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«Cuando
la Universidad de Belgrano me propuso dar cinco clases, elegí temas con
los cuales me había consustanciado el tiempo. El primero, El libro, ese
instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida, y que no es menos íntimo
para mí que las manos o que los ojos. El segundo, La inmortalidad, esa
amenaza o esperanza que han soñado tantas generaciones y que postula
buena parte de la poesía. El tercero, Swedenborg, el visionario que
escribió que los muertos eligen el infierno o el cielo, por libre decisión
de su voluntad. El cuarto, El cuento policial, ese juguete riguroso que
nos ha legado Edgar Allan Poe. El quinto, El tiempo, que sigue siendo para
mí el problema esencial de la metafísica...» (Alianza Ed.) |