Clarín, Sábado 11 de diciembre de 1999

CULTURA: UN CLASICO DE LA LITERATURA ARGENTINA
Los "locos" de Arlt cumplen setenta años

La novela de Roberto Arlt se publicó en la primavera de 1929. Su vigencia es estremecedora

ALBERTO GONZALEZ TORO


El farmacéutico Ergueta le pregunta a Erdosain: "¿Quiénes van a hacer la revolución social sino los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? ¿O te creés que la revolución la van a hacer los cagatintas y los tenderos?". Tal vez aquí resida una de las claves del éxito perdurable de Los siete locos, la novela de Robert Arlt publicada por primera vez en la primavera de 1929, hace setenta años.

Hijo de inmigrantes pobres, Roberto Arlt no terminó la escuela primaria y supo desde su adolescencia que el trabajo "no enriquece". Durante toda su vida soñó hacer fortuna con algún invento genial, así como su personaje más inolvidable, Remo Augusto Erdosain, aspira a metalizar una rosa. Desdichado empleado de clase media baja, Erdosain deambula por el Barrio Norte, admirando los lujosos edificios, con porteros y sirvientas, desde donde salen doncellas hermosas y puras.

Humillado por su insolvencia, abandonado por su mujer, Erdosain siente que la angustia le corroe el alma. "Los hombres están tan tristes que tienen necesidad de ser humillados por alguien", reflexiona. Simple cobrador en una empresa azucarera, Erdosain decide robarle a sus patrones seiscientos pesos "con siete centavos". Cuando lo descubren, su desdicha aumenta y su humillación también.

El libro fue escrito entre 1928 y principios de 1929. Había terminado en la Argentina el plácido gobierno de Marcelo Torcuato de Alvear, y la crisis del capitalismo mundial llegaría pronto a estas playas: el golpe militar del 6 de septiembre de 1930 abriría paso a una década nefasta.

En ese contexto, "su obra se puede leer como una profecía: más que reflejar la realidad, sus libros han terminado por cifrar su forma futura", sostiene el ensayista y también escritor Ricardo Piglia. Los "locos" que se reúnen para conspirar en la quinta del Astrólogo, ¿no prenuncian, acaso, algunos delirios de los 70? La sociedad secreta que concibe el Astrólogo quiere subvertir el orden y crear un mundo distinto, que "no sé si será bolchevique o fascista". Para financiar la aventura, los integrantes de la secta de Temperley esperan contar con los ingresos que, piensan, les proporcionará una cadena de prostíbulos. Un proxeneta, el ex profesor de matemáticas Arturo Haffner -el Rufián Melancólico-, ha puesto a disposición de la sociedad secreta a varias de sus pupilas. Haffner no cree en la revolución ni en nada, pero el aburrimiento lo ha llevado a participar del proyecto.

Con su traje gastado, su camisa descolorida de tanto lavado y su corbata deshilachada, Erdosain va a ver al farmacéutico Ergueta para pedirle el dinero que ha robado y que prometió devolver al "otro día". Cuando escucha el ruego de su amigo, Ergueta contesta con la ya célebre frase de la literatura argentina: "Rajá, turrito, rajá".

Dinero y ansias de poder recorren constantemente la novela. Y la falta de Dios y la angustia existencial, que está más allá de las tribulaciones de una clase. Para Arlt, el sufrimiento es inherente al ser humano. Es su "sustancia". El Mal, además, está siempre presente, como una forma de autodestrucción. Y el sexo es lo contrario de la búsqueda de la pureza; como un San Pablo, Erdosain puede decir: "Antes de casarme, yo pensaba con horror en la fornicación. En mi concepto, un hombre no se casaba sino para estar siempre junto a su mujer y gozar la alegría de verse a todas horas; y hablarse, quererse con los ojos, con las palabras y las sonrisas".

El cronista que cuenta la historia, apunta: "El ya no tenía ninguna esperanza, y su miedo de vivir se hacía más poderoso cuando pensaba que jamás tendría ilusiones, cuando obstinadamente fijos los ojos en un rincón de la estancia, reconocía que le era indiferente trabajar de lavaplatos en una fonda o de criado en un prostíbulo".

El Astrólogo, mientras tanto, da rienda suelta a su delirio:" Este es un país de bestias. Hay que fusilar. Es lo indispensable. Sólo sembrando el terror nos respetarán. El hombre es así de cobarde".

Escribe el crítico Oscar Masotta: "Los personajes de Arlt no intentan poner una bomba al mundo de los de arriba, sino erigirse en verdugos de los de abajo". El humillado humilla a quienes están peor que él en la escala social. Y en su degradación siente una especie de feroz placer.

Creador de la novela moderna en la Argentina, "Arlt comprueba a cada rato que él y sus personajes están dejados de la mano de Dios", dice David Viñas, que considera que Arlt y Domingo Faustino Sarmiento son "las dos únicas figuras de la literatura argentina a las que se puede llamar geniales hasta por las contradicciones y arbitrariedades".enial, ácrata, nihilista, ácido crítico de la sociedad burguesa, existencialista antes que Camus, buscador de Dios, moralista a ultranza, sarcástico, desdichado, Roberto Arlt tiene plena vigencia. Los siete locos es un clásico. Es probable que su cualidad profética nos depare más delirios, más angustia y humillación.


Los personajes

La primera edición de Los siete locos (Editorial Latina, 1929) constaba de mil ejemplares. Arlt no precisa nunca quiénes son los locos del título, pero el siete es un número cabalístico que debe haber entusiasmado a un hombre seducido por las ciencias ocultas. Entre ellos, sin dudas, se cuentan: Remo Augusto Erdosain. Cobrador en una compañía azucarera. Angustiado, se pregunta constantemente por el sentido de la vida. Es abandonado por su mujer, Elsa, quien no soporta su "locura". El Astrólogo. Vive en una quinta de Temperley. Está convencido de que la mentira es la base de la sociedad, y con citas de Lenin y Mussolini sueña con un mundo dirigido por la ciencia y la tecnología. Predica la violencia, y piensa financiar su aventura con la instalación de una cadena de prostíbulos. Arturo Haffner, el Rufián Melancólico. Ex profesor de matemáticas, explota en su beneficio el trabajo de varias prostitutas, a quienes suele golpear por "aburrimiento". El Buscador de Oro. Dice haber encontrado mucho oro en la Patagonia. Siempre usa revólver. Hasta los 14 años vivió en el campo. Vive con temor de contraer la tuberculosis. El Mayor. Tiene la misión de "infiltrarse" en los cuarteles. "Nuestro Ejército está minado de oficiales descontentos", dice. Y agrega- anticipándose al golpe militar de 1930-: "Nuestro país podría ser terreno próspero para una dictadura".

Encontrado en: http://www.clarin.com.ar/diario/99-12-11/e-07401d.htm