Roberto Bolaño y 'Los detectives salvajes'
Revista Lateral, nº 52, abril 1999)
Por esta sección han pasado ya las últimas creaciones de Javier Marías y de Juan Bonilla. En esta ocasión, los críticos aplican su bisturí a Los detectives salvajes (Anagrama), novela galardonada con el reciente Premio Herralde que ha despertado entusiamo tanto entre el público como entre los profesionales de ambos lados del Atlántico.
Javier Aspurúa
Diario Las últimas noticias (Chile)
Una manera de interpretar esta novela es como una gran summa del exilio latinoamericano, lo que, también de modo reductivo, la equipara a una de las grandes novelas de los sesenta, Rayuela, de Julio Cortázar. Si el exilio en los cincuenta y sesenta era mayormente voluntario y motivado por razones culturales más que políticas, el de las décadas siguientes opera a la inversa. Si en Rayuela la angustia existencial y la búsqueda de sentido marcaban el rumbo de los personajes más significativos, en Los detectives salvajes el sin sentido es un hecho de la causa al que hay que sobrevivir.
Ambas novelas se asemejan también en su aproximación a la literatura como tema. Cortázar pone en escena a Morelli, un teórico que propone, entre otras cosas, la tesis del lector macho y del lector hembra, aludiendo al papel activo que reclama de quien se enfrenta a un libro; Bolaño pone a los poetas real visceralistas en una desesperada búsqueda de los orígenes de las vanguardias más marginales, olvidadas y no oficiales de la historia de la literatura, proponiendo también, de manera más oblicua, una nueva actitud para escritores y lectores, una nueva manera de entender el oficio del escritor y la tarea del lector, tal como lo hizo, en su momento, Cortázar.
Antonio Bordón
La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria)
Los detectives salvajes es una novela extraordinaria que debe mucho a la capacidad de Roberto Bolaño para observar la realidad y seleccionar de ella los datos que permiten interpretarla de forma sobrecogedora, cualidad que junto a otras muchas que exhibe, como el pulso narrativo, el humor salvaje, la facilidad para atrapar al lector de la primera a la última línea, la hacen un auténtico modelo para admirar e imitar. Con Los detectives salvajes Bolaño destierra la falsa idea romántica de que los libros clásicos tienen más de cien años. Éste lo es ya. Y además tiene la ventaja de que no le pesan los años.
Alberto Domínguez
Lateral
Pese a que la historia gira en torno a esos dos detectives, el lector apenas los ve hablar, pues el autor ha querido que sean otros personajes los que narren sus peripecias, y ahí reside, quizá, el mayor atractivo del libro, en esa pluralidad de puntos de vista. La novela comienza a modo de diario escrito por un tal Juan García Madero, estudiante universitario adscrito al real visceralismo, movimiento poético cuyo máximo enemigo no es otro que el célebre Octavio Paz. García Madero escribe poemas y estudia poco, conoce a muchachas que escriben versos, folga con camareras y prostitutas, describe Ciudad de México hacia 1975 y habla de su amistad con dos individuos, también poetas, que aparecen y desaparecen constantemente y de los que apenas sabemos nada: los detectives Belano y Lima. Es la primera parte del libro, la que nos va a permitir familiarizarnos con personajes que en el transcurso de la narración contribuirán con su testimonio a que conozcamos más a fondo el carácter de los protagonistas.
Si bien la novela resulta en ocasiones un punto enrevesada, es innegable la fuerza de su torrencial estilo y no es posible pasar por alto la manifiesta inteligencia con la que está escrita. Bolaño es indudablemente un escritor sagaz, y sus opiniones, aunque disfrazadas por esa impostura que es la literatura, mueven a la admiración.
Ignacio Echevarría
El País
De igual modo que la vanguardia funciona como una metáfora de la caducidad ("la juventud es una estafa", se dice en algún momento), México funciona en esta novela como [...] una metáfora del caos. Por donde el sentido de que sus protagonistas compartan una "triste e irremediable condición de sudamericanos perdidos en Europa, perdidos en el mundo". [...]. Escéptica y atrevida, elástica y contundente, paródica y tristísima, Los detectives salvajes viene a ser, por decirlo de un modo estridente, el tipo de novela que Borges hubiera aceptado a escribir, en la medida en que [...] trafica concienzudamente con los valores propios tanto del relato breve como de la gran narración coral, sacando beneficio de uno y otra para conseguir un libro original y hermosísimo, divertido, conmovedor, importante.
Jorge Edwards
Diario La Segunda (Chile)
Los detectives salvajes […] es un texto proliferante, entrecruzado, vasto, polifónico. Es una novela de registro amplio, dotada de una estructura que podría permitir la multiplicación infinita y que admitiría, por esto, la definición clásica de obra abierta, pero es a la vez una composición perfectamente cerrada, triangular y en cierta manera circular. […] Bolaño propuso escribir un libro de la familia literaria de Paradiso, de Rayuela de Adán Buenosaires. Un texto no ajeno a la escritura de James Joyce o de Francois Rabelais. […]
Dije que es un texto proliferante, pero no se trata de una proliferación esencialmente verbal, como la de un Lezama Lima o la de algunos de nuestros barrocos modernos. La de Bolaño es una proliferación notable, por momentos increíble, de personajes y de situaciones. Es una constante acrobacia sin red y de ejecución perfectamente segura. Además, como los personajes se presentan en primera persona del singular, lo que se desarrolla en el texto es una multiplicidad de voces. Muchas de las voces, desde luego, son agrias, destempladas, de sonidos cascados o quebrados, como si provinieran de instrumentos que se han agrietado o enmohecido. Pero son voces que no se confunden: notas diferenciadas y que producen un curioso conjunto, algo así como una sinfonía desorbitada. Quizás una antisinfonía, un antinovela.
Elenia Hevia
El Periódico
[…] Todo ello servido a través de una estructura arborescente en la que extravagantes personajes entrecruzan sus existencias para acabar formando una perfecta figura de puzzle. Lo más sorprendente es que Bolaño hace su particular construcción a partir de unidades que podrían funcionar como cuentos autónomos (de hecho, algunos distorsionan su línea maestra), pero su saber narrativo tiene un proyecto trazado con tiralíneas. Como buen demiurgo ordena, desordena y escamotea los hechos para presentarlos al final en un juego irónico en el que verdad y mixtificación se dan de la mano, y ahí están Carlos Monsiváis y Juan Marsé convertidos en dos personajes más, sin contar los que pueden detectarse fácilmente baja nombre inventado.
Andrés S. Magro
Revista Leer
Merced a una prosa sencillamente apabullante, polifónica y de vario registro, se trenzan un compendio de búsquedas que atraviesan lo específicamente literario y se adentran en lo vital. La alegoría de la búsqueda como camino iniciático lleva a unos jóvenes poetas a peregrinar por gentes y ciudades en pos del rastro de sí mismos. Bolaño descompone el discurso narrativo de manera fragmentaria, circular, en un afán por adensar los matices de la pesquisa, de la introspección que finalmente se logra por vía de la sugerencia y no de la retórica. Las enormes medidas de la novela, la prolijidad en el guiño psicológico, son argumentos manejados espléndidamente por una novela rebosante de ingenio y de capacidad narrativa.
[…] Los detectives salvajes es una obra desbordante, a la que incluso se disculpan sus excesos estructurales y verbales. Otra cosa sería oponerse neciamente a su torrencia carga de literatura vívida y rara.
Camilo Marks Qué pasa (Chile)El libro, en principio, puede leerse en dos niveles básicos: una historia de aventuras y una meditación sobre la literatura, efectuada imperceptiblemente al ritmo de esas aventuras.
Como reflexión literaria, la obra ofrece una lectura aún más sorprendente que como relato de acción. Mientras vagan, se enamoran y protagonizan andanzas, los personajes escriben o piensan en escribir -sólo poesía- y hablan de lo que escriben otros. Pero no conocemos sus poemas. La novela es, entonces, una historia de la poesía que no se publica, no se escribe o no se lee, pero se practica a diario por miles de seres. Si la cultura y la literatura han tenido siempre algo de museo, Bolaño las transforma en experiencias inseparables de la vida y actividades, sean éstas criminales, sociales, sexuales, familiares, laborales u otras, del abigarrado conjunto humano que puebla su novela.
Por supuesto, Los detectives salvajes tiene defectos, pero éstos se olvidan ante el entusiasmo que despierta un trabajo narrativo que merece las celebraciones que puedan hacérsele.
Ignacio Martínez de Pisón
ABC
Los detectives salvajes es el relato de una fuga infinita, y Bolaño ha sabido dotarle de una estructura narrativa abierta y elástica que se adapta a esa misma infinitud o que más bien nace de ella como una consecuencia natural. […] En ese mismo bloque central evidencia el autor algo que por sus anteriores libros ya conocíamos, una extraordinaria y deslumbrante capacidad de fabulación, y muchas de las piezas de este grandioso puzzle literario no sólo podrían tener una vida autónoma como relatos breves, sino que serían dignos de aparecer en cualquier antología del género. […] Esto, sin embargo, no debe inducir al error de considerar Los detectives salvajes una colección de relatos más o menos disfrazada de novela. Estamos, por el contrario, ante un libro con una indudable unidad de espíritu y de acción, en el que la dispersión de voces narrativas es sólo aparente y constituye además uno de los grandes hallazgos del autor: su reconstrucción de las itinerantes biografías de Belano y Lima por una técnica como de vaciado […] no hace sino aportar misterio a la historia y animarnos a seguir leyendo.
Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia
Según uno de los fundadores, Arturo Belano, los actuales visceralistas caminaban hacia atrás, "de espaldas, mirando un punto pero alejándose de él en línea recta hacia lo desconocido". El mismo desarrollo que observamos en la novela, que en su simultáneo avance hacia el pasado y hacia el futuro desemboca en un presente abierto, en una ventana detrás de la cual no sabemos qué se oculta. […] Paradójicamente, estos jóvenes que en el presente definitivo tienen ya más de cuarenta años, encuentran a Cesárea para llevarle la muerte. También la obra del grupo morirá. Y nadie se acordaría de ellos si Roberto Bolaño, compañero en el sufrimiento y en la felicidad, no hubiese escrito, fundiendo lo sublime con lo siniestro, un magnífico testimonio de su generación y de todas las generaciones que viven la literatura con la misma pasión con la que viven la vida.
Juan Carlos Peinado
Revista Reseña
Ante el lector Bolaño despliega un mosaico de tiempos, lugares y personajes filtrados por un abigarrado conjunto de narradores, pero con la maestría en la inspección psicológica y la diversidad suficientes como para conseguir que se desentienda de los avatares de los protagonistas. En muchas ocasiones, esos relatos (sobre todo los de la segunda parte del libro) rebasan su inicial talante de testimonio para convertirse en una narración con un mundo autónomo. Se puede llegar a sospechar, entonces, que la novela está abocada a la disgregación. Sin embargo, Bolaño tiene la pericia suficiente para lograr encajar esos relatos en un artefacto plural y coherente, en una indagación global sobre los abismos del individuo y las grandezas y miserias del arte. Aunque a veces asalta la duda de que ciertos segmentos narrativos sean realmente imprescindibles, en mi opinión el autor ha logrado con éxito poner al servicio de un proyecto novelesco ambicioso su talento de cuentista.
Decíamos antes que estamos ante una narración "no teológica". Esta condición no se deriva sólo de la circularidad narrativa, sino principalmente de que jamás sepamos con certeza cuál es criterio que gobierna el rumbo de los personajes.
Rodrigo Pinto
Revista Caras (Chile)
Tal vez uno de los rasgos más notables de esta novela es el doble juego entre la investigación de Belano y Lima tras las huellas de Cesárea Tinarejo y la investigación, por así decirlo, del narrador tras las huellas de Belano y Lima. Los personajes de la novela son los testigos de esta búsqueda. Cada uno [...] aporta una pieza al puzzle, aunque en muchos momentos sus historias alcanzan un perfecto nivel de autonomía: relatos dentro del relato, cuentos que podrían leerse en forma independiente, pero que son, en la realidad, parte de una novela extraordinaria en la que Bolaño despliega sus recursos narrativos y su desencantada visión del mundo. Con un rigor asombroso, el autor somete a juicio a toda la literatura latinoamericana del siglo y a buena parte de la historia, siempre en nombre del empeño de sus personajes protagónicos por descubrir las huellas secretas que pueden revelar el sentido de la poesía y de la vida. No se equivocan ni exageran los críticos que comparan esta novela con Rayuela y otras obras fundacionales del boom de los sesenta. Bolaño ha elaborado una propuesta compleja y múltiple, que, nuevamente, reinventa el arte de escribir novelas y remece el sentido de la escritura.
Santos Sanz Villanueva
El Mundo
Bolaño crea una sugerente fábula repleta de tipos curiosos y abundante en anécdotas atractivas. Despliega en ella cualidades de consumado escritor satírico, con excelentes momentos de muy buen humor, fino e inteligente, tanto verbal como de situaciones. […] De todo ello sale una estampa regocijante, cruel a veces, entrañable otras.Toda esta materia la trata con una prosa entrecortada y vivaz, en la que lo mismo cabe la expresión culta que el coloquialismo. En suma, Bolaño despliega, aisladas, las mejores dotes de un narrador poderoso e inteligente, y de un prosista creativo. Pero uno tiene la impresión de que ha malgastado semejantes capacidades en una empresa de limitadaos o cortos alcances o muy reiterativa, aunque bajo ella quepa ver una alegoría del destino humano.
¿A quién, que no padezca enajenación semejante a las gentes de la novela, interesan muchas de sus digresiones? ¿Cómo soportar sin paciencia benedictina menudencias del mundillo literario? ¿Qué se nos da la influencia o no de Octavio Paz? Ni todas las virtudes, innegables, de Bolaño juntas consiguen compensar el cansancio que produce su novela.
Ricardo Senabre
La Razón
Los múltiples narradores se identifican, no ya por su nombre o por lo que relatan, sino por su modo de hablar, por sus asideros culturales. No todos alcanzan la misma hondura, pero forman, en conjunto, un variado friso que acredita un talento nada común de novelista y que incluye una minuciosa atención a las variantes idiomáticas territoriales y a las jergas y los registros del nivel coloquial. […]
La otra cara, el riesgo de la técnica escogida en este caso, es que algunos de esos microrrelatos adquieran autonomía propia y se desgajen en buena medida de la historia central. Es el consabido problema de las narraciones intercaladas con que la crítica se enfrenta, desde el Quijote hasta nuestros días. En Los detectives salvajes, ese peligro no se ha evitado siempre, y hay relatos, como los de Mary Watson, Heimito Künst o Edith Oster, que convendría haber podado. Pero Bolaño escribe con un pulso envidiable, y estos fragmentos que casi llegan a ser autónomos se convierten a veces, considerados en sí mismos y no por su relación con el conjunto, en ejemplos magistrales de narraciones breves. Léase detenidamente el relato de Auxilio Lacouture acerca de su encierro en la Facultad durante los disturbios de 1968 [...] y se tendrá una idea cabal acerca de la maestría narrativa de Roberto Bolaño, indiscutible hasta cuando el autor se deja llevar demasiado por el río caudaloso de su inventiva.
Encontrado en: http://www.lateral-ed.es/revista/articulos/espejobolano.html