Domingo 02 de abril de 2000FRAGMENTO
El escritor en el bosque de ladrillos
![]()
BIOGRAFIA
De Sylvia Saítta
Con inusitado rigor, la autora sitúa a Arlt en la estética y la política de época.
Sudamericana, 2000. 325 páginas.
$ 19
No se sabe a ciencia cierta cómo Arlt se convierte en una especie de secretario sui generis de Ricardo Güiraldes. Nada, o casi nada, los vincula; pero el tosco muchacho de barrio y el refinado descendiente de estancieros comparten un lazo afectivo cuyos términos sólo ellos conocen. Lo que sí puede decirse es que en ese vínculo Arlt no puede pensar a Güiraldes sino desde las formas de la protección familiar: Güiraldes ocupa, alternativamente, el lugar de padre o de hermano mayor, y nunca el de un igual. Porque Güiraldes asume el rol de padre cuando resuelve, en alguna medida, la economía maltrecha del hijo convirtiéndolo en su secretario; cuando lee paternalmente los borradores de la novela que Arlt lleva consigo a todas partes, y también cuando corrige con paciencia su sintaxis enrevesada y un léxico exuberante. Ese lugar le otorga el privilegio de ser él quien ponga el nombre: con gesto iniciático, Güiraldes nombra a la primera novela de Roberto Arlt con un título que no le pertenecía. Si el primero, La vida puerca, advertía con mayor precisión el lugar de enunciación desde el cual Arlt se pensaba al escribir, el título El juguete rabioso señala desde afuera el lugar que a esta literatura se le asigna, detalle que no pasa inadvertido a un indignado Elías Castelnuovo que acusa a Güiraldes de ser "quien se encargó de proceder a su profilaxis con tal rigor que hasta le cambió un título claro y contundente, de proyección social, por otro bastante turbio, carente por completo de claridad y de contundencia". Sin embargo, es Güiraldes (y no Castelnuovo) quien gestiona algunas de las primeras publicaciones de Arlt. Difunde así, "El Rengo" y "El poeta parroquial", dos capítulos de la todavía denominada La vida puerca en Proa, revista de la que es director, desde agosto de 1924, juntamente con Jorge Luis Borges, Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz. Sin la mediación de Güiraldes, es impensable la presencia de Arlt en Proa, aun considerando que esta revista proponía la conformación de un frente único de artistas jóvenes cuya renovación estética se opusiera a las escuelas tradicionales de los escritores ya establecidos. Y "Arlt estaba agradecidísimo -recuerda Raúl González Tuñón-. Güiraldes venía con los papeles y le decía: Che, traigo todo hecho un barullo, tengo papeles y libros embarullados, ¿por qué no me los arreglás, eh?, así te ganás unos mangos y te quedás con nosotros y comemos juntos. De esa manera ayudó a Arlt estupendamente y con esa elegancia sutil que él tenía para todo".
A instancias también de Güiraldes, Arlt se vincula con la nueva generación de escritores en las tertulias que se desarrollan en el Majestic, de Avenida de Mayo y Talcahuano, o el Phoenix, de San Martín y Córdoba, hoteles donde Güiraldes y Adelina del Carril solían parar cuando estaban en Buenos Aires, pues pasaban muchos meses del año en la estancia La Porteña de San Antonio de Areco. A esos encuentros asisten los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón, Nicolás Olivari, Pablo Rojas Paz, Francisco Luis Bernárdez, Jorge Luis Borges, Mario Delfino; se conversa sobre el número de Martín Fierro que acaba de salir, se analiza el último libro, se discute sobre literatura y se asiste a los conciertos caseros de Güiraldes, quien solía tocar la guitarra y cantar solo o en dúo con Adelina las canciones que había escuchado en la estancia familiar. Los jóvenes le tienen un particular aprecio a este hombre bastante mayor que ellos quien, con delicado paternalismo, colabora en todos sus emprendimientos grupales y personales: "íY qué decir de su generosidad! -exclama Raúl González Tuñón-. Ayudaba con delicadeza a los poetas jóvenes, que aún no habían publicado su primer libro". En efecto, Güiraldes paga las colaboraciones en Proa, cosa inusual en ese entonces; estimula los tímidos proyectos literarios de los todavía inéditos; compra, para quienes no pueden pagarlas, las tarjetas de invitación para las comidas organizadas por Proa y Martín Fierro...Encontrado en: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2000-04-02/e-00704d.htm