Jorge Luis Borges / María Kodama

Atlas (1985)


El libro "Atlas" es una crónica de viajes escrita a cuatro manos por Jorge Luis Borges y María Kodama sobre las ciudades que ambos visitaron. Como una despedida al escritor y al libro, la Kodama escribió este epílogo para la edición en francés del "Atlas": ¿Qué era un Atlas para nosotros Borges?

 

Reseña del libro, en Clarín. Por Daniel Molina.


Prólogo
La diosa gálica
El tótem
César
Irlanda
Un lobo
Estambul
Los dones
Venecia
La cortada de Bollini
El templo de Poseidón
El principio
El viaje en globo
Un sueño en Alemania
Atenas
Ginebra
Piedras y Chile
La brioche
Un monumento
Epidauro
Lugano
Mi último tigre
Midgarthormr
Una pesadilla
Graves en Deyá
Los sueños
La barca
Esquinas
Hotel Esja, Reikiavik
El laberinto
Las islas del Tigre
Las fuentes
Milonga del puñal
1983
Nota dictada en un hotel del Quartier Latin
Ars Magna
La jonction
Madrid, julio de 1982
Laprida 1214
El desierto
El 22 de agosto de 1983
Staubbach
Colonia del Sacramento
La Recoleta
De la salvación por las obras


Una pesadilla

Cerré la puerta de mi departamento y me dirigí al ascensor. Iba a llamarlo cuando un personaje rerísimo ocupó toda mi atención. Era tan alto que yo debí haber comprendido que lo soñaba. Aumentaba su estatura un bonete cónico. Su rostro (que nunca vi de perfil) tenía algo de tártaro o de lo que yo imagino que es tártaro y terminaba en una barba negra, que también era cónica. Los ojos me miraban burlonamente. Usaba un largo sobretodo negro y lustroso, lleno de grandes discos blancos. Casi tocaba el suelo. Acaso sospechando que soñaba, me atreví a preguntarle no sé en que idioma por qué vestía de esa manera. Me sonrió con sorna y se desabrochó el sobretodo. Vi que debajo había un largo traje enterizo del mismo material y con los mismos discos blancos, y supe (como se saben las cosas en los sueños) que debajo había otro.

En aquel preciso momento sentí el inconfundible sabor de la pesadilla y me desperté.

 

El laberinto

Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo laberinto fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo laberinto fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto.

 

Las Islas del Tigre

Ninguna otra ciudad, que yo sepa, linda con un secreto archipiélago de verdes islas que se alejan y pierden en las dudosas aguas de un río tan lento que la literatura ha podido llamarlo inmóvil. En una de ellas, que no he visto, se mató Leopoldo Lugones, que habrá sentido, acaso por primera vez en su vida, que estaba libre, al fin, del misterioso deber de buscar metáforas, adjetivos y verbos para todas las cosas del mundo.

Hace muchos años, el Tigre me dio imágenes, quizá erróneas, para las escenas malayas o africanas de los libros de Conrad. Esas imágenes me servirán para erigir un monumento, sin duda menos perdurable que el bronce de cieros infinitos domingos. He recordado a Horacio, que sigue siendo para mí el más misterioso de los poetas, ya que sus estrofas cesan y no termian, asimismo son inconexas. No es imposible que su mente clásica se abstuviera deliberadamente del énfasis. Releo lo anterior compruebo con una suerte de agridulce melancolía que todas las cosas del mundo me llevan a una cita o a un libro.