Domingo 02 de abril de 2000VINCULOS DE ARLT CON EL PINTOR HEBEQUER
El amigo uruguayoCompartieron las redacciones de varios diarios y revistas. Pero, además, Arlt y el artista plástico Facio Hebequer coincidían en rastrear sus personajes en los mismos márgenes de la sociedad.
ALVARO ABOS
CALLE CORRIENTES. Detalle de un aguafuerte de la serie "Buenos Aires", de Facio Hebequer.
Buenos Aires, invierno de 1931. Una noche muy fría. Un hombre menudo, moreno, con la cabeza cubierta por una gorra y el cuello de su grueso saco levantado, de gestos nerviosos y mirada inquisitiva, merodea cerca de la entrada del Asilo de Vagabundos, acecha a los miserables que van y vienen. Finalmente, aborda a un hombre esquelético, vestido con un traje de verano. "íQué frío de la madona que hace!", le dice. Y prosigue: "Hace un frío como para tomarse un buen plato de sopa. Y un bon vas de vin. Porque yo soy pintor, ¿sabe?".
"Se osté es pintor, yo soy pastelero", lo rechaza el mendigo.
Esta escena la cuenta Roberto Arlt en el aguafuerte porteño titulado "Los atorrantes de Facio Hebequer", publicado en el diario El Mundo del miércoles 1 de julio de 1931. Relata Arlt que el pintor "lo convenció al tipo, dándole dos pesos, que se fuera a comer y dormir a una fonda y que al día siguiente lo visitara en la casa para que le sirviera de modelo. Y así, más o menos, he conseguido casi todos mis modelos, me cuenta Facio Hebequer. Rondando por los albergues de noche donde se hospedan, por la quema, por las orillas del río y el puerto".
El pintor, dibujante y grabador Guillermo Facio Hebequer (1889-1935) había nacido en Montevideo, en un hogar acomodado, pero creció como artista en Buenos Aires, donde despertó su vocación cuando en la Boca conoció a algunos artistas dedicados a pintar la vida proletaria, al mismo tiempo que ponían su arte al servicio de las luchas obreras.
Con ellos, Facio compartió un taller situado en la esquina de Pedro de Mendoza y Patricios, y luego otro en Rioja 1745, en el barrio de Parque Patricios. Junto con sus amigos Abraham Vigo, José Arato, Santiago Palazzo y el escultor Agustín Riganelli fundó la agrupación Los Artistas del Pueblo. En distintos lugares del sur de la ciudad de Buenos Aires ellos se juntaban para trabajar, tomar vino o hablar, con pintores como Benito Quinquela Martín, grabadores como Adolfo Bellocq y los tangueros Enrique Santos Díscépolo y Juan de Dios Filiberto. Sobre esta bohemia, Facio Hebequer cuenta en sus memorias inéditas que "...habitábamos en los mismos casuchones sucios e inhospitalarios y comíamos en los mismos fisgones inmundos... allí entre los obreros, sentí por primera vez la vergüenza de no ser más que un intelectual...". En los manuales de arte argentino, Facio es destacado como un artista social en una época marcada por la fuerte penetración de las oleadas revolucionarias europeas que en la Argentina se tradujeron en represión antiobrera (Semana Trágica en 1919, huelgas y matanzas en la Patagonia en 1921), y en el golpe militar en 1930.
"Facio es un hombre de exterior sencillo, de modales simples y mirada franca. Es naturalmente modesto o, si se quiere, pudoroso. Ahora estará protestando contra ese Barletta que se mete a hablar de uno, en vez de hablar de los cuadros..." Así describía Leónidas Barletta a Facio Hebequer, quien, para Elías Castelnuevo, era "un personaje triste, melancólico, casi opaco. Sobre sus espaldas agobiadas parece descansar la fatiga de varias generaciones". Para Barletta, en cambio, ese tono sombrío estaba en la obra de Facio pero no en su persona y, al visitarlo, en su casa de Vicente López, encuentra que allí se respira "cierta tranquilidad": mucho jardín, plantas, gallinas, perros.
Mientras Facio dibuja atorrantes, un escritor recorre bares, fondas, cárceles, barrios de mala muerte buscando personajes para sus novelas y crónicas: "Aterrizamos en una lechería de la calle Entre Ríos y Cochabamba regenteada en aquel entonces por Angel Greco, el autor de Naipe marcado y otros tangos no menos memorables -ha narrado César Tiempo-. A Roberto le habían dicho que el lugar era un refugio de malandrines y tipos exóticos y con su impaciencia habitual vino a sacarme de casa para que lo acompañara". Sobre estos hábitos de Arlt abundan los testimonios. Córdova Iturburu recuerda que los ladrones, los rufianes, las prostitutas, los tahúres, gentes de tan explicable y desconfiada reserva con aquellos que no hablan su mismo idioma, hablaban con Arlt", para quien las calles de Buenos Aires eran "un escenario grotesco y espantoso donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados, los embrujados, los enloquecidos danzan su zarabanda infernal...".
Facio en su obra gráfica y Arlt en su literatura rastrean en los márgenes de la sociedad un paisaje humano conformado por los vencidos y los expulsados; los desechos humanos son el símbolo de las relaciones de poder ("el basurero Roberto Arlt", lo llama Carlos Correas). En Facio y en Arlt hay compasión de raíz cristiana por los miserables: aunque Castelnuovo llamó a Facio "un pintor gorkiano", es Dostoievski el que condensa a Arlt y a Facio porque la piedad que practican no idealiza. Señala Arlt: "Si usted visita la casa de Facio Hebequer, que es una casa abierta para todo el mundo, y más todavía para los atorrantes, porque en el fondo de su casa tiene un ranchito para hospedarlos, se cae de espaldas al ver la colección de apuntes de atorrantes que ha hecho este aguafuertista...".
Son cinco mil apuntes, consigna Arlt. Los atorrantes, "son el filón virgen de su arte". En un mueble que ocupaba una pared entera de su casa, dividido en incontables cajones, Facio guardaba sus bosquejos: una constelación de manos", según relató un amigo: "Nos convidó a abrir más cajones, con miríadas de cabezas, ojos, orejas, narices, torsos, figuras de todas las edades en todas las actitudes imaginables...". Facio: ¿un coleccionista?, ¿un artista/antropólogo? No, el barro que Facio recogía en los andurriales porteños se transmutaba en un arte que contenía la acritud social de Goya pero también la densa humanidad de Rembrandt, justamente los dos mayores aguafuertistas que han existido.
Hacia 1927, Facio deja el aguafuerte por el litograbado debido a los problemas que el uso de ácidos le causaba en la vista. ¿Por qué Arlt llamó a sus crónicas ciudadanas "aguafuertes"? El aguafuerte es una técnica del grabado en metal que consiste en dibujar sobre una capa de barniz que recubre la plancha y luego corroer la incisión con un ácido que penetra -que "ataca" según el léxico de uso corriente en las artes gráficas- el material, confiriendo al motivo una condensación dramática que distingue al aguafuerte de otras técnicas como el grabado en madera o xilografía. El aguafuerte literario, en la intransferible manera en que Arlt lo practicó, imprimiéndole su sello, identificándolo con la urbe porteña, destaca unos pocos rasgos que, al ficcionalizar el tema o los tipos descriptos, aboceta para sintetizar y sacudir al lector.
Arlt y Facio se cruzan en el Buenos Aires de la segunda y tercera década del siglo XX, cuyo mito contribuyen a fundar, cada uno a su manera. También sus biografías se tocan: ambos fueron amigos de Leónidas Barletta, el fundador del Teatro del Pueblo, al que contribuyeron, Facio como escenógrafo, Arlt con casi toda su obra teatral (sólo El fabricante de fantasmas fue estrenada, con muy mala fortuna, por una compañía comercial, la de Milagros de la Vega).
Arlt escribe sobre Facio y sus nombres coinciden, uno como ilustrador, otro como articulista, en revistas y diarios porteños: Arlt, por ejemplo, antes de pasar a El Mundo es cronista policial en Crítica, cuyo suplemento literario, Revista multicolor de los sábados, dirigido por Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat, Facio ilustra. También están en Claridad, la editorial de Antonio Zamora, que difundió varios de los libros de Arlt y en cuyas publicaciones las obras de Facio se reproducían habitualmente.
Facio y Arlt eran artistas rechazados por las instituciones estéticas y culturales. Facio y sus colegas fundaron el Salón de los Recusados en 1914, donde expusieron sus obras, que los jurados complacientes mantenían fuera de los salones oficiales, y en 1918 el Primer Salón de Independientes sin Jurados ni Premios. Arlt fue poco valorado por el mundo literario oficial. Sin perjuicio de que tanto uno como el otro obtuvieran, montados en su creatividad e indomable energía, reconocimientos en los más diversos ámbitos: Arlt gana el tercer premio municipal de literatura, La Nación le encarga a Facio un mural para su sede de la calle Florida. "Incómodo dentro de la pintura, cuyos problemas puramente plásticos son otras tantas ligaduras, vuelvo al grabado -recapitula Facio-. Grabo sin descanso durante unos años y en 1933 salgo de nuevo a la calle... Cuelgo mis grabados en los clubes, bibliotecas, locales obreros. Los llevo a las fábricas y sindicatos y organizamos conversaciones sobre arte y realidad... En todas partes destruimos un poco la creencia en el artista como hom bre superior. Desde la Isla Maciel a Mataderos, todos los barrios porteños han recibido nuestra visita. En los locales obreros, una exposición es algo cordial, algo que los espectadores esperan desde hace largos años y que sólo ahora llega hasta ellos..." Cuando expuso en un local ferroviario, relata Facio que sus obras no tenían precio marcado sino un número de orden: "Suponiendo que éste correspondía al precio, me los abonaron de acuerdo a él; eligieron el número 18, el 12 y el 6 y me abonaron 36 pesos... No quise abochornarlos poniendo en claro el asunto, ¿para qué? Me he ganado la vida siempre, desde mis primeros estudios, al margen del arte, quería conservar la absoluta libertad en mis trabajos..." En sus memorias Facio se deja llevar por la alegría de narrar y reconstruye por escrito la materia de su obra gráfica: su fascinación por el secreto que esconden esos rostros y cuerpos sucios, a veces deformes, a los que asedia, dibujándolos incansablemente, descomponiéndolos en bocetos, como un niño que desarma un juguete para entender su magia, cuerpos y rostros a los que se acerca con una caridad que no excluye la curiosidad a veces cruel y siempre insaciable. Las memorias de Facio son apuntes escritos a vuelapluma, sin corregir, sin pretensiones literarias, como comentario o desahogo de la extenuante jornada diaria (Facio era un trabajador infatigable al cual se le escurrían las horas ante el caballete o en la mesa de grabado). En la copia a carbónico de las memorias, por momentos ilegible, que se conserva en los archivos de la Academia Nacional de Bellas Artes, la puntuación es nerviosa, a veces descuidada.
¿Qué buscaba Facio en la resaca humana que recogía en la quema, en los andurriales de la ciudad? ¿Qué buscaba Arlt en los pequeros, malandras, prostitutas que frecuentaba? Al describir, en sus memorias, al primer reo que llevó a su taller, Facio señala que en una pausa de su tarea de modelo, el reo "se iba al rincón más apartado del taller, y allí tarareaba unas canciones nebulosas, tristes, de una tristeza infinita; luego quedaba profundamente meditabundo durante horas enteras, y sólo se animaba cuando veía las estrellas; muchas veces me sacaba al balcón para hablarme de las estrellas; hablaba con una animación extraordinaria, yo no entendía palabra..." Facio, en algunos desarrollos compositivos de sus obras, sobre todo en la serie de litografías Buenos Aires, elaborada en los años treinta, despliega ciertos temas (la calle Corrientes, el Paseo de Julio, la Quema, la Chacarita) con una estructura narrativa, fragmentando la obra en múltiples elementos, a la manera de un fresco o de un encadenamiento de escenas que acosan el tema central y unificador como capítulos de una saga, un procedimiento que quizá tomó de Kate Kollwitz pero que en todo caso lo acercó al vasto fresco urbano que integran las Aguafuertes porteñas y toda la obra de Arlt. Algunos de los trabajos de esa serie, por ejemplo el titulado Calle Corrientes, parecen estar pidiendo un epígrafe de Arlt, por ejemplo, éste: "íCorrientes, por la noche! Mientras las otras calles honestas duermen para despertarse a las seis de la mañana, Corrientes, la calle vagabunda, enciende a las siete de la tarde todos sus letreros luminosos, y enguirnaldada de rectángulos verdes, rojos y azules, lanza a las murallas blancas sus reflejos de azul de metileno, sus amarillos de ácido pícrico, como el glorioso desafío de un pirotécnico".
Los trabajos de la serie Buenos Aires, tienen un desarrollo lineal y se suceden sobre un eje horizontal que a veces se hace oblicuo o temático. Este tipo de composición recuerda a los cuadros de Georg Grosz, esas feroces radiografías de la Alemania prehitleriana. En Grosz, al que Facio conocía y admiraba como dibujante, hay un sarcasmo que en Facio se resuelve en una emoción ausente en la obra del artista berlinés. La descomposición de los campos narrativos tradicionales como registro del calidoscopio urbano, que Facio integró a su obra, está presente en grandes esritores que toman a la ciudad como motivo novelesco por excelencia del siglo XX: Dos Passos, Joyce, Doblin, Marechal, Arlt.
Alvaro Abós es ensayista y narrador. Es autor de la novela Restos humanos. Otro de sus libros es El cuarteto de Buenos Aires (Colihue, 1998), ensayos sobre un mítico cuarteto porteño integrado por Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Witold Gombrowicz y Juan Carlos Onetti. Su último libro publicado es Delitos ejemplares (Norma).
La obra de Guillermo Facio Hebequer se compone de óleos, aguafuertes, litografías y dibujos. Entre las revistas y diarios que ilustró se cuentan Contra, La Montaña, La Protesta, La Nación y La Prensa. Para no depender económicamente de su producción artística, Facio trabajaba en la casa de remates Bullrich. En los últimos años de su vida estuvo unido sentimentalmente a la actriz Yola Grete. Murió en Vicente López el 28 de abril de 1935. Ese mismo año se realizó una gran retrospectiva de su obra en el Concejo Deliberante. La Academia de Bellas Artes creó en 1967 un Premio de Grabado con su nombre. Su familia donó parte de su obra al Museo Eduardo Sívori.
Encontrado en: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2000-04-02/e-01011d.htm