Roberto Arlt

por Viviana Gorbato


Comentario a la obra "Astrología y fascismo en la obra de Arlt" de José Amícola, Bs.As., Weimar ediciones, 1984.

En los últimos meses de la guerra (abril 1944, setiembre 1945) el pueblo alemán presentía la derrota. Cuenta el ex ministro nazi Alberto Speer que "los diarios no gozaban de crédito. Una excepción representaban las páginas de astrología. Puesto que ellas dependían del ministerio de Propaganda (de Goebbels) fueron utilizadas para influir en la opinión pública. Horóscopos manipulados hablaban de valles que había que atravesar, profetizaban futuros giros inesperados, se perdían en alusiones sobre sucesos fatales. Sólo en la página de astrología tenía el régimen futuro.

Quince años antes, en la Argentina de 1929, Roberto Arlt publicaba Los siete locos, novela que profetiza el golpe fascista de Uriburu en el ’30. La obra narra las andanzas de un astrólogo que funda una sociedad secreta para dominar al mundo. La confusión ideológica ("mentira metafísica") y el poderío económico (creación de una cadena de prostíbulos, secuestros y asesinatos) son las armas elegidas por los revolucionarios.

En 1982, treinta y siete años después de la Segunda Guerra Mundial, José Amícola, universitario argentino, recibe el título de doctor en Letras en la Universidad de Göttingen, Alemania, por su tesis sobre Roberto Arlt.

Durante años la crítica argentina sobre Los siete locos y Los lanzallamas (desde el marxismo y el psicoanálisis, pasando por el existencialismo) se centró principalmente en el personaje de Erdosain y sus conflictos psicológicos y sociales de pequeño burgués. El astrólogo fundador de la secta y su ideología, pasaron a segundo plano. Por ejemplo, Nira Etchenique consideró que las ideas de la sociedad secreta eran una absurda mélange y Angel Núñez sostuvo que esos personajes toman fascismo y Marx sin dominar el problema. "No sé si nuestra sociedad será bolchevique o fascista. Lo mejor que se puede hacer es preparar una ensalada rusa que ni Dios entienda", dice el astrólogo de Arlt. Es improbable que haya podido desorientar a Dios, pero sí a varias generaciones de críticos literarios. A pesar de que el astrólogo cita a Lenin y Mussolini, es en este último en el que se inspira. Sobre todo "aquel Mussolini que entre 1919 y 1922 era capaz de desconcertar con sus declaraciones a los propios socialistas".

Para Amícola, esta mezcla de elementos nacionalistas, anarquistas, socialistas y también teosóficos responden a la característica del nazi-fascismo en su fase temprana tal como se daba en Europa de la década del ’20 : "Tanto el fascismo como el nazismo presentaron en su primera época una cabeza de Jano, de la que mostraban a cada grupo la cara más conveniente. La verdadera cara fue revelada más adelante".

Esto, que hoy parece extraño, no deja de sorprender si se piensa que unos años antes el anarquista Sorel saludaba a Lenin y Mussolini como "grandes conductores del pueblo", a la par que exaltaba la violencia y la heroicización del individuo. "El fascismo aprendió mucho del anarquismo ruso a nivel de tácticas de creación de pánico".

En 1939, Herman Rauschning publica Conversaciones con Hitler, libro en el que narra las reuniones sostenidas entre 1932 y 1934 en la residencia alpina del Führer. "Los pequeños burgueses que aparecen en los diálogos de Rauschning planean el cambio del orden mundial con la misma frialdad que lo hacen los conspiradores de Arlt. Así, Temperley y Oberzalaberg parecen caricaturas entre sí".

En la Argentina de la época de Arlt, esta ideología totalitaria se materializa en el fascismo ilustrado de Leopoldo Lugones con su invocación a una nueva moral nacionalista y guerrera ; ese mismo Lugones que desilusionado entre las imposibilidades de establecer un régimen fascista en la Argentina se quita la vida en el ’38.

El teosofismo (cuya influencia también se rastrea en la literatura de Lugones) actuaría como condimento de esa ensalada ideológica. Arlt conocía muy bien su poder mitificador y su utilización política. Así lo testimonia una aguafuerte titulada Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires.

Amícola aplica este enfoque ideológico a otros aspectos. Siguiendo a Wilheim Reich, sostiene que el tema de la humillación, la represión sexual y el autoritarismo de los personajes, integra distintos modelos de moral fascista. "Mediante el tipo de un pequeño burgués, que generalmente la sociedad considera anodino, incapaz de hacerle daño a alguien, Arlt expresa la potencial peligrosidad de una clase dispuesta a las peores actitudes antisociales en un momento de crisis".

(Publicado en la sección Cultura de La Razón, 9 de diciembre de 1984)

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