Bolaño: busco mi destino

Roberto Bolaño lanza Los detectives salvajes, novela que relata la trayectoria de una generación en los años 60 y 70.

Por Marcel Soto.


El 11 de septiembre de 1973, Roberto Bolaño se distrajo leyendo novelitas de vaqueros. Estaba en la casa de un amigo comunista, adonde se había presentado en la mañana, seguro de que se iniciaba una guerra civil. "Me pusieron un seudónimo que olvidé a los 10 minutos y me mandaron a vigilar una calle vacía. Ahí estuve un buen rato. La desorganización era tremenda. Parecía una película de los hermanos Marx", recuerda el escritor. Lo más absurdo de todo era que Bolaño había llegado apenas un par de meses antes a Santiago, dejando a familia y amigos en México.

Tenía 20 años y grandes esperanzas en la experiencia socialista chilena.

"Tuve muy mala suerte", dice ahora que tiene 45.

En realidad, la vida y la literatura de Bolaño están llenas de situaciones sinsentido. No es raro, por ejemplo, que a su regreso a la capital mexicana en 1974 haya integrado un grupo de poetas muy singulares, que se hacían llamar los infrarrealistas. Iban a los recitales de poetas consagrados y se ponían a gritar. Todo el mundo los odiaba, por supuesto.

Algunas de las vivencias de esos tiempos están retratadas en Los detectives salvajes, la novela que Bolaño acaba de lanzar en España, donde ganó el Premio Herralde (que otorga US$ 14 mil). Es un libro voluminoso, de más de 700 páginas, que relata 20 años en la vida de dos jóvenes, un mexicano y un chileno, enfrascados en las luchas estéticas y políticas de las décadas del 60 y 70.

"Me siento como un impostor", reconoce Bolaño, probablemente el escritor chileno más comentado en estos días y considerado en España uno de los principales autores latinoamericanos de la actualidad. Tras 25 años fuera del país, pasó por Santiago en noviembre para presentar La pista de hielo, una novela policial escrita en 1993.

Durante el par de semanas que estuvo en la capital, la prensa y sus colegas chilenos -entre ellos, Carlos Franz, quien se jactó de haber "descubierto" a Bolaño mucho antes, pero "guardó el secreto"- lo abrumaron de elogios. "¿Qué pasará el día que me gane un premio más importante? ¡Me van a matar a besos! ¡Mejor no me aparezco por este país!", afirma el autor de Literatura nazi en América.

En medio del clima festivo, algunos escritores mayores se mostraron escépticos. Luis Sánchez Latorre (Filebo), por ejemplo, se preguntaba en Las Ultimas Noticias: "¿Qué pasa si digo que yo 'ni ahí' con Bolaño? De seguro, las casas editoriales me declaran mentalmente inválido".

Habrá que ver, entonces, cual será la suerte de Los detectives salvajes, "una novela suicida, que me va a acarrear toda clase de odios", según Bolaño, y de la cual Qué Pasa publica un adelanto.

 

Adelanto: Los detectives salvajes

¿De qué hablamos? De muchas cosas. De su familia, del pueblo de donde era originario, de sus primeros días en el DF, de lo mucho que le había costado acostumbrarse a la ciudad, de sus sueños. Quería ser poeta, bailarín, cantante, quería tener cinco hijos (como los dedos de una mano, dijo, y extendió la palma de la mano hacia arriba, casi rozándome la cara), quería probar suerte en Churubusco, decía que Oceransky lo había probado para una obra de teatro, quería pintar (me contó con todo lujo de detalles las ideas que tenía para unos cuadros), en fin, en un momento de nuestra charla estuve tentado de decirle que en realidad no tenía ni idea de lo que verdaderamente quería, pero preferí callarme.

Después me invitó a su casa. Vivo solo, dijo. Le pregunté, temblando, dónde vivía. En la Roma Sur, dijo, en un cuarto de azotea muy cerca de las estrellas. Le respondí que en verdad ya era demasiado tarde, más de las doce, y que debía acostarme pues al día siguiente iba a llegar a México el novelista francés J. M. G. Arcimboldi y unos amigos y yo le íbamos a organizar un recorrido por lugares de interés en nuestra caótica capital. ¿Quién es Arcimboldi?, dijo Piel Divina. Ay, estos real visceralistas realmente son unos ignorantes. Uno de los mejores novelistas franceses, le dije, su obra, sin embargo, casi no está traducida, al español, quiero decir, salvo una o dos novelas aparecidas en Argentina, en fin, yo lo he leído en francés, por supuesto. No me suena de nada, dijo, y volvió a insistir en que lo acompañara a su casa.

¿Por qué quieres que vaya contigo?, le dije mirándolo a los ojos. Por regla general, no suelo ser tan temerario. Tengo algo que decirte, dijo él, es algo que te interesará. ¿Cuánto me interesará?, dije yo. El me miró como si no entendiera y dijo, de pronto agresivo: ¿cuánto de qué?, ¿cuánta feria? No, me apresuré a aclarar, cuánto me interesará lo que tienes que decirme. Tuve que refrenarme para no revolverle el pelo, para no decirle tontito, no estés a la defensiva. Es algo sobre los real visceralistas, dijo. Huy, no me interesa nada, dije. Siento decírtelo, no te lo tomes a mal, pero los real visceralistas (Dios, qué nombre) me resultan indiferentes. Lo que tengo que contarte sí que interesará, seguro que te interesará, están preparando algo grande, ni te lo imaginas, dijo él.

Por un momento, no lo niego, se me pasó por la cabeza la idea de una acción terrorista, vi a los real visceralistas preparando el secuestro de Octavio Paz, los vi asaltando su casa (pobre Marie-José, qué desastre de porcelanas rotas), los vi saliendo con Octavio Paz amordazado, atado de pies y manos y llevado en volandas o como una alfombra, incluso los vi perdiéndose por los arrabales de Netzahualcóyotl en un destartalado Cadillac negro con Octavio Paz dando botes en el maletero, pero pronto me repuse, debían de ser los nervios, las rachas de viento que a veces recorren Insurgentes (estábamos hablando en la acera) y que suelen inocular en los peatones y en los automovilistas las ideas más descabelladas. Así que volví a rechazar su invitación y él volvió a insistir. Lo que te voy a contar, dijo, va a remover los cimientos de la poesía mexicana, tal vez dijera latinoamericana, no, mundial no, digamos que en su desvarío se mantenía en los límites del español. Aquello que me quería contar iba a trastornar la poesía en lengua española. Vaya, dije, ¿algún manuscrito desconocido de Sor Juana Inés de la Cruz? ¿Un texto profético de Sor Juana sobre el destino de México? Pero no, por supuesto, era algo que habían encontrado los real visceralistas, y los real visceralistas eran incapaces de asomarse a las bibliotecas perdidas del siglo XVII. ¿Qué es, pues?, le dije. Te lo diré en mi casa, dijo Piel Divina y me puso una mano en el hombro, como si tirara de mí, como si me sacara otra vez a bailar en la pista atroz del Priapós.

Extracto de la novela de Roberto Bolaño, "Los detectives salvajes" (Anagrama, 1998).

Revista Qué Pasa. 14 al 21 de diciembre de 1998.

Encontrado en: http://www.quepasa.cl/revista/1444/20.html