escritor Ricardo Piglia recordó fotos del velorio de Arlt, la más impresionante de las cuales muestra el féretro, armado en su cuarto, colgado en el aire con sogas y suspendido sobre la ciudad, pues tuvieron que sacarlo por una ventana porque Arlt era demasiado grande para llevarlo por un pasillo. "Ese féretro suspendido sobre Buenos Aires es una buena imagen del lugar de Arlt en la literatura argentina", dice Piglia. "Murió a los 42 años y siempre será joven y siempre estaremos sacando su cadáver por la ventana. Arlt es el más contemporáneo de nuestros escritores", recuerda Piglia.Encontrado en: http://www.terra.com.mx/entretenimiento/articulo/030420/