Diario Hoy, 2 de abril de 2000
A cien años del nacimiento de Roberto Arlt
La imborrable huella de un escritor genial
Nadie supo nunca por qué, pero Roberto Arlt se empecinó siempre en firmar sus primeros textos como Roberto Godofredo Christophersen Arlt. Lo cierto es que Roberto Arlt, a secas, nació hace un siglo en una humilde casa de la calle La Piedad (actual Bartolomé Mitre) al 600, cerca de donde está hoy la plaza que lleva su nombre.
Fue el 2 o el 26 de abril de 1900 -según las versiones- , fruto del amor entre la triestina Catalina Iopztraibizer y el prusiano Karl Arlt, dos inmigrantes que mezclaban en la suya sangre polaca, prusiana y acaso italiana, la misma que heredó su segundo hijo, el futuro escritor y periodista, autor de Los siete locos. Aunque él afirmaba que había nacido el 7 de abril. “Lo que sucede es que tenía mucha fe en los horóscopos, y quería ser del signo de Aries; detestaba el de Tauro”, confiesa Elisabeth Shine, su viuda.Sus primeros conocimientos los adquirió en el colegio primario ubicado en la calle Paramaribo, y a los 16 años se fue de su casa, porque ya no toleraba la violencia casi sádica de su padre. Nadie pudo precisar en qué pensiones vivió -pobremente- entre 1916 y 1920, año en el que se traslada a Córdoba para realizar la conscripción, y casarse con Carmen Antinucci, con quien tuvo una hija llamada Mirtha.
“Era un hombre tierno y violento a la vez, como sus personajes”, confiesa Elisabeth, que vive en un geriátrico de Villa Devoto.
De regreso en Buenos Aires, comenzó a frecuentar a los escritores del grupo de Boedo, como Leónidas Barletta y Elías Castelnuovo.
Aprendiz de mil oficios, fue capaz de inventar un matasellos fechador y una máquina para prensar ladrillos que ya estaban inventadas.
En 1926 publica El juguete rabioso, cuyo titulo original fue “La vida puerca”, y donde queda plasmada su obsesión por la muerte. “Algún día moriré y los trenes seguirán caminando, y la gente irá al teatro como siempre, y yo estaré bien muerto, bien muerto... muerto para toda la vida... ¡Ah, si pudiera descubrir algo para no morir nunca, vivir aunque fueran quinientos años!”, se torturaba Silvio Astier.
La reedición de sus obras, a partir de la década del ‘50, permitió actualizar y valorar al autor de las Aguafuertes porteñas, publicadas en el diario El Mundo, o Los Lanzallamas. Antes había colaborado como cronista en la sección de policiales de Crítica.
“Roberto siempre tenía proyectos, pero los abandonaba enseguida. Salvo su entusiasmo por inventar medias eternas para las mujeres. Hasta unas horas antes de su muerte soñaba con este invento que, según él, lo iba a enriquecer”, cuenta Shine.
En 1929 publicó Los siete locos. Fantástico, secretamente irónico, fue considerado un texto fundamental de la literatura argentina varias décadas después.
Arlt murió de un infarto un frío 26 de julio de 1942. Cumpliendo su pedido, sus restos fueron cremados y sus cenizas esparcidas sobre un río del Delta. “Me he inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra, unas puras cenizas”, había escrito en una de sus Aguafuertes Porteñas.
Una obsesión que quedó inconclusa
A tono con los sueños científicos del escritor, en 1934, Arlt patenta un procedimiento de su invención para fabricar medias cuyos puntos no se corran, “con punteras y talón reforzado con caucho o derivados”, solía explicar a quien quisiese escucharlo.Como su personaje Erdosain de “Los siete locos”, Arlt persigue su rosa de cobre y pone sus ilusiones en esas medias que pueden llgar a sacarlo de las penurias económicas -permanentes compañeras en su sacrificada existencia- y le permitirán escribir en paz.
Confiado, le escribe a su hija Mirta: “Tendrán que usar mis medias o andar sin medias en invierno. No hay disyuntivas”.
Decide instalar, junto con el actor Pascual Naccarati, un pequeño laboratorio en Lanús, donde, entre otros artefactos, un autoclave, un barómetro y una pierna de duraluminio, dan cuenta que los socios decidieron explotar el invento del escritor.
Las primeras medias que salen del autoclave -en 1942-, no responden a las expectativas; Arlt decide continuar en el intento, convencido de su validez, pero la muerte lo sorprende y todo queda en la nada.
Un vida llena de sinuosidadesNace el 26 de abril de 1900 en la calle Piedad (actual Bartolomé Mitre) al 600. A los dos años su familia se muda a Flores. Cursó parte de la primaria en el colegio de Fragata Sarmiento 610. A los 16 años se fue de su casa, sin que pueda precisarse en qué pensiones vivió. Hasta 1924 estuvo en Córdoba, donde hizo la conscripción. Allí se casó con Carmen Antinucci. Ese mismo año nació su hija Mirtha y regresó a Buenos Aires. En 1926 publica El Juguete Rabioso. En 1927 ingresa a trabajar como periodista en el diario Crítica, en la sección policiales. Un año después comenzó a trabajar en el diario El Mundo, donde escribe sus Aguafuertes porteñas. En 1929 publica Los siete locos, considerado un texto fundamental de la literatura argentina recién en los ‘50. En 1940 se casó con Elisabeth Shine, empleada de la editorial Haynes. El 26 de julio de 1942 murió de un ataque al corazón en una pensión del barrio de Belgrano. Su cadáver fue cremado y sus cenizas arrojadas en el Delta.
Diario Hoy, 2 de abril de 2000
Encontrado en: http://hoy.eplatenses.com.ar/2000/04/02/