Clarín, Miércoles 09 de setiembre de 1998
UN ESCRITOR CUYA OBRA SIGUE ESTANDO VIVA La vigencia de Roberto Arlt
Mientras en teatro se está representando El Pecado Que No Se Puede Nombrar, inspirada en sus textos, mañana se estrena una adaptación cinematográfica actualizada de El Juguete Rabioso.
MABEL ITZCOVICH
Era un lugar desmantelado, con revoque caído. La compañía teatral tiritaba de frío", describió Arlt el ámbito del Teatro del Pueblo, de la Diagonal Norte, cuando visitó como periodista ese bastión histórico del teatro independiente donde luego estrenaría buena parte de su producción escénica.
No imaginaba entonces que en sus últimos diez años abandonaría la novela, tras El amor brujo, de 1932, estimulado por el estreno ese mismo año de Trescientos millones, que dirigió el fundador del teatro, el legendario Leónidas Barletta.
Arlt, que se internó en la aventura teatral en forma instintiva con el patrimonio de su imaginación y su desborde narrativo, pensaba que había encontrado en ese medio la posibilidad de llegar a un público masivo, y estaba fascinado por la cercanía de los espectadores y las posibilidades de corporizar en el escenario sus propios fantasmas.
Integran su obra, además, las novelas El juguete rabioso, Los siete locos y su continuación, Los lanzallamas, el volumen de cuentos El jorobadito y piezas teatrales como Saverio el cruel, El fabricante de fantasmas y La isla desierta.
En Trescientos millones, que ha subido mucho a escena y también fue llevada a la pantalla, Arlt parte de un hecho policial, el del suicidio de una muchacha que, como Erdosain, el humillado de Los siete locos o Silvio Astier, el joven protagonista de El juguete rabioso, resultan verdaderos arquetipos.
Este último es un personaje tan subyugante como algunos de André Gide o Salinger; un muchacho al borde del precipicio cuyos problemas sociales no están vistos como una aberración ajena, sino desde adentro. Sus obras oscilan entre la farsa y el grotesco, el expresionismo y el absurdo, pero Arlt llega allí desde el realismo.
Si el teatro primero, y luego el cine, han recurrido a ellas, es por su contenido dramático: desafían la realidad en busca de verdades rotundas, sufren cambios explosivos, proponen sueños delirantes que permiten sortear la estrechez y la mediocridad a la que están encadenadas las vidas de sus protagonistas.
Los personajes arltianos, cuyas almas atormentadas recibieron inspiración, según reconoció el autor, de obras de pintores como Goya, El Greco, Durero, Brueghel -donde ronda la muerte y la locura- son sin embargo muy porteños. Esta es una de las claves de su vigencia, a más de medio siglo de distancia: la de responder al tiempo, formar parte de un proceso vivo, actualizado.
Encontrado en: http://www.clarin.com.ar/diario/98-09-09/c-00501d.htm