Cultiva Arrufat el olvido como cura
El escritor cubano visita México para
presentar su novela 'La noche del aguafiestas', una exploración sobre el arte
de la conversación
Por MARÍA EUGENIA SEVILLA /
Reforma
Ciudad de México, México (21
agosto 2001).-
Pasada ya la época del veto y la persecución
en su país, con el Premio Nacional de Literatura 2000 al hombro, el escritor
cubano Antón Arrufat señala la necesidad vital del olvido, del que ha echado
mano para seguir adelante.
"El olvido ha sido para mí una curación.
Por las vicisitudes que viví en mi país, con la cultura y la dirigencia política,
el olvido ha sido muy sano. Nos hemos tratado de cierta manera ácida, pero
hemos sabido establecer, en estos últimos años, una relación más
cordial".
Así se expresa Arrufat al recordar el tiempo en que su obra fue tildada de
contrarrevolucionaria, lo cual provocó que de 1968 a 1981 su nombre
desapareciera de las publicaciones y se le impusiera durante nueve años como
trabajo amarrar paquetes de libros en la Biblioteca Marianao, donde le prohibían
escribir y hablar con sus colegas.
"Las relaciones entre el artista y el Estado no han sido placenteras en
ningún sistema político", sostiene. "Ah, el artista tiene que
resistir. Yo esperé pacientemente. Siempre creí que las cosas tomarían su
nivel, y si las aguas no bajaban, después de mi muerte bajarían, así que no
me moví. Los que me persiguieron en mi país, que ya no tienen cargo ninguno,
deben estar muy asombrados de que haya sobrevivido. A mí me divierte mucho
sobrevivir y es una de mis alegrías. No tengo resentimiento alguno, es una de
las cosas más estimulantes que me han ocurrido".
Nacido en Santiago de Cuba en 1935, hijo de inmigrantes catalanes, Arrufat,
autor de libros de poesía, obras de teatro, novelas y cuentos, ha publicado
entre otros títulos La caja cerrada (1984), ¿Qué harás después de
mí? (1988) y la polémica obra teatral Los siete contra Tebas, que
acaba de editarse en Cuba tras permanecer prohibida 33 años por su presunta crítica
a los principios revolucionarios.
"Yo no critiqué ciertos principios de la revolución, nunca llegué tan
lejos. Siempre he creído que la política cultural, a lo largo de algunos
periodos de la sociedad actual cubana, ha sido torpe. No ha tenido sutileza y ha
partido de una forma de entender la cultura que yo no comparto. Se ha creído,
por ejemplo, que la literatura es una expresión directa de la realidad. A mí
me parece que no, que la literatura es una creación del hombre tanto como lo
puede ser el Sputnik".
En su novela más reciente, La noche del aguafiestas (Alfaguara, Premio
Alejo Carpentier, 2000), el escritor se vale de una narrativa "formalmente
libre" para explorar la tensión entre el olvido y la memoria, a través de
las disertaciones filosóficas de un grupo de amigos que se reúne en torno al
personaje fantástico de Aristarco Valdés, apodado el aguafiestas por arrojar
verdades que caen como un balde de agua.
"Está basada en ciertos principios sobre la memoria y su relación con el
olvido. No se puede vivir si no se olvida y tampoco se puede vivir sin que la
memoria funcione, sin que garantice la identidad personal, la cultura, la
conciencia, que se ilumina con la palabra. La novela pretende hacer una
exploración sobre los efectos, el misterio y el arte de la conversación",
apunta sobre la obra que será presentada mañana a las 19:30 horas en la Casa
Refugio Citlaltépetl (Ciltlaltépetl 25, Condesa).
"Como en La noche del aguafiestas, en la vida real todo fluye, las
identidades se intercambian una con otra. Tú me pasas un poco de tus ideas, yo
te paso un poco de las mías y al final las personalidades son muy variables. Yo
no creo que exista un sí mismo", señala.
Pero al cabo de unos instantes añade entre risas: "Solamente cuando me
persiguen, pienso en que me están persiguiendo por mí mismo y que van a
perjudicarme el cuerpo".
Arrufat, quien se negó a opinar sobre el futuro del régimen castrista,
considera que "los sistemas políticos que el hombre ha inventado no son
perfectos, y por tanto tendrán que ser siempre renovados y existirá la
necesidad de hacer una revolución. Tal vez no sean violentas en el futuro sino
democráticas; esto puede ser una ilusión, pero el hombre tiene necesidad tanto
de la ilusión como de la utopía".
Sobre el hecho de que Los siete contra Tebas todavía no se haya
representado en Cuba, opina: "Los directores están todavía un poco
cautelosos, hay estructuras mentales que impiden acercarse a la obra. Sin
embargo, están interesados en estrenar obras anteriores, como si se tratara de
un proceso en el que avanzaríamos gradualmente hasta llegar a Los siete
contra Tebas. Mi familia es una familia de longevos; espero que a mis 90 años
ya esté estrenada".
Encontrado en: http://www.reforma.com/cultura/articulo/119122/