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"(...) las ediciones originales y
horrendas de Claridad y las subsiguientes y no menos horrendas de Futuro
(...)" diría Julio Cortázar en su artículo Roberto Arlt: Apuntes
de relectura.
¿Qué fue lo que pudo haber pensado Arlt frente a esa tapa? La historia
de la literatura no da cuenta de ello. Pero, ¿qué podría importarle a
un escritor que está más allá de las convenciones, aún de las
convenciones del lenguaje, ¿qué podría importarle -repito- una mejor o
una peor tapa? Es probable que haya estallado en un ataque de risa, o quizá
con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la Underwood ni tuvo
tiempo para opinar.
Otra posibilidad es que, por ahí, el tapista haya dado en el clavo en
cuanto a su gusto personal: al fin y al cabo la tapa tiene algo que se
corresponde con cualquiera de esas aisladas frases suyas memorables de
poco logradas, como la que dice: adunado al langor de los violines, por
ejemplo. Frase que, por otra parte, Arlt se permite porque sí, porque se
le ocurre eso, porque se inserta dentro de su escritura "como una
gota de agua dentro de un mar bravío".
Todo puede ser tal vez porque Arlt, cuya vida está signada por la
urgencia de producir, tiene la mira siempre puesta en un futuro
prodigioso. La rosa de cobre. La media engomada que dejará a medio
inventar porque durmiendo lo sorprenderá la muerte.
Sin embargo percibe que El porvenir es triunfalmente nuestro y ni hablar
de la frase anterior: El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo,
convertida por tantos en epígrafe, ambas acuñadas por primera vez por
Arlt en ese verdadero manifiesto que es el prólogo de Los Lanzallamas,
un cross a la mandíbula, en especial para muchos de sus contemporáneos,
para regocijo de las generaciones que lo seguirán leyendo, lectores de
los que más de uno se identificará con Silvio Astier, con Erdosain, con
el Rufián Melancólico, Ergueta, Barsut, con la inefable Esther
Primavera... El humillado, el postergado, los que apuestan la última
baraja a la rosa de metal que brillará por un instante, el triste
empleado que todo el día cuenta dinero ajeno, las esposas grises y
abnegadas y su triste ollita de arroz con leche...
Arlt ni puede reparar en la tapa de Los Lanzallamas porque la vida
le urge: ya en este prólogo consignará: mientras escribo estas líneas,
pienso en mi próxima novela. Se titulará El amor brujo y aparecerá
en agosto del año 1932.
Corre en tanto el año 1931, y el Art Déco se ha infiltrado por todas
partes, también en la industria editorial: digamos que, tímidamente, en
la palabra FIN del mismo libro, en caracteres muy modernos, tres letras
que semejan tres grandes libros son sostenidas por dos colosos que empujan
hacia adentro. Debajo de esta singular palabra FIN, una nota aclaratoria
consigna que cuatro mil líneas fueron escritas entre fines de septiembre
y el 22 de octubre. La misma nota agrega: con tanta prisa se terminó esta
obra, que la Editorial imprimía los primeros pliegos mientras que el
autor estaba redactando los últimos capítulos.
Cinco años antes El juguete rabioso había sido rechazado porque a
Elías Castelnuovo, uno de los popes de Claridad, "el libro no
le había gustado".
Ahora, con la expectativa de lectores que ya han atravesado Los siete
locos, esta misma Claridad no sólo imprime su nuevo libro a
toda máquina sino que anuncia el próximo libro que Arlt está por
escribir. Inusual aviso, casi folletinesco, especie de reparación hacia
un autor que ahora puede extenderse a todo en su escritura, porque ya
Roberto Arlt, Güiraldes y otras circunstancias literarias mediante, ha
entrado en el escurridizo terreno de la aceptación.
Eterno juego de tensiones literarias, extraliterarias, y una obra que puja
por encontrar su lugar, y finalmente la respuesta ferviente de un
formidable caudal de lectores que es "el otro lado", que es
Buenos Aires, que es la razón de ser de esta escritura, de toda la
escritura.
Buenos Aires se está escribiendo por fin, y los libros que irá
produciendo Arlt como amanuense de una nueva y definitiva versión de la
ciudad, surgirán con prepotencia de trabajo, con la premura de quien se
siente elegido para narrar y sabe que sus días están contados.
(Este Texto ha sido publicado e la nueva revista "Aguafuertes de
Flores" del Centro Cultural Roberto Arlt).
por Marily Canoso
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