Historia del barrio de Flores

LA FUNDACION DEL PUEBLO


En una antigüa casona, en la esquina Noroeste de hipólito Irigioyen y Piedras, fallecía en febrero de 1801 un prestigioso poblador del oeste que empezando casi de la nada, consiguió merced a su dedicación y constancia formarse una sólida posición económica. Se llamaba Juan Diego Flores.

Gran conocedor de la campaña bonaerense, que recorría frecuentemente a caballo, había fundado en tierras realengas de Cañuelas una estancia con grandes rebaños de vacas y caballos. Cada año se internaba en territorio indio con una tropa de carretas de su propiedad hasta las Salinas Grandes para negociar a su regreso la sal.

En 1776 este porteño descendiente de viejas familias de la ciudad, compró al fiado en un estado de total abandono y ruina una chacra en el pago de la matanza con quinientas varas de frente y una legúa de fondo, en sus orígenes merced del gobernador Hernandarias al capitán Mateo Leal de Ayala. Antigüamente esas tierras había sido afectadas a la fabricación de ladrillos y tejas, utilizados en su mayor parte para la construcción del Fuerte de Buenos Aires. Con su trabajo personal Flores les introdujo importantes mejores y consiguió valorizarlas notablemente.

A principios del siglo XIX, esta chacra constituía uno de los últimos grandes latifundios de la vencidad. Los propietarios linderos hacía tiempo que habían covertido las suyas en quintas oscilantes entre una y veinte hectáreas, y una legión de labradores con sus familias se asentó en la zona produciendo gran parte de las frutas y hortalizas que se consumían en la ciudad. La urbanización avanzaba allí en forma inexorable. El anciano Flores comprendió que él también debía iniciar la parcelación: poco antes de morir vendió una primera fracción al labrador don Antonio Millán, donación que ratificó En su testamento, por los muchos servicios que le había prestado. Falleció octogenario y lo heredaron su esposa Antonia Fuentes y un hijo adoptivo llamado Ramón Francisco Flores. Realizadas las particiones, este último que constaba entonces unos veincinco años de edad quedó finalmente como único propietario de la chacra situada a unas dos legúas hacia el oeste de la capital.

El joven Ramón se habia casado con Micaela Suárez de Hortiguera, hija de una sobrina de Juan Diego, y está unión que parece haber sido concertada por la familia terminó en un completo fracaso. No obstante el matrimonio procreó cuatro hijos: María Josefa, Tomasa, Juan Antonio y el futuro general José María Flores. Muy pronto el heredero se conectó con el administrador de las tierras de su padre y al tiempo, acuciado por apremios económicos, le planteó su firme decisión de venderlas. Millán le aconsejó aprovechar el centro de la propiedad, allí donde la atravesaba el cada vez más frecuentado Camino Real, para lotearla en pequeñas fracciones y erigir un pueblo, con lo que lograría una venta más productiva. Le comentó de paso, que con el cambio de rumbo en las últimas mensuras de la zona, sus tierras había quedado intermedias entre las del este y el oeste, apareciendo unas importantes sobras de terreno, que el joven heredero procedió de inmediato a capitalizar a su favor. De esta forma, la chacra pasó a tener sobre el Camino Real unas setescientas varas de ancho, en lugar de las quinientas que legalmente le correspondían, afectado en sus fondos una marcada forma triangular.

Por entonces, el flamante obispo Lué había iniciado una extensa visita pastoral por los alrededores, manifestanfo publicamente su pesar por la falta de asistencia religiosa de una numerosa feligresía dispersa en el campo.

El Sábado 23 de Julio de 2000, bajo la iniciativa del Instituto Histórico de la Ciudad de Bs As y la Subsecretaria de Desarrollo Cultural de la Ciudad de Bs. As, se reunieron junto a varias instituciones barriales, en la casona Marco del Pont, para organizar distintas actividades que mantengan viva la historia del barrio. La iniciativa sirvió para recordar e ir reconstruyendo el barrio desde sus comienzos, personajes famosos e importantes que nacieron y vivieron allí, recuperación de flores y árboles originales del barrio y restauración del viejo pozo de aljibe encontrado en el patio de la casona por un grupo de arqueólogos.

Entre tantas cosas, se recordó que la línea A, la primera línea de subte de la Ciudad,, se inauguro en 1913. La famosa fabrica de Jabón Federal, que representaba el gran movimiento industrial que el barrio tenia por ese entonces. Entre los recuerdos, se destacaron figuras como Juan José Paso, el padre de Bartolomé Mitre, la madre de Julio A. Roca, el vicepresidente Marcos Paz, el Dr. Pedro Goyena, el poeta Baldomero Fernández Moreno (vivió en el barrio entre 1938 al 1950 en Bilbao 2384), el escritor

Roberto Arlt (Mendes de Andes 2138), el músico Agustín Magaldi, el cantante Hugo del Carril, Rosita Melo (autora del vals "Desde el alma"), la poeta Alfonsina Storni (Terrada 578), Oliverio Girondo, la nieta de Guido Spano, Enrique Cadicamo, Juan Domingo Perón con su primera esposa, el maestro y subsecretario de Relaciones Exteriores Mariano Pelliza (Cranwell 819), el periodista Juan José de Soiza Reilly (Membrillar 95)escritor Cesar Aira, el pediatra Florencio Escardo.

 

Plaza Flores
Locomotora La Porteñita

EL PRIMER LOTEO

El primer loteo se realizo en 1806, quedando solo la traza del mismo. En 1820 comenzaron a llegar los primeros habitantes, destacándose el lugar por ser zona de chacras y quintas veraniegas. En 1924 se inauguro la Mansión Flores, que ocupa la manzana de Yerbal-Caracas-Gavilan-las vias del ferrocarril. En 1857 la llegada del ferrocarril le dio el impulso que necesitaba para convertirse rápidamente en una verdadera ciudad. En 1859 se firmo en la quinta de Juan N. Terrero, que se encontraba en la actual esq.. de Av. Rivadavia y Boyacá, el pacto San José de Flores. Cuentan que Don Terrero y Don Juan Manuel de Rosas eran amigos, por lo que Rosas pasaba varias veladas en la quinta de su amigo. También por aquellos años, en la residencia de los Unzue, se instalo Don Justo José de Urquiza para promulgar la Constitución de 1853. El primer tranvía llego en 1870 desde Plaza de Mayo, y por ultimo, el subte que arranco en 1913 llega hasta Primera Junta.

LAS CASAS MAS ANTIGUAS

En los alrededores del Camino Real hoy convertido en Av. Rivadavia, unas treinta casas históricas del barrio de Flores están ahí. Una ley de Octubre de 2000 declaro a estas treinta casas, parte del Área de Protección Histórica (A.P.H.) La casa mas antigua del barrio perteneció al Sr. Antonio Millan, cofundador del pueblo junto a Ramón Francisco Flores, en Juan B. Alberdi al 2600. Lamentablemente esta propiedad esta prácticamente destruida, a punto de ser demolida, quedando de su estructura original muy poco. La casona Marco del Pont fue construida entre 1860 y 1870 en Artigas 206, junto a la estación del ferrocarril, por el Sr.

Antonio Marco del Pont, español. En el año 1976 fue declarada Monumento Histórico Nacional, siendo conservada hasta la fecha, gracias a la actitud de los vecinos de Flores. En el pasaje La Porteña, entre Av. Rivadavia y Yerbal, donde actualmente funciona la escuela Fernando Fader, se accede desde el sótano, a unos pasadizos no abiertos al publico, que van recorriendo bajo tierra varias cuadras hasta llegar a la Iglesia San José de Flores, encontrándose en las paredes del túnel, los grilletes usados contra los esclavos. También Flores posee como patrimonio cultural, la escuela mas antigua de la ciudad, la escuela-museo Justo J. de Urquiza, en Yerbal 2370, que tiene además, una galería de arte (320 obras entre pinturas y esculturas). Allí, en 1963, Don Benito Quinquela Martín dono el primer cuadro "Hora azul en La Boca", en ocasión de apadrinar el museo existente.

SE ABREN LAS CALLES

Apenas aparecieron las primeras casas del nuevo poblado, el Cabildo porteño comisionó al regidor de policía para vigilar si se construían edificios fuera de línea, pero los vecinos hicieron caso omiso de está prohibición y en años siguientes muchas casas se erigieron indebidamente, aún en lugares de paso público. Aunque Millán había vendido la franja norte limitada por la actual calle yerbal, la planta urbana de San José de Flores se recostaba en el Camino Real y hacia el Sur estaba limitada por la ¨ruta que viene de las Cañuelas por la puerta del finado Don Juan Diego Flores para la ciudad¨, como denomina un monumento de la época a la hoy Avenida Juan Bautista Alberdi.

La primitiva chacra, cuyo límite norte era la actual avda. Alvarez Jonte, estaba atravesada por otra ruta principal que el virrey Sobremonte utilizó para huir de Buenos Aires en 1806, llamada entonces ¨Camino al Monte Castro¨, hoy Avenida Gaona. Tanto al norte como al sur del pueblo, quedaron a los Flores remanentes de tierras que Millán fue vendiendo en grandes fracciones, hasta su liquidación total. Si bien Millán abrió nuevas calles, que en el plano del pueblo de 1825 aparecen trazadas en forma muy simétrica, la realidad era otra. Las mensuras y tomas de posesión no se habían realizado con prolijidad y muchos vecinos avanzaban en terrenos que no les correspondían. Así, parte de la plaza estaba indebidamente ocupada por un particular y un camino de tierra partía de su centro hacia el norte.

En 1829, un edificio taponaba la esquina de Varela y Rivadavia..., varios vecinos habían erigido sus casas sobre la traza de ramón Falcon. Para poner fun a esta verdadera anarquía Arquitectónica, el Departamento Topográfico hizo aprobar un proyecto de nueva traza, en 1832. Rodeó al pueblo con una ancha calle de circunvalación, que servía de límite a las ¨irregularidades interiores¨y amplió el caso urbano, incluyendo dentro de las tierras de los Flores por el este, lotes de la propiedad lindera que había pèrtenecido a los herederos del escultor Isidoro Lorea. La nueva delineación de calles se marcó con mojones de madera, pero no se hizo obligatoria su apertura, pués se esperaba que en un futuro los propios vecinos demolieran los edificios mal colocados. Y así ocurrió en la parte sur del pueblo, que era la más poblada y subdividida. Al norte, en cambio, subsistieron hasta la segunda mitad del siglo pasado extensas quintas indivisas que sufrieron grandes daños en las guerras civiles y llegaron durante el sitio de Lagos a desvalorizarse notablemente.

Para 1856 la situación se había revertido. La población urbana había crecido notablemente y la municipalidad local consideró llegado el momento de abrir las calles al norte de Rivadavia como estaba programado, ante la opinión contraria de los propietarios afectados. Las reacciones fueron airadas alegándose entre otros argumentos ¨la inseguridad en que vamos a quedar con nuestras familias e intereses en medio de calles abiertas por todos lados¨. Los propietarios habían realizados cuantiosas inversiones en la zona. Los jardines de la señora Inés Indarte de Dorrego diseñados y cuidados por jardineros franceses, constituían un ejemplo atractivo del pueblo. Demás está decir que está señora movió todas sus influencias para neutralizar estas medidas, sus ocho hectáreas de costosas arboledas y parque iban a ser divididas y atravesadas por cinco nuevas calles. Los recursos de amparo demoraron cinco años la efectividad de la medida hasta que en julio de 1861, agotados los medios legales y pacíficos, la municipalidad derribó los cercos y abrió por la fuerza las vías programadas. Así terminó el proceso de urbanización iniciado por Antonio Millán y propuesto por el Departamento Topográfico.

Todas las calles interiores recibieron por primera vez sus nombres en sesión de la municipalidad local del 26 de febrero de 1870.

LA CONSTRUCCION DE LA IGLESIA

En noviembre de 1806, los propios vecinos comenzaron por su cuenta a levantar la primera capilla sobre la actual calle Rivera Indarte con frente hacia el este. Era una construcción precaria, ergida con materiales muy mezquinos, con techos de paja sostenidos por tirantes de palmera. Al poco tiempo comenzó a mostrar filtraciones de agüa y graves rajaduras en sus paredes, con lo que amenazaba desplomarse sobre feligreses.

El primer párroco que se hizo oficialmente cargo del curato en 1808, Miguel García, debió abocarse con urgencia a reedificarlo todo. Era un egresado de las universidades de Córdoba y Chuquisaca, de una cultura poco común para la época. Con los años llegó a ser presidente de la Legislatura y más tarde, rector de la universidad de Buenos Aires.

Para poder edificar un templo más sólido y duradero, García no dejó propietario sin visitar, consiguiendo lo que muchos consideraban casi imposible, sacarle en donación al propio Ramón Francisco Flores doce mil ladrillos de primera calidad. Bien poco pudo hacer con el escaso dinero así obtenido, su feligresía era muy pobre y sus sucesores heredaron un templo a medio construir.

Fueron ellos los padres Manuel José de Warnes, José Ignacio Grela y Nicolás Herrera.

Este último llegó a la parroquia en 1824. Para entonces la capilla resultaba pequeña y los vecinos del pueblo, no obstante las cuatro misas del domingo quedaba fuera sufriendo los rigores del sol o las inclemencias del frío. Herrera introdujó importantes reformas y se encargó de embellecer las iglesia con nuevas imágenes, colocando en el centro del altar mayor la del patrono San José, talla de notable calidad, obra del escultor Isidoro Lorea.

Por primera vez los vecinos pudieron escuchar música sacra proveniente de un pequeño órgano de construcción local, para el que se habilitó un nuevo coro de madera. Muchas de estas mejoras como la pintura, el dorado de los altares, las verjas, los cuadros, las campanas o los postes en el atrio para que los paisanos pudieran los domingos amarrar sus cabalgaduras se hicieron con generosas donaciones de vecinos de la capital, que por ese entonces ya comenzaban a edificar sus casas de descanso en el pueblo.

Contrariamente a sus antecesores, que militaron en forma activa en el partido federal, Herrera manifestó ingenuamente su simpatía por los unitarios y se solidarizó en 1829 con la revolución de Lavalle, lo que motivó su remoción del curatoal año siguiente. Nombrado más tarde capellán de la cárcel, los federales lo dejaron cesante en 1835, disgusto que provocó su muerte el 7 de diciembre de ese año.

En febrero de 1830 lo había sucedido en Flores el doctor Martín Boneo. El nuevo párroco dedicó sus esfuerzos a dos proyectos prioritarios: edificar una nueva iglesia y erradicar el pqueño cementerio lindero trasladándolo a un lugar más amplio y menos urbanizado. En solo dos meses consiguió Boneo entusiasmar a los vecinos, que apoyaron sus propuestas abriendo una suscripción pública en todo el partido. El juez de paz resolvió destinar los importes de las multas a los contraventores y los feligreses más humildes ofrecieron su trabajo personal, cal, leña, pan, adobes y pequeñas sumas de dinero.

Todos coincidían en la necesidad de erigir una iglesia más acorde con las necesidades del vecindario y la importancia que iba adquiriendo el pueblo. Pero poco habría podido hacer Boneo sin la ayuda de los poderosos, así no vaciló en nombrar síndicos de la obra a los terratenientes Juan N. Terrero y Luis Dorrego y poco después obtuvo algo más importante: la solidaridad del gobernador Juan Manuel de Rosas, a quien nombró padrino del templo y quien jugaría un papel decisivo para su concreción.

Detrás de Rosas siguió toda la sociedad porteña que rivalizó en donaciones de diverso género para la nueva iglesia, desde dinero hasta ladrillos, rejas, verjas, puertas de cedro, manteles, alfonmbras o implementos de culto. Entre ellos encontramos los nombres de Encarnación Ezcurra y su hermana María Josefa, Manuel Vicente Maza, Lucio Mansilla, angel Pacheco, Juan José Paso, José Rondeau, Gregorio perdriel, Gervasio Rosas, Juan José de Anchorena y otros.

El afamado ingeniero Felipe Senillosa, autor de los planos, tomó con agrado la dirección de la obra en forma totalmente gratuita. La iglesia se inauguró el 11 de diciembre de 1831 con grandes festejos populares que se prolongaron durante toda la semana. Lo consagró el obispo Medrano con la presencia del gobernador rosas y ofreció la primera misa el doctor José María Terrero, aunque todavía faltaba terminar el pórtico y la segunda torre, que se concluyeron en 1833.

Iglesia San José de Flores (1841)

PERSONAJES

* Oliverio GIRONDO: Nació en 1891 en una casona de la calle Lavalle (hoy la Av. 9 de Julio). De chico viajo a Francia donde estudio en Londres y Arcueil. Como anécdota, se cuenta que un día, un maestro francés hablo mal de los argentinos, y Oliverio le tiro con un tintero. En 1956 publico "En la masmedula", su obra mas famosa. En 1943 se caso con la escritora Norah Lange, viviendo en una casa de la calle Suipacha, hoy Museo Fernández Blanco.
* Roberto ARLT: Nació el 02 de Abril de 1900, en 1926 publico "El juguete rabioso" , siguió con "Aguafuertes porteñas", "Los siete locos" en 1929 y "Los lanzallamas" en 1931.
* Baldomero FERNÁNDEZ MORENO: Nació en 1886 y en 1938 llego a Flores. Una vez recibido de medico se fue a vivir a Chascomus, conociendo a Dalmira Lopez Osornio. Murió a los 64 años de un infarto. Entre sus obras mas conocidas figura "Setenta balcones y ninguna flor"..
* Alfonsina STORNI: Nació el 29 de Mayo de 1892 en Suiza, a los 4 años llego a Argentina. De adolescente fue obrera y actriz al mismo tiempo, de joven fue madre soltera, de adulta quiso implantar la educación sexual obligatoria en las escuelas. En 1916 su obra "La inquietud rosa" fue el comienzo de una meteórica carrera literaria que la elevo a la categoría de mito. En 1936 le diagnosticaron cáncer de mamas, dos años después, en Mar del Plata, fue a la playa y se dejo tragar por el mar. Horas antes había escrito su ultimo soneto, "Voy a dormir".
* Florencio ESCARDO: Fue el pediatra mas renombrado y respetado de la medicina argentina. A los 22 años ya tenia escrito "Siluetas desconocidas" y trabajaba en el Hospital de Niños. Revoluciono la pediatría y entre sus actitudes mas descollantes, se subraya su proposición de que los niños sean internados con sus respectivas madres, cosa que no sucedía. Murió a los 88 años, atendiendo su consultorio durante 10 hs diarias.
* Cesar AIRA: Nació en Cnel. Pringles y desde 1967 vive en Flores, tiene editada una treintena de novelas desde "Ema, la cautiva".
* Alejandro DOLINA: Nació en Morse, criándose en Caseros. En la década del 70 escribió "Crónicas del Ángel Gris", donde este Angel Gris ilustrado en un gran mural en la Estación Flores del ferrocarril. En 1986 comienza en radio "Demasiado tarde para lagrimas", alrededor de 1996 largo la secuela "La venganza será terrible".
* Juan Jose de SOIZA REILLY: Nacio en Concordia (Entre Rios) en 1880, su libro "Cien hombres celebres" fue un éxito total. En 1907 fue corresponsal en Europa de Caras y Caretas.

Casa de Baldomero Fernandez
Casa de Roberto Arlt
Casa Marcó del Pont

Flores desde la federalización al Centenario

Con la revolución de 1880 y la federalización de Buenos Aires se incrementaron los proyectos de expandir la capital; ese mismo año se propuso incorporarle unas 1200 manzanas de la provincia. Buenos Aires necesitaba crecer y como el Riachuelo se consideraba un escollo insalvable, para hacerlo sólo podía expandirse hacia el norte y el oeste.

En esa época, Flores conservaba un aire de pueblo de provincia muy particular; escasos habitantes, calles de campo, casas bajas con patios abiertos y floridos que permitían una calidad de vida desconocida en la gran ciudad.

Había perdido su mayor extensión de territorio en 1856 al crearse con su cuartel 3º y otras tierras el partido de Belgrano y el censo de 1881 demostró una baja tasa de crecimiento demográfico.
Las 210 hectáreas de su zona urbana contaban con 5806 habitantes, mientras todo el partido alcanzaba apenas a las 12211 personas de las cuales 7557 eran argentinos y 4654 extranjeros, predominando entre estos últimos los italianos y vascos.

Los proyectos de anexarlo junto con Belgrano a la capital, demorados durante varios años, se concretaron en 1887 después de un acuerdo con la Legislatura de la provincia; la efectiva anexión tuvo lugar al año siguiente. El 14 de febrero de 1888 su último intendente Enrique S. Quintana, entregaba el edificio de la municipalidad local, mientras una comisión estudiaba su situación financiera.

El territorio de Flores era extenso, alejado del centro, con grandes espacios verdes y problemas específicos. Su admiración sobrepaso muy pronto las posibilidades del municipio de la capital. Una licitación para empedrar caminos y calles no halló interesados; se alegaban los grandes costos de transporte de materiales a lugares tan alejados.

Así fue como en diciembre de 1890 se resolvió crear la Subintendencia de Flores, dependiente de la municipalidad de la capital, que se estableció en un edificio de Fray Cayetano 65, frente a la plaza. Entre 1891 y 1895 el destacado vecino Victorino Luna se desempeño como subintendente; fue reemplazado ese año por Don Arturo C. Ponce, quien conservó el cargo hasta su jubilación en 1905.

Ponce encaró importantes obras de modernización, como la pavimentación de calles, especialmente de las cuatro avenidas de Circunvalación. Tanto en avellaneda como en Carabobo se construyeron plazoletas centrales adornadas de árboles. Otro de sus grandes logros fue la instalación del alumbrado eléctrico, iniciado tres modestas lamparillas en la plaza y en la puerta del edificio municipal, alimentadas por un pequeño dínamo. Más tarde consiguió erigir la Usina Eléctrica de Flores, que funcionó en Ramón L. Falcón entre Culpina y Lafuente hasta junio de 1909, cuando la Compañía Transatlántica Alemana de Electricidad se hizo cargo del servicio. En este local remodelado se inauguró en octubre de 1910 el mercado Municipal Coronel Falcón.

La plaza también fue embellecida; en un solo día se talaron los añosos paraísos que sobre Rivadavia obstaculizaban el paso y se construyó una ancha vereda que otorgaba mayor perspectiva al templo. Un párrafo aparte merecen todos los intentos de urbanizar el bañado, tarea que llevaría largas décadas destacándose en este sentido la actividad de las sociedades locales de fomento.

En 1902 con un servicio de cañerías que abarcaba un radio limitado a 60 usurarios, se inauguraron las aguas corrientes, pero los vecinos no manifestaron mayor interés en el nuevo servicio. En 1910 se debió intimar bajo pena de 50 pesos de multa su instalación en forma general, amenazándose además realizar de oficio las conexiones correspondientes.

La anexión a la capital había traído algunos problemas de adaptación; así se cambio la numeración de Rivadavia continuando la del municipio de la capital y se modificaron los nombres de sus calles que repetían otros de la ciudad. Está última tarea se inicio con la extensa nómina contenida en la Ordenanza del 27 de noviembre de 1893.

Los cementerios del pueblo

Un terreno lindero con la capilla nueva del sur, con frente a la actual Rivera Indarte, se habilitó en 1807 como cementerio y el 2 de septiembre se realizó la primera inhumación.

Enterratorio humilde y pequeño, desde entonces y, durante mucho tiempo, sólo se utilizaba para sepultar negros esclavos y alguno que otro vecino pobre; no obstante, allí se depositaron los cadáveres de Tomás Grigera y Antonio Millán, fundadores de Lomas de Zamora y San José de Flores respectivamente.

Ubicado en el centro del poblado, a metros del Camino Real, el cementerio creaba una situación molesta a los vecinos, agravada con el aumento de la población. En 1830 el Gobierno ordenó a la autoridad eclesiástica su remoción.

El nuevo párroco, doctor Martín Boneo, abocado a esta tarea, consiguió que los herederos de Norberto Quirno y Esteban Villanueva que, mantenían un litigio sobre tierras en la zona, se pusieran de acuerdo para donar una fracción por la parte del sur, "a proporcionada distancia de la población", con 32 metros de frente y 68 de fondo. Allí se edificó una sala para depósito y un osario, aislado del vecindario por una pared de ladrillo. Se lo bendijo el 20 de septiembre de 1832 y ocupaba la manzana limitada por las actuales Varela, Culpina, Remedios y Tandil.

Reservado exclusivamente para católicos, este cementerio tuvo que ampliarse al doble en 1850,pero una década después era difícil encontrar espacio libre para nuevas inhumaciones.

Un terreno lindero se había destinado para sepultar a los protestantes y disidentes, pero en 1865 la municipalidad local decidió secularizarlo abriéndolo a toda clase de personas. La iglesia se reservó, sin embargo, el derecho de inscribir las defunciones de los católicos en los libros parroquiales, situación que se prolongó hasta la sanción de la ley de Registro Civil.

La urbanización había avanzado mientras tanto en forma tal, que no existía más espacio para ampliaciones y se propusieron varios campos para su traslado, casi todos en la zona sur del pueblo y hasta se pensó en comprar al gobierno de la provincia, tierras en la Chacarita de los Colegiales. Por último se aprobó erigirlo en terrenos de propiedad del estado que, en una zona alta y lindera con el bañado, arrendaba el antiguo juez de paz Isidro Silva. Convenientemente nivelados y mensurados, se habilitaron como cementerio en septiembre de 1871.

Colmada su capacidad, el antiguo fue clausurado a partir del 1* de enero de 1872; previamente se dispuso entregar espacios en el nuevo cementerio para quienes desearan trasladar allí los restos de sus deudos. Y así lo realizaron muchas familias importantes, como la de Ramón Francisco Flores y la de Antonio Millán. Los restos de éste último reposan hoy en la bóveda de su hija, doña Tomasa Millán de Pereyra.

A unos cien metros al frente de la puerta principal, aislada del resto, se destaca la blanca bóveda de la familia Flores. Ella tiene una interesante historia, en 1867 se presentaron a la municipalidad local los herederos de Flores solicitando comprar un terreno en el cementerio nuevo para albergar los restos del general José María Flores y de otros miembros de su familia. Don Gervasio Castro, presidente entonces de esa corporación, propuso a los municipales que tratándose de los descendientes del fundador del pueblo, quién "había hecho donación de varios terrenos, como eran para plaza, corrales, etc., y cuyos recomendables antecedentes son notorios en el partido" , se les cediera gratis el terreno que pedían.

Luego de un arduo debate, se aprobó la cesión de un pequeño espacio de tres varas de frente por tres de fondo "de los terrenos que se hallan desocupados, el cual serviría para los que falleciesen de sus familias". Asombra hoy tanta mezquindad en una municipalidad rica como era entonces la del partido y más asombró a los Flores, quienes luego de haber recorrido los sitios sobrantes, se mostraron disconformes. Pretendían, con razón, que si se les hacía donación de un terreno, éste fuera sobre la calle principal, como correspondía al fundador y benefactor del pueblo.

Dicen las actas municipales que ello motivó "una larga discusión" entre los funcionarios.
Finalmente, decidieron concederles el solar que pretendían, pero a su vez, en compensación, comprometieron a los Flores a edificar allí una bóveda de gran valor "para mayor adorno del cementerio".

Así surgió el actual sepulcro que ostenta en lo alto la fecha 1868 y debajo, sobre la puerta de entrada, la siguiente inscripción: "AQUÍ YACEN LOS RESTOS MORTALES DE LA FAMILIA FLORES, FUNDADORES DE ESTE PUEBLO".

El actual cementerio, con una capilla habilitada para el culto, se amplió y remodeló en varias oportunidades. Ocupa hoy una superficie de once hectáreas.

El sitio de Lagos y la Convención de Flores

Producido el triunfo de Caseros, los vecinos de Flores vieron pasar el desbande de las derrotadas tropas federales y a continuación los batallones del Ejército Libertador. Algunas propiedades del partido fueron asaltadas en esta ocasión y en el cementerio del pueblo se inhumaron varias víctimas de la batalla. Pronto llegaron las noticias del vergonzoso saqueo de Buenos Aires.

Vuelven los emigrados y al poco tiempo se enfrentan con las ideas del General Urquiza, oponiendo las prerrogativas de la provincia frente a los intereses de la Confederación. Una vez retirado el caudillo entrerriano se produce la revolución unitaria del 11 de setiembre de 1852 y la Legislatura porteña rechaza el acuerdo de San Nicolás.

La reacción federal no se hace esperar. El coronel Hilario Lagos lanza una proclama al ejército y pueblo de la campaña, de arraigada tradición rosista y avanza con sus tropas sobre la ciudad rebelde y le pone sitio. Establece su cuartel general en Flores, en la abandonada chacra de los Olivera (hoy parque Avellaneda), lugar donde se improvisa también un hospital de campaña. Mientras tanto, sus tropas cortan los accesos norte y sur y la escuadra bloquea el puerto.

Luego de varias escaramuzas, en vísperas de la Navidad de 1852 se logró gestionar una primera misión de paz. El obispo Escalada junto a Lorenzo Torres, Felipe Lavallol y Domingo Olivera iniciaron un viaje a Flores, pero el desastroso estado del camino real, los obligó a detenerse en El Caballito, la afamada propiedad de don Carlos Naón. En ese lugar se alojaron y llevaron a cabo estériles tratativas de arreglo.

Pocos días después las tropas federales derrotaron en San Gregorio al coronel Pedro Rosas y Belgrano, quien fue conducido a Flores y alojado en la casa de Inés Indarte de Dorrego. El hijo del general Belgrano fue juzgado por un tribunal militar reunido en la quinta de Léxica (hoy parque Rivadavia). Ante la posibilidad de su condena a muerte, intervinieron amigos y parientes, entre ellos su media hermana Manuela Mónica y el coronel Lagos consiguió salvarle la vida: le dieron por cárcel el pueblo de Flores. En agradecimiento, Rosas y Belgrano lo nombró padrino de su pequeño hijo recién nacido, que fue bautizado en la iglesia de San José.

Mientras tanto, con una imprenta adquirida en Montevideo, el ejército sitiador comenzó a publicar "El Federal Argentino", primer diario editado en Flores, del que alcanzaron a salir 32 números, aunque eran escasas la noticias de interés local. Este periódico se limitaba en su mayor parte a reproducir decretos y notas oficiales y el primer número vio la luz el 20 de febrero de 1853.

Mientras se libraban pequeños combates en las zonas limítrofes del partido con la ciudad y las tratativas de paz no alcanzaban nada positivo, una comisión integrada por Facundo Zuviría, Luis de la Peña y Pedro Ferré llegaba a Flores el 28 de febrero precediendo al propio general Urquiza. Este último entró en el pueblo el 26 de marzo y recibido por una banda de música fue acompañado por un numeroso público de vecinos entusiastas que lo escoltaron hasta el cuartel general de Lagos. Poco después se organizó un lucido baile en su honor que tuvo lugar en la quinta de Terrero (esquina noreste de Rivadavia y Boyacá).

El 24 de mayo Lagos recibía de manos de Salvador María del Carril, Martín Zapata y José Benjamín Gorostiaga, comisionados del Congreso Constituyente de Santa Fe, la Constitución Nacional recién aprobada. Al día siguiente Urquiza, en San José de Flores, la promulga para todo el país desde su residencia en la quinta de Unzué (Rivadavia entre Pumacahua y Carabobo)

Por su parte, considerando que en Santa Fe no hubo ninguna representación de Buenos Aires, Lagos decidió convocar a una Convención Constituyente en Flores para discutir este documento. Se realizaron elecciones en la campaña y se desplegó una gran actividad en el pueblo, donde el prestigioso vecino Isidro Silva fue elegido representante por la primera sección de campaña.

La convención de Flores quedó instalada oficialmente el 30 de Junio en la casa de Justa Villisac de Rodríguez (esquina noroeste de Rivadavia y Bolivia), pero no llegó a tratar la Constitución y las leyes que le fueron sometidas. El 5 de julio se reunió por última vez, en razón de haberse precipitado la situación política de la ciudad.

En efecto, un insólito hecho asombró primero e indignó después al ejército sitiador: la escuadra que al mando del almirante Coe bloqueaba Buenos Aires desde el río fue entregada a los porteños por una suma de dinero. El 15 de junio de 1853, el general Urquiza lanzó desde Flores una proclama dando cuenta del grave suceso, a la que siguió otra del coronel Lagos dirigida a los habitantes de la provincia.

Esta situación provocó el desaliento total de los sitiadores y fue la nota iniciadle la espantosa deserción que sobrevendría poco tiempo después. Ello obligó a firmar la base de un acuerdo con los porteños, el 1º de julio de 1853. Fue entonces cuando las tropas de la Confederación abandonaron la provincia y comenzó para Buenos Aires una etapa de segregación que sólo podría ser superada varios años más tarde.

Mientras tanto, en su residencia de la quinta de Unzué, Urquiza firmaba en presencia de los representantes de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, el tratado de libre navegación de nuestros ríos de la Plata, Paraná y Uruguay. Este documento, suscripto el 10 de julio, fue considerado lesivo para los intereses de Buenos Aires y rechazado por los porteños.

Levantado el sitio, Urquiza partió para su provincia natal y nuevas autoridades se hicieron cargo del Juzgado de Paz de Flores. Muchos antiguos vecinos pudieron volver a sus quintas cercanas al pueblo. El gobernador Obligado, por su parte, entregó en donación a las iglesias de Flores, Morón y a la Tablada del Norte las mesas, sillas y demás muebles de la Sala de Representantes local.

Encontrado en: http://www.barriodeflores.com/historia.html