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Roberto
Bolaño
Fragmentos del libro Tres
El Acantilado, Barcelona,
2000
13. Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia:
una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma
de Stendhal, decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba.
¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar
de la cerámica y de la mierda, dijo.
14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de
hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama
encontraba a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya va
a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.) Pero
nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.
15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi
sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un
calendario de piedra perdido en el espacio.
16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que
literalmente me caía a pedazos. Iba tras las huellas de Gui Rosey.
Caminaba por los barrios de un puerto
que podía ser Marsella o no. Un viejo chino afable me conducía
finalmente a un sótano. Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño
montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po, le contestaba.
17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba a gente
perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía
a Roberto Bolaño.
*****
21. Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del
Hemisferio sur que leía a los hermanos Goncourt.
22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había
adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo
con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían conocerla.
23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales
muertos. En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro.
Su cara era como un gas, pero yo sabía quién era.
*****
31. Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único ser humano que
contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a
muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka
veía arder el mundo.
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©
2000 Roberto
Bolaño
(Chile, 1953), ha publicado seis libros de poesía y nueve de prosa, entre
los que señalamos: Estrella distante, 1996, Llamadas telefónicas,
1997, Los detectives salvajes –premio Herralde 1998-, Amuleto,
1999 y Nocturno de Chile, 2000; véase en nuestra sección de reseñas
el comentario a su libro Tres -Barcelona, El Acantilado, Barcelona,
2000- del que están tomados estos fragmentos).
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