Clarín, Domingo 02 de abril de 2000EL LUGAR DE LA RELIGION EN SU OBRA
Una lengua cifradaSagradas escrituras, rituales esotéricos, inventos delirantes y fanatismo son las claves de "Los siete locos" y "Los lanzallamas", textos que se leen como una suerte de tratado de la búsqueda de Dios.
LUIS GUSMAN
Toda literatura tiene su Raskolnikov. Esos personajes universales que después de cometer un delito son arrasados por las cavilaciones de su conciencia. El personaje creado por Dostoievski vaga por San Petersburgo y encuentra un "doble" en el personaje de Arlt, que deambula por Buenos Aires tomado por los dobleces de su conciencia. Es como si ante determinados actos -el crimen de Raskolnikov, el robo de Erdosain- el personaje quedara arrojado a un vagar perpetuo. Como en los Caprichos de Goya, el lector podría figurarse cómo los razonamientos de la conciencia engendran monstruos que revolotean alrededor de la cabeza del enfermo atormentado, al que no consiguen extraerle la piedra de la locura. Esos hombres detenidos por su pensamiento y fascinados por la acción se han puesto en movimiento por algo que los excede.
Después de su pequeño fraude, para Erdosain se construye una zona de angustia, una ciudad al ras del suelo que se representa gráficamente como la salina o el desierto. Esto quiere decir que en Arlt, según el título de su obra de teatro, el desierto entra en la ciudad. Es decir, la angustia. Se podría establecer una diferencia con los personajes dostoievskianos: si bien ambos son desesperados, los locos bíblicos de Arlt están más inmersos en el delirio.
El símil del desierto como figura no implica sólo la huida de la angustia sino, también, de la civilización. Símil, que en el discurso del buscador de oro alcanza la figura de una utopía negativa. Y por esa anticipación alucinada de nuestra época que a veces encontramos en la obra de Arlt, el tópico del desierto -a partir de la lógica de las sectas- articula la oposición entre la ciudad como lugar de alienación y el desierto como espacio de felicidad.
Pero en su deambular Erdosain no está solo sino que viaja acompañado por un doble, producto de los desdoblamientos de su conciencia. Un doble físico, no un doble del alma. Como Rimbaud, él hace suya la frase: "Yo soy otro". A partir de este desdoblamiento, se encuentra en sus tribulaciones con distintos personajes que funcionan como alter ego. Fantasmas que tienen una sombra carnal, sombras de sombras. Porque si Ergueta delira con el mito del regreso de Cristo a la tierra, tanto el Astrólogo como Erdosain piensan que los dioses existen. Pero ¿cómo pasar de ese plural cósmico -cuando se formula la idea de los dioses hay una referencia explícita a los planetas y a la tierra- a un dios personal y, para colmo, a un dios vivo? En Los siete locos, como en Los lanzallamas, hay un fanatismo que suele llamarse religioso: se trata de individuos atravesados por teorías más o menos espurias, desde el superhombre nietzscheano a Krishnamurti. Esas épocas bíblicas de la cultura en que, como bien las define Ergueta en su delirio místico, todos los discursos residuales conviven entre sí.
La religión y la ciencia son los tópicos de estos personajes que, como los locos de pueblo, siempre tienen alguna teoría sobre el universo. Hasta se podría decir que los diálogos dramáticos entre los personajes son ficticios o casi de comedia, ya que en verdad viven aislados y se reúnen en la sociedad secreta porque no conversan entre ellos sino que intercambian teorías. Hablan con símiles, parábolas, versículos de la Biblia. Son intérpretes, hermeneutas que hablan un lenguaje cifrado: han llegado los tiempos en que todos descifran los misterios de la Biblia. Como si el único lenguaje diferente fuese el de la angustia física de Erdosain, como si la angustia no fuera traducible a todos los dialectos hermenéuticos que impone la novela.
Los siete locos se sitúan en relación con Dios y el pecado. Erdosain pasa de sentirse un dios a romper el lazo con Dios por ser un pecador. Cada uno de los personajes establece su contacto personal con Dios. A Ergueta, en la revelación se le revela el Hijo del Hombre que le permite el acceso al conocimiento divino.
El discurso del Astrólogo aparece como más ecléctico. Su argumentación se vuelve cínica y oportunista merced a una dialéctica de los opuestos. La muchedumbre ha asesinado a los dioses descreyendo de ellos, y un día clamará por un Dios. En su fe y en su niesztchismo conviven la teoría del superhombre y cierta fascinación por los dioses. Báscula entre un dios y los dioses, sólo pretende inventar un mito que sustituya a otro.
El dios vivo adquiere la forma de un monstruo, elástico, indescifrable. Pero en boca del Astrólogo, el dios se transforma en dios del dinero y en su discurso retoma la figura del dios vivo homologándola al dinero y al poder. Pero, en realidad, pareciera que el dios vivo es el mito a inventar en una época en que los mitos escasean, no así la mistificación, plasmada en la creación de un joven efebo que representa la comedia de la llegada del Mesías. Y la humanidad adorará el dios vivo inventado por el Astrólogo.
En Los siete locos todos son inventores. El Astrólogo tiene la convicción de que hay que inventar un mito y hace del capitalismo la nueva religión. Así como el futurismo hizo del capitalismo tecnológico una estética, en este caso se trata de reinstalar nuevamente una religión: la del capital. Los únicos que le pueden devolver a la humanidad el paraíso perdido son dioses de carne y hueso: Rockefeller, Morgan, Ford, y en su poder se recrea la idea de un dios creador. El Dios vivo inventado es el capital, ya que el hombre necesita adorar o creer en un dios vivo. Es decir, que esté presente. O que se lo espere porque, posiblemente, la muerte de Cristo haya ensombrecido la necesidad de un Dios vivo, magnífico, adornado de relatos que se copiarán de la Biblia, porque las generaciones tienen necesidad de creer en algo.
El dios de Erdosain, en cambio, no responde: es un Dios que se ausenta del mundo. Cuerpo y alma se desdoblan también, es necesario que se mate para hacerle un favor al alma pero el fantasma de la catalepsia retorna del más allá para decirle que al cuerpo no le gustaría estar encerrado en un ataúd. Ante el silencio de Dios, le pide casi a la manera de un conjuro y su rogativa cambia violentamente de signo: "A Dios habría que torturarlo. Estoy muerto y quiero vivir".
Pero si bien todos están locos, se podría afirmar que el único sufrimiento verdadero es el de Erdosain, porque ninguna teoría le es suficiente para alcanzar al Dios que busca. Como si fuese la figura invertida de Godot -que espera inútilmente- él, por el contrario, está todo el tiempo buscándolo. La ciudad adquiere la forma de la angustia de Erdosain, se comprime y se expande según la angustia que tome su corazón. En el capítulo "La Cúpula de cemento" encontramos a Erdosain como Cristo en la cruz cuando, atormentado por la duda, exclama: "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Y ante el silencio de Dios llega a la injuria: "Dios canalla te hemos llamado y no has venido". En este capítulo Erdosain ensaya un soliloquio bajo la forma de imprecaciones y rogativas a Dios. En el diálogo entre Ergueta y Bromberg, el farmacéutico le aclara que las Sagradas Escrituras no se estudian sino que se interpretan. Estos personajes acceden a Dios por el delirio. Todos lo encuentran, menos Erdosain, que no es un hermeneuta de Dios. El diálogo prosigue con una disquisición acerca de la existencia de Dios: ¿y si no existiera? Si no existiera, ¿habría que guardar el secreto? Pregunta que Jesús se habría hecho y que remite a su vez a la posición de Erdosain: Dios se ha alejado del mundo. Es ahí donde se hace más evidente la falta de un dios vivo.
Por fin, Erdosain alcanza a Dios a través del crimen. Ha cometido el suyo matando a una adolescente biszca y deformada. El pecado que no se podía nombrar ha encontrado nombre. Así, Erdosain se aparta de la comedia humana. Para él, nunca se trató del dios vivo, sino del dios oscuro de la angustia. Se suicida de un tiro en el pecho. Por primera vez, no ha fracasado.
Luis Gusmán es escritor y psicoanalista. Es autor de novelas como En el corazón de junio, La música de Frankie y Villa, entre otras. Su último libro es Hotel Edén (Norma).Encontrado en: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2000-04-02/e-00901d.htm