Música
Arlt llega al Colón

"Saverio el cruel", compuesta por Fernando González Casellas, es la primera ópera que explora el mundo alucinado del gran autor argentino.


El nombre de Roberto Arlt, vinculado al periodismo y las letras argentinas de una manera entrañable fue objeto de ineludible interés por la cinematografía, además del teatro profesional.

La puesta en escena de sus obras teatrales tuvo intérpretes de excepción del mundo real y alucinado de sus personajes y la cinematografía dio cuenta objetiva de ello, con nombres de cineastas inolvidables.

Pero hasta ahora nadie se sintió tan fuertemente atraído por ese mundo y la personalidad de su creador como para transportarlos a la escena musical.

A pesar de la supuesta correspondencia de las artes sutilmente de tanto en tanto por algún espíritu crítico afinado el salto a la escena musical, es algo más arduo que el de la ficción a la literatura dramática;requiere por empezar la silenciosa y atenta labor de un lector inteligente suficientemente apasionado paraconvertir al lenguaje sonoro las tensiones internas del "drama de la persona" que se debate en cada uno de los caracteres.

Al conversar con el compositor Fernando González Casellas, es fácil advertir los rasgos de una personalidad tan avezada en las letras como en la música, un observador lúcido de épocas, autores y compositores, y sobre todo de los cambios acontecidos en los sesenta años que nos separan de la obra de Arlt.

González Casellas mantiene aun poco antes del estreno el asombro de "ver" la obra realizada en escena. "Una cosa es ver la partitura terminada. Pero esto me parece mentira" -dice- tomando quizás la voz de muchos compositores argentinos que no tuvieron similar fortuna y esperan ser estrenados.

-¿Cómo surgió el interés por Arlt?

- Mi interés por la pieza comenzó, fácilmente hace treinta y cinco años atrás. Yo he leído las novelas de Arlt y empecé a leer su teatro y me entusiasmó la pieza. Arlt me interesa por la manera como refleja delirios que son muy humanos y también, por supuesto, por lo que quiere significar con sus obras.

- Su producción abarca una gran variedad de géneros, pero no la ópera...

-Siempre deseé hacer una ópera; aun antes de saber cómo, me pareció que "Saverio..." era la obra indicada por el tema Es mi única ópera y espero que no sea la última... Otra posibilidad era "La isla desierta", con la cual también comencé a trabajar en al mismo tiempo que con "Saverio" .

-¿Como resolvió el problema del libreto?

-Bueno ...ese era el problema. Cómo hacer para meter mano en el libreto. Por entonces era yo mucho más modesto que ahora. Consideraba que no debía hacerlo. Pero tuve la suerte de consultarlo al doctor Raúl Castagnino, quien había sido mi profesor de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras. Entonces le propuse la tarea. Pero él me aconsejó que debía hacerlo yo mismo. De esto que le refiero, pasaron unos treinta años... Hasta que un día me decidí.

- Pero usted contaba con una obra de teatro...

-¡Claro! Esa era mi ventaja: no tener que depender de un libretista. Ya tenía la obra hecha. También me atrajeron las posibilidades musicales de sus distintas escenas. Pero la cuestión era adaptarlo a la realización operística. Es decir, cortar... Nos decidimos a seguir el conocido consejo que da Mozart en una de sus cartas, en materia de libretos operísticos.

-¿Cuándo surgió la posibilidad de ofrecerla en el Colón?

-Fue mientras componía el primer acto, hace unos tres años. El entonces director, Sergio Renán mostró su interés en la ópera para incluirla en la programación de este año; porque "Saverio" le interesaba y porque mis colegas compositores se la habían recomendado. Me sugirió realizar una obra de no más de dos horas. Es por eso que resolví cortar aun más el desarrollo de la obra. Quedó así el esquema esencial de l libreto.

-¿Qué duración y cuántos actos tiene la ópera?

-Tiene dos actos y la duración es de una hora cuarenta minutos, más o menos. El segundo y el tercer actos quedaron fundidos en uno. Dejé el primero como era, y acorté los dos siguientes, especialmente la escena de la fiesta del tercer acto. El segundo acto era más difícil de acortar porque era toda la historia de Saverio. Después trabajé ocho años en la ópera; por supuesto no exclusivamente. Son contemporáneas de la composición de "Saverio", la "Sinfonía II para la América perdida", que mereció el premio de la Fundación Vicente Emilio Sojo, de Venezuela, en 1990, los Madrigales Americanos (2da. serie), y obras para piano.

Héctor Coda

Saverio se mira en el espejo cruel de la tentación totalitaria

Vigencia: a 60 años de su estreno, este clásico de Roberto Arlt conserva todo su modo renovador de entender a la locura.

Suele pasar: lo que comienza como una broma inocente puede terminar teñido con la sangre de la tragedia. Así ocurre con la farsa que Susana y sus secuaces le montan a Saverio. El oscuro vendedor de manteca se hará cargo del papel que le asignan este grupo de jóvenes pudientes, pero el juego terminará asimilado a los pliegues mortíferos de un gran delirio.

Estrenada en 1936 en el Teatro del Pueblo, "Saverio el cruel" fue un mojón en el trabajo compartido por Roberto Arlt y el director Leónidas Barletta, pope de popes del teatro independiente, en una tarea conjunta que se había iniciado cuatro años antes con la puesta de "Trescientos millones".

Fue una colaboración fecunda pero no exenta de contradicciones. En la versión original de "Saverio el cruel", la representación era abierta por un enfermero. Sarcásticamente, ese personaje le informaba al público que iba a dar comienzo una función desarrollada en un hospital psiquiátrico. Por sugerencia de Barletta, ese efecto de distanciamiento fue borrado.

Así, el director bajó en decibeles un estilo dramatúrgico que ponía una fuerte cuña en los moldes predominantemente realistas de la escena de esa época.

La pretensión de Barletta, según parece, fue subrayar la impunidad de las clases acomodadas para gozar cruelmente de los sectores menos pudientes. Pero es difícil pensar que esa lectura, fuertemente influida por el determinismo del socialismo real, haya sido capaz de diluir toda la riqueza conceptual y hasta renovadora del mundo de Arlt.

A Saverio, un ser insignificante, le proponen componer un personaje sangriento y cruel, a los fines de una supuesta acción caritativa. El oscuro pelele se hará cargo de esa ficción hasta sus últimas consecuencias. Como se dice ahora, se la cree. Pero no tiene el perfil del clásico loquito furioso. Es, al menos en apariencias, uno más tratando de sobrevivir en la gran ciudad, perdido en las penunbras de su cuarto de pensión.

Espejismos de la locura

Así y todo, el delirio irrumpirá frondosamente. Pero las humillaciones recibidas -parece decirnos Arlt- son razones necesarias pero no suficientes para que Saverio haga el pasaje a otra escena abismal, la de un mundo fantástico donde él se erige en un tirano capaz de emular a un Hitler o a un Mussolini. En el fondo de la cuestión está, entonces, una compulsión, común a todos los seres humanos, por zambullirse de cabeza en espejismos totalitarios.

Al autor tampoco se le escapa que esa misma atracción fatal es la que permite la formación de masas enceguecidas por los cantos de sirena de los fantoches sanguinarios. De ese modo, los amigos de Susana, cómplices de la celada, entran en el juego sin sospechar siquiera cuál es la verdad de la situación de la muchacha ni hasta dónde pueden llegar la farsa.

A sesenta años de su estreno, "Saverio el cruel" conserva toda su vigencia y ahí está para probarlo el auge irrefrenable de las sectas electrónicas, uno de los tantos ejemplos que abundan en estos tiempos saturados de formas sofisticadas de alienación.

Pablo Zunino

http://www.lanacion.com.ar/96/12/05/S01.HTM

LA NACION | 05/12/1996 | Página | Espectáculos

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