El Tribuno.com.ar Salta, miércoles 26 de abril de 2000
A cien años de su nacimiento
Arlt, trágico y genial
Por Miguel Espejo
El autor nació hace exactamente cien años, en Buenos Aires, el 26 de abril de 1900, y murió en la misma ciudad, a los cuarenta y dos años, víctima de un paro cardíaco. Roberto Arlt es uno de los pocos escritores de este siglo que ha dejado una leyenda tras suyo, y su obra tiene una significación que rebasa el exclusivo campo literario.
Fue principalmente narrador, pero también un importante creador de obras de teatro, ejerciendo el periodismo en distintas publicaciones: Crítica, El Mundo (donde publicara sus famosas Aguafuertes porteñas), El Hogar y Cuento Argentino. Hacia los veinte años parte a Córdoba, para alejarse de su familia, en la cual se lo privó "de esa primera posibilidad que tiene el ser humano de expresar su afectividad" (Mirta Arlt). Allí conoce y se casa con Carmen Antinucci, que sería su esposa durante prácticamente toda la vida, madre además de su única hija.En 1925, después de fracasar en los negocios, se instala en Buenos Aires, adonde llega con su manuscrito El juguete rabioso, rechazado por distintas editoriales y al fin publicado, en 1926, gracias a las gestiones de Ricardo Güiraldes, de quien Arlt se había hecho amigo y del cual fue secretario durante algunos meses de 1925. De esta obra se ha dicho que es "el nacimiento de la novela moderna argentina" (Luis Gregorich) y que es su texto más autobiográfico. Dividida en cuatro capítulos, relata la vida del protagonista, Silvio Astier, influido en su niñez por la lectura de folletines y luego partícipe de una banda de ladronzuelos. Se describe después el trabajo y la explotación del adolescente y su intento por ingresar a la Escuela Militar de Aviación, donde es rechazado por "inteligente". El capítulo final narra la traición a un amigo y la delación cuando éste está a punto de cometer un robo.
En 1929 se publica la más célebre de sus novelas, Los siete locos, completada en 1931 por Los lanzallamas, que deben considerarse un solo texto dividido en dos partes. Pese a sus notorias deficiencias estilísticas y a su apresurada redacción, "la novela se afirma en un poderoso hálito creador, y convence como el primer intento logrado en la narrativa argentina por superar las pautas del realismo naturalista o del mero realismo descriptivo" (Adolfo Prieto). Próximo el primero de los títulos a Los siete ahorcados de Andreiev, lo que revela claramente una de sus herencias, las novelas relatan la conspiración delirante de un grupo de anarquistas dispuestos a tomar el poder por cualquier medio, incluida la formación de una red prostibularia. Erdosain, su principal personaje, estafa primero a la compañía donde trabaja, se asocia al grupo, asesina a su ocasional amante y se suicida. Inventor frustrado, este personaje revela una de las facetas del propio Arlt, quien a partir de una formación autodidáctica había incursionado en algunos inventos derivados de la química. Esta reputación de inventor nos llega hasta hoy intacta.
El resto de su obra narrativa está compuesto por otra novela, El amor brujo (1932), inferior en sus logros y de escasa eficacia argumental; por sus cuentos reunidos en El jorobadito (1933); por otros que agrupara en El criador de gorilas (Chile, 1941) y por su relato Viaje terrible, del mismo año. Las Aguafuertes porteñas (1933) son crónicas en el marco de una gran ciudad, que en ocasiones lindan con el relato y fueron seguidas por Aguafuertes españolas (1936), escritas a raíz del viaje, como corresponsal de El Mundo, a un país que estaba al borde de la guerra civil.
Coincidiendo con la publicación de Los lanzallamas y con una adaptación de un capítulo de Los siete locos, Roberto Arlt descubre el mundo teatral, al cual se dedicará en adelante de un modo casi exclusivo, incitado por Leónidas Barletta, para quien escribe en 1932 la obra Trescientos millones. En el Teatro del Pueblo se representaría la mayoría de sus obras: Saverio el cruel (1936), La isla desierta (1938) y Africa (1938). Bastante anterior es La fiesta del hierro (1932), a la que hay que agregar El fabricante de fantasmas (1936) y El desierto entra en la ciudad, que no alcanzara a terminar, y que fuera estrenada después de su muerte, como un homenaje de sus amigos. Otros bocetos teatrales son: Prueba de amor ("irrepresentable ante personas honestas", según palabras del propio autor) y Separación feroz (1938). Trescientos millones es "una pieza sorprendente por la originalidad de su temática y el sentido moderno de su desenvolvimiento escénico, donde realidad y sueño se entremezclan y confunden con raro equilibrio". Lo cierto es que entre la primera obra y la última "se traza un panorama que documenta el talento dramático de Arlt", afirmó Luis Ordaz.
Después de su muerte, la obra de Roberto Arlt fue adquiriendo una dimensión que no tenía en vida del autor. A partir de 1950 se emprende la edición de las Obras de Roberto Arlt (9 volúmenes) y, en este marco, se publica algún material que no había sido recogido en libro. En 1960 aparecen Nuevas aguafuertes porteñas, con prólogo de Pedro Orgambide. En 1963 se publican, en tres volúmenes, Novelas completas y cuentos, prologado por su hija Mirta y se renuevan los estudios consagrados al examen de su obra y al lugar específico del autor dentro de nuestra literatura. En dicho prólogo, su hija señala: "Roberto Arlt ha dejado dentro de la literatura argentina estas novelas extrañas, donde se reconoce Buenos Aires, pero un Buenos Aires visto por alguien que pertenece a un mundo diferente y cuyas raíces se hunden en la fantasía." No se pueden negar ni el carácter original del mundo inventado por el escritor ni su manera de potenciar elementos que, en principio, provienen de la realidad cotidiana y social. El primer libro dedicado al autor fue escrito por Raúl Larra, Roberto Arlt, el torturado (1950), donde efectúa un análisis más social que literario. Posteriormente, numerosos trabajos críticos y muchos ensayos se han consagrado a uno de los escasos escritores centrales de la literatura argentina, cuya significación se ha proyectado hasta nuestros días, por medio de nuevos narradores que sintieron el influjo de Arlt. Por el contrario, Borges se negó siempre a reconocer su talento narrativo, afirmando en variadas ocasiones que era "un mal escritor". Ricardo Piglia se ha valido de esta oposición para efectuar un corte en el trazado de la producción literaria argentina, donde el binomio Borges/Arlt se ofrece como dos maneras antagónicas de situarse ante la literatura.
Encontrado en: http://www.eltribuno.com.ar/anteriores/2000/4/26/nac3.htm