Domingo 02 de abril de 2000
NUEVA BIOGRAFIA DE ROBERTO ARLT
En busca de las pistas falsas
La autora de "El escritor en el bosque de ladrillos" cuenta la intimidad de su trabajo de biografía, sus sorpresas, las revelaciones que fue acumulando a lo largo de su arduo y apasionante trabajo.

SYLVIA SAITTA



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De escritores y biógrafos

El escritor en el bosque de ladrillos

En agosto de 1942, Conducta, la revista del Teatro del Pueblo, dedicó su edición a Roberto Arlt, quien había muerto días antes, en una mañana de invierno, de un ataque al corazón. Su amigo, el escritor Roberto Mariani, testimonió su homenaje con una serie de reflexiones sobre los numerosos textos en los cuales Arlt había hablado de sí mismo y se regocijó al predecir "qué desastroso retrato personal de Roberto Arlt haría el futuro historiador de la literatura argentina cuando, componiendo su librote, y precediendo al juicio estrictamente crítico, utilizase esos documentos humanos de primera mano, esas confesiones directas del mismo Roberto Arlt, dándole plena fe..." Estas inteligentes predicciones de Mariani acompañaron, de alguna manera, buena parte de mi investigación sobre Roberto Arlt y funcionaron como una señal de alarma porque, efectivamente, el testimonio más engañoso de abordar en la investigación de su vida es el del propio Arlt. Porque miente, porque no dice todo lo que sabe, porque inventa datos de su historia, porque está más preocupado por la construcción de una imagen pública acorde a lo que él considera debe ser el retrato de un escritor, que por dar un testimonio verdadero de su propia biografía. Y los críticos literarios han colaborado, durante años, a la mitificación de su figura; han repetido datos que son falsos o, simplemente, le han creído. De este modo, la imagen de Arlt que ha predominado es la del escritor torturado, tan oscuro como sus personajes Remo Erdosain o Silvio Astier; la del escritor que conjuga en sí mismo marginalidad y falta de reconocimiento público, en una representación que crece y se diversifica convirtiéndolo en el escritor siempre incomprendido, nunca felizmente reconocido, cuyos valores literarios estarían más allá de una escritura desprolija, con faltas de ortografía y llena de imperfecciones.

En cualquier caso, en El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt no me propuse como objetivo prioritario corregir esos datos equivocados de su biografía, sino sobre todo interpretarlos. Porque las mentiras de Arlt, sus falsas declaraciones, tienen significado en sí mismas precisamente en tanto mentiras, ya que es en ellas donde es posible leer, como en ningún otro lado, las operaciones que Arlt realizó en la configuración de su imagen pública de escritor. Por lo tanto, y además de corregir la fecha de su nacimiento y de certificar que Arlt nació el 26 de abril de 1900 -y no el 2 de abril o el 7 de abril, como afirmó en más de una oportunidad-, o de comprobar -con cierto regocijo, lo confieso- que no es verdad, como se ufanaba en repetir, que lo echaron "por inútil" de la escuela primaria en tercer grado, me propuse un acercamiento a Arlt no tanto como un "rescate de la persona humana" sino como una dilucidación de la figura histórica cuya trayectoria implica una peculiar condensación de ciertos problemas de la sociedad y de la cultura. Porque (y a riesgo de simplificar) habría dos tipos de biografías: las que se basan en la recolección de datos y más datos, como si los datos significasen por sí solos, y aquellas que, sin obviar la importancia real que tienen los datos en la reconstrucción de una vida, intentan leer la particularidad de esa vida en el cruce de coordenadas sociales, culturales, históricas, que la exceden. Y en este sentido, me propuse pensar a Arlt como una nueva figura de intelectual, producto de la masificación y de la comercialización de la literatura y de la prensa, tensionado por las definiciones estéticas y políticas que el período que abarca su vida impuso a los intelectuales. Es por eso que diversos aspectos cruciales de su biografía se juegan en su actuación pública durante la década del treinta, momento en el cual se produjo un viraje importante dentro de su obra y de su perfil como intelectual: no sólo se vinculó de un modo más activo a los grupos de izquierda -como uno de los promotores de la Unión de Escritores Proletarios y como periodista de Bandera Roja y de Actualidad, ambos órganos del Partido Comunista Argentino- y abandonó la escritura de novelas para dedicarse a la actividad teatral en el Teatro del Pueblo, sino que realizó su primer y único viaje a Europa y buscó convertirse en cronista de unas noticias internacionales que sólo hablaban del avance de los totalitarismos, de la masacre de poblaciones enteras, de la crisis y la desaparición de viejas concepciones que ya no servían para explicar una época de guerra y de violencia.

Es en su actuación pública entonces donde Arlt se construyó frente a la mirada siempre atenta de sus contemporáneos como un escritor que apostó fuertemente no sólo a la prensa periódica sino también al periodismo cultural y político como medios eficaces de intervenir en los debates estéticos, sociales, culturales y políticos de su época. Y en esa inmediatez y fugacidad de las páginas de diarios y revistas, desde una atiborrada mesa de redacción, Arlt supo consolidar un lugar desde donde medir a su sociedad y tomarle el pulso a su tiempo, convirtiéndose así en un escritor que encontró, en la intervención cotidiana, un lugar de enunciación, una forma de vida y el espacio de reconocimiento a través del cual "una vocal y tres consonantes" se transformaron en el nombre propio que señaló un proyecto literario exitoso. De este modo, Arlt encontró un tono -plebeyo y socarrón- y una mirada -premonitoria y seductora- con los cuales reflexionar críticamente sobre su presente, y supo convertirse en el testigo de una ciudad en constante cambio, a cuyos habitantes muchas veces reflejó bajo la lente de un espejo deformante para que lograran verse mejor.

En el seguimiento de esta trayectoria como escritor y como periodista, y de sus intervenciones públicas, me propuse, por lo tanto, cuestionar la difundida imagen romántica que identifica a Arlt con los atormentados personajes de su ficción y comenzar a desmitificar la construcción de una imagen de escritor advenedizo en la literatura, poco reconocido y relegado por sus pares o por la crítica. Su itinerario profesional exhibe, matizando lo que él mismo señala, que la construcción de su figura pública como la de un escritor siempre postergado es más imaginaria que real, puesto que su fuerte visibilidad en diarios y revistas de la época, y el temprano reconocimiento de sus pares, desmienten esa versión.

Si a lo largo de su vida Arlt obtuvo un reconocimiento al que le gustaba relativizar, luego de su muerte, en cambio, la presencia de Arlt en los estudios críticos es, durante casi diez años, prácticamente inexistente. Es en la década del cincuenta cuando, a partir de la pionera biografía de Raúl Larra, Roberto Arlt, el torturado, y de las operaciones de lectura que realizaron los jóvenes de la revista Contorno (los hermanos Ismael y David Viñas, Oscar Masotta, Noé Jitrik, entre otros), la crítica literaria colocó en el centro del sistema literario argentino la narrativa de Roberto Arlt, desplazada a lo largo de una década por el mapa de lecturas propuesto por los intelectuales vinculados a la revista Sur. Desde entonces, la literatura de Arlt queda instalada definitivamente en el sistema literario argentino en un lugar que ya no será cuestionado. El escritor en el bosque de ladrillos, por consiguiente, busca ser parte de un movimiento crítico que debe a los estudios de Raúl Larra, Oscar Masotta, David Viñas, Adolfo Prieto, Noé Jitrik, Ricardo Piglia y Beatriz Sarlo no sólo un aprendizaje sino principalmente la posibilidad de pensar, desde ángulos diversos, la complejidad de una vida y de una obra literaria que todavía hoy plantean preguntas sin respuestas: cómo se modifican las relaciones de poder, de qué modo se manipulan las creencias, cómo se construye un orden social más igualitario, cómo se interviene políticamente desde la ficción o qué significa ser un escritor en medio de la desigualdad social y cultural.

El trabajo de investigación que realicé para escribir El escritor en el bosque de ladrillos no resultó ser una tarea sencilla pues al estado por momentos caótico de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional en el año 1999 (por ejemplo, que los montacargas no funcionaran durante semanas enteras; por ejemplo, que el servicio de microfilmación se suspendiera sin previo aviso) se sumó la escasez de testimonios de personas que hubieran conocido a Arlt. No obstante, la investigación me deparó también algunas agradables sorpresas: frente a la reticencia de su hija Mirta, descubrí la inmensa generosidad de su viuda, Elizabeth Shine; frente a la poca eficacia de la Biblioteca Nacional, la cooperación de la Fundación Bartolomé Hidalgo, dirigida por Washington Pereira, y del CeDinCi (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en la Argentina), dirigido por Horacio Tarcus.

En un párrafo muchas veces citado de su Evaristo Carriego, Borges advirtió que la inocente voluntad de toda biografía es la ejecución despreocupada de la paradoja de querer despertar en otros los recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero. No creo en la inocencia de El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt; sí creo, en cambio, en la voluntad de haber narrado una de las muchas historias posibles que se pueden contar sobre Roberto Arlt.

Sylvia Saítta es investigadora del Conicet y docente de la UBA. Ha publicado el libro Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920 (Sudamericana), y realizado varias compilaciones de textos de Arlt.

Encontrado en: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2000-04-02/e-00601d.htm