Roberto Arlt inédito
Aguafuertes uruguayas y otras páginas de Roberto Arlt,
recopilación y prólogo Omar Borré.
Montevideo. Lectores de Banda Oriental, 1996, 83 págs.
En 1926 (el año de El juguete rabioso) Roberto Arlt comenzó a colaborar con la revista Don Goyo. Pertenecía ésta al grupo Editorial de Sud América, que llevaba ya años publicando El Hogar; poco después fundará el diario El Mundo: en él Arlt daría a conocer, a partir de 1928, sus célebres "Aguafuertes porteñas". A principios de 1930 la revista lo envió de viaje por Latinoamérica con la misión de escribir notas sobre los países que visitara. Arlt sale rumbo a Montevideo, luego se dirige a Rio de Janeiro. Allí se entera de que ha obtenido el tercer. premio municipal por Los siete locos y regresa a Buenos Aires.
Omar Borré, investigador argentino que hace años trabaja sobre la obra de Arlt, exhuma las notas publicadas en Don Goyo; y reúne en este libro las que Arlt escribe a propósito de su viaje a Uruguay (1930) más algunas otras datadas en 1926. Llama la atención que, de las 18 notas que se dice que escribió a propósito de esa visita, se seleccionen 15 (y se publiquen 14). A esta altura la difusión de los inéditos de Arlt interesa más allá de la calidad, sobre todo cuando forman parte de un conjunto que ha sido investigado exhaustivamente. ¿Cuándo se conocerán esas cuatro notas omitidas, si no es en las aún lejanas Obras Completas?
De primar una cuestión de calidad, tal vez el rigor debiera haber alcanzado a otros artículos de esta serie. Seamos claros: 1) Arlt no estaba nada convencido del viaje que iba a realizar. Si primero se muestra muy entusiasta, inmediatamente después comienza a extrañar Buenos Aires antes de irse. 2) Arlt no es un buen cronista en el sentido más vulgar del término. Las "Aguafuertes porteñas" son el producto de un profundo vivir una ciudad; hay en ellas una intensidad, una intimidad y un conocimiento elaborados en situaciones y personajes típicos entre los que se cuela el autor. Todo ese mundo es sometido a una reivindicación permanente y alcanza una comunicación excepcional. Nada de eso pudo hacer con Montevideo. Arlt no es, en el sentido lato, "un buen observador": por lo tanto, no ve Montevideo. Recorre un poco y busca lo que con otra dimensión ya ha encontrado en su ciudad: al alacraneo, la haraganería, el tirarse a muerto Lamentablemente sin gracia. Pasea por el Cerro y escribe dos notas que se superponen. Visita el bajo sin mayor rendimiento. Mira con curiosidad un tablado y algo atisba del sentido del carnaval. Luego se enoja con los taxistas, con los comerciantes que estafan al turista y con el cónsul argentino que no quiere visarle el pasaporte. Como eso es todo, el resultado es franciscano. En las notas "uruguayas" sólo es bueno cuando se despreocupa de la circunstancia y hace lo suyo: fabular sobre los lugares comunes. El lector de este libro puede comparar esos trabajos con los de 1926 y verá que éstos (con una excepción) son nítidamente mejores. Finalmente, 3) Su regreso intempestivo cuando el viaje recién comenzaba puede entenderse como un fracaso. Aquellas promesas que Arlt había hecho en Buenos Aires de meterse en los recovecos de los lugares y pulsar lo inédito naufragaron en Montevideo. Es probable que Arlt descubriera que la de viajero no era su ve Reiteremos: todo eso para nada invalida la tarea de edición; los fanáticos del autor nos abalanzamos igual sobre el libro. La obra de Arlt, altos y bajos, merece ser conocida. Ello no impide que los lectores orientales hubiéramos deseado mejor suerte al ser tocados por la pluma de unos de los grandes escritores de nuestro siglo.
Encontrado en: http://www.brecha.com.uy/numeros/n539/6150.html