Roberto Arlt
300 Millones
Cuadro Segundo - Escena Tercera
GALÁN-SIRVIENTA
(La sirvienta se mece en la hamaca)
Galán: (De pie junto a la hamaca) señorita... señorita...
Sirvienta:¡Ah! Es usted...
Galán: Si, soy yo... soy yo
(La sirvienta lo mira un instante y luego resuelve seguir el juego de la comedia amorosa)
Sirvienta: ¡Ah!...es usted...es usted...
Galán: ¿Me permite decirle que la amo?
Sirvienta: (con dulzura irónica) ¿No podría decírmelo de otra manera?
Galán: ¿Por qué?
Sirvienta: Porque de esa manera se me han declarado varios dependientes de tienda, farmacia y panadería.
Galán: ¡Oh, no me compare!... Usted desea que yo sea un escogido.
Sirvienta: Sí... un poco más expresivo
Galán: ¿Quiere que me arrodille?
Sirvienta: ¡Oh!... No es viejo y, además, se le mancharían los pantalones.
Galán: ¿Entonces quiere que finja el Galán melancólico?
Sirvienta: ¡Hombre, qué duro de entender es usted! Si yo fuera hombre me vendría por detrás de la hamaca y, besándola fuertemente a la muchacha que quiera, le diría despacito: "te quiero mucho... mucho"
Galán: ¡Oh! Entonces lo que usted pide es un procedimiento de novela alemana...
Sirvienta: (Terminante) No he leído nunca novelas alemanas. He leído "Rocambole", que es bien largo... cuarenta tomos... y nada más.
(El Galán calla y retrocede; la sirvienta cierra los ojos y el Galán, acercándose de puntillas, la toma por los maxilares y la besa en la boca)
Galán:Te quiero mucho... mucho...
Sirvienta: (Con displiscencia) No está del todo mal... Yo también, dueño mío
(Se siente a la distancia el rugido del león arenero)
Sirvienta: ¡El león!...
Galán: Ruge de amor...
Sirvienta: Igual que en el jardín zoológico.
Galán: ¿Dónde queda eso?
Sirvienta: Allá... en Buenos Aires... Pero, hablando de todo un poco... ¿Así que usted me ama?
Galán: La amo desde que la vi en el comedor. Y me juré interiormente que si usted me daba su mano la haría mi esposa ante Dios y los hombres.
Sirvienta: ¿Por qué no habla de otra manera? Si yo fuera hombre me declararía en otra forma...
Galán: (Malhumorado) ¿Puede decirme qué papel hago yo aquí? ¿Soy yo o es usted la que se tiene que declarar?
Sirvienta: ¡No se enoje, hombre!... Pero usted es bastante estúpido como galán. ¿A quién se le ocurre decirle a una mujer: ¡Te amo! Eso se dice en el teatro; en la realidad se procede de otra manera. En la realidad, cuando un hombre desea a una mujer, trata de engañarla. Lo creía más inteligente. A nosotras las mujeres nos gustan los desfachatados...
Galán: Hay que vivir para ver... y creer...
Sirvienta: Sea positivo. Yo soy una mujer positiva como todas las mujeres. Y a las mujeres no les gustan los prólogos en el amor. No, señor galán, convénzase usted. (imperativa) Le voy a dar una lección. Siéntese en esa hamaca.
(El Galán se sienta; la Sirvienta retrocede, luego se acerca inclinándose sobre él)
Sirvienta: Bueno, haga de cuenta que yo soy el hombre y usted la mujer. (Dice en voz muy dulce) Niña... me gustaría estar como un gatito en tu regazo. (Se inclina bien sobre el hombre) Quisiera que me convirtieras en tu esclavo. Quisiera encallanarme por vos... Bueno, ahora haga usted lo que quiera, pero compréndame.
(El Galán deja su asiento; lo ocupa la sirvienta)
Galán: ¿No se dá cuenta que una persona decente no puede hacer eso?
Sirvienta: Si seguimos en ese tren no terminamos más: Aquí no se trata de pedirle un certificado de buena conducta, sino de que proceda como a mi me gusta. Usted es... Yo tengo tresciento millones.
Galan: Es que yo nunca tropecé con uma mujer como usted
Sirvienta: ¡Qué hombre éste!... ¡Qué Adolfo!...
Galán: ¡Oh!¡ Usted sabe que me llamo Adolfo! ¡Oh! ¡Usted pronunció mi nombre! ¡Oh! ¡Puedo morir tranquilo!
Sirvienta: En efecto, nada se perdería si usted reventara... pero ¿Por qué quiere morir joven?
Galan: Mi vida se desenvuelve bajo un signo fatal. Me persigue el homicida amor de una gitana...
Sirvienta: ¡Joróbese, por sonso!...
Galán: (Iracundo) Esto es imposible... usted me echa a perder los efectos.
Sirvienta: Cálmese; le voy a seguir el juego (Haciendo gestos de primera actriz) ¿Cómo... tú me eres infiel?
Galán: No le he correspondido nunca... pero ella me sigue a través de montañas y de mares...
Sirvienta: (Cariñosa) Chiquito, cuánta novelería...
Galán:Es una mujer fatal
Sirvienta: Chiquito..., las mujeres fatales solo se encuentran en el cine. Nosotros nos casamos y sanseacabó la mujer fatal.
Galán: no tengo dinero para casarme, además, un galán que se casa es ridículo y hace reir a las mujeres a quienes engañó y con quienes no se casó.
Sirvienta: Me gustas y te compro.Tengo trescientos millones.
Galán: (rascándose la cabeza) la suma es respetable ¡trescientos millones! ¿Pero qué dirá ella, que atravesó montes y mares?...
Sirvienta: ¡Qué duro de entender que es usted! observe que mares y montañas son una mentira para darle un poquito de poesía a mi sueño. Aquí, la única que sueño, soy yo, nadie más que yo.
Galán: me arrodillo entonces...
Sirvienta: (Malhumorada) haga lo que quiera. (Aparte) Este hombre es un perfecto imbécil como todos los galanes...
Galán: (Declaratorio) Recorrió los mares y las montañas.
Sirvienta: Y los bosques ¿dónde los deja?...
Galán: (Por su cuenta) Yo miraba una mujer... miraba a otra y ninguna me gustaba. (La Sirvienta lo mira y menea la cabeza consternada ante el latoso) Y me decía: "¿por qué ninguna doncella me ama? ¿Por qué ninguna jovencita corre a mi encuentro y me estrecha contra su pecho?... ¿Por qué las ciudades no se derrumban cuando paso y los gobernadores no me coronan de flores... y el cordero no come pasto junto al león, ni el león juega con el cabrito, si mi corazón está repleto de amor?..."
Sirvienta:Eso es interesante.
Galán: (Pensativamente) ¡Qué se cree que no se pensar por mi cuenta! ¡Claro que he pensado!
El papel de galán es simultáneamente ridículo y dramático. Ya ve, usted y yo estamos aquí con el mar al frente y todavía no nos hemos dado un beso sincero.
Sirvienta: ¿Y a usted le gustaría besarme?
Galan: Me gustaría quererla, a pesar de su carácter endiablado.
Sirvienta: (Cavilosamente) ¿Querer?...
Galan: Sí, me gustaría quererla mucho, aunque usted no me quisiera, y humillarme ante usted como un perro.
Sirvienta: ¿Por qué humillarse?...
Galán: (Con repentina angustia en la voz) No sé... pero hay mujeres que nos producen ese efecto. Primero las tratamos irónicamente..., es como si tuviéramos la sensación que podemos azotarlas... y de pronto esa sensación se nos rompe y en el corazón nos queda el dulce deseo de ser humillados, por esa mujer, sufrir...
Sirvienta: Es muy lindo lo que dice usted. Siéntese a mi lado. (El Galán se sienta) Nosotras sentimos también esa sensación: que nos conquiste un hombre que de una sola mirada nos haga temblar... y que nos pegue... y que nos bese... ¿por qué no me besa ahora?... Me gustaría que me besara.
Galan: No tengo ganas de besarla. (Se levanta y va hasta la pasarela de la nave) El mar..., la luna..., el corazón del hombre es más cambiante que el mar...
Sirvienta: ¿es cierto lo de la gitana?
Galán: ¿Para qué me pregunta eso?
Sirvienta: Es que nosotros estamos enamorados; de algo tenemos que hablar.
Galán: ¿Nos engañamos mutuamente entonces?
Sirvienta:¿Y si no nos engañamos ni mentimos?...
Galan: Tendremos que decir enormidades...
Sirvienta: Dígalas.
Galan: Bueno... Me revientan todas las mujeres, empezando por usted. Me revientan la forma como besan..., la comedia que hacen... Me revientan porque todo el placer que proporcionan no valen los copetines que se beben a costa de uno (Súbita transición) Perdóneme..., me olvidaba que estaba haciendo el papel de Galán...
Sirvienta: ¿Y por qué me pidió un beso antes?
Galan: Por pedirlo... Un galán está siempre obligado a pedir besos como un boxeador a dar trompadas. Es el " metier".
Sirvienta: Usted es un cínico... (Amablemente).
Galan: Es el único elogio que me encanta. Sí, soy cínico y desvergonzado y, además, me gusta serlo. En cuanto dejo de ser desvergonzado se me oprime el corazón... me ataca el asma. Voy por el mundo haciendo comedia. Conozco los mil gestos que hay que dibujar para engañar a una tonta; la sonrisa diluída, la mirada sombría y en el fondo de mí mismo la burla hacia la inconsistencia humana. A veces estudio una pareja de enamorados, y en la expresión de ella me doy cuenta qué sistema usará para avinagrarle la vida a su marido, así como en la fisonomía de él descubro los minutos que durará su fidelidad...
Sirvienta: ¿Y cuáles son las mujeres que le gustan a usted?
Galan: Las bien vestidas. No importa que sean feas. Entre una mujer fea bien vestida y una linda, honestamente trajeada, me quedo con la fea. La mujer no es nada más que un vestido... una piel y un sombrero...
Sirvienta: Me gusta y lo compro a...
Galan: Usted tiene trescientos millones y yo me vendo...
Sirvienta: Perfectamente. Trato hecho. Allí viene el capitán y Azucena; anúncieles nuestro compromiso.
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