Jorge Luis Borges

El libro de los seres imaginarios (1968) 



Prólogo


   El nombre de este libro justificaría la inclusión del príncipe Hamlet, del punto, de la línea, de la superficie, del hipercubo, de todas las palabras genéricas y, tal vez, de cada uno de nosotros y de la divinidad.  En suma, casi del universo.  Nos hemos atenido, sin embargo, a lo que inmediatamente sugiere la locución <<seres imaginarios>>, hemos complilado un manual de los extraños entes que ha engendrado, a lo largo del tiempo y del espacio, la fantasía de los hombres.
   Ignoramos el sentido del dragón como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imafen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el dragón surge en distintas latitudes y edades.
   Un libro de esta índole es necesariamente incompleto; cada nueva edición es el núcleo de ediciones futuras, que pueden multiplicarse hasta el infinito.
   Invitamos al eventual lector de Colombia o del Paraguay a que nos remita los nombres, la fidedigna descripción  los hábitos más conspicuos de los monstruos locales.
   Como todas las misceláneas, como los inagotables volúmenes de Robert Burton, de Fraser o de Plinio,
El libro de los seres imaginarios  no ha sido escrito para una lectura consecutiva.  Querríamos que los curiosos lo frecuentaran, como quien juega con las formas cambiantes que revela un caleidoscopio.
   Son múltiples las fuentes de esta <<silva de varia lección>>; las hemos registrado en cada artículo.  Que alguna involuntaria omisión nos sea perdonada.

J.L.B.-M.G. Martínez, septiembre 1967


A BAO A QU

Para contemplar el paisaje más maravilloso del mundo, hay que llegar al último piso de la Torre de Victoria, en Chitor. Hay ahí una terraza circular que permite dominar todo el horizonte. Una escalera de caracol lleva a la terraza, pero sólo se atreven a subir los no creyentes de la fábula, que dice así:

En la escalera de la Torre de la Victoria, habita desde el principio del tiempo el A BAO A QU, sensible a los valores de las almas humanas. Vive en estado letárgico, en el primer escalón, y sólo goza de vida consciente cuando alguien sube la escalera. La vibración de la persona que se acerca le infunde vida, y una luz interior se insinúa en él. Al mismo tiempo, su cuerpo y su piel casi traslúcida empiezan a moverse. Cuando alguien asciende la escalera, El A BAO A QU se coloca en los talones del visitante y sube prendiéndose del borde de los escalones curvos y gastados por los pies de generaciones de peregrinos. En cada escalón se intensifica su color, su forma se perfecciona y la luz que irradia es cada vez más brillante. Testimonio de su sensibilidad es el hecho de que sólo logra su forma perfecta en el último escalón, cuando el que sube es un ser evolucionado espiritualmente. De no ser así el A BAO A QU queda como paralizado antes de llegar, su cuerpo incompleto, su color indefinido y la luz vacilante. El A Bao A Qu sufre cuando no puede formarse totalmente y su queja es un rumor apenas perceptible, semejante al roce de una seda. Pero cuando el hombre o la mujer que lo reviven están llenos de pureza, el A Bao  A Qu puede llegar al último escalón, ya completamente formado e irradiando una viva luz azul. Su vuelta a la vida es muy breve, pues al bajar el peregrino, el A Bao A Qu rueda y cae hasta el escalón inicial, donde ya apagado y semejante a una lámina de contornos vagos, espera al próximo visitante. Sólo es posible verlo bien cuando llega a la mitad de la escalera, donde la prolongaciones de su cuerpo, que a manera de bracitos lo ayudan a subir, se definen con claridad. Hay quien dice que mira con todo el cuerpo y que el tacto recuerda a la piel del durazno.

En el curso de los siglos el A Bao A Qu ha llegado una sola vez a la perfección.

El capitán Burton registra la leyenda del A Bao A Qu en una de las notas de su versión de las Mil y Una Noches.


Animales de los espejos

  En algún tomo de lasCartas edificantes y curiosas que aparecieron en París, durane la primera mitad del siglo XVIII, el P. Zallinger, de la Compañía de Jesús, proyectó un examen de las ilusiones y errores del vulgo de Cantón; en un censo preliminar anotó que el Pez era un ser fugitivo y resplandecientte que nadie había tocado, pero que muchos pretendían haber visto en el fondo de los espejos.  El P. Zallinger murió en 1736 y el trabajo iniciado por su pluma quedó inconcluso: ciento cincuenta años después Herbert Allen Giles tomó la tarea interrumpida.  Según Giles, la creencia del Pez es parte de un mito más amplio, que se refiere a la época legendaria del Emperador Amarillo.
   En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados.  Eran, además, muy diversos: no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas.  Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz, se entraba y salía por los espejos.  Una noche, la gente del espejo invadió la tierra.  Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágias del Emerador Amarillo prevalecieron.  Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres.  Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles.  Un día, sin embargo, scudirán ese letargo mágico.
   El primero que despertarán será el Pez.  En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro.  Después, irán despertando las otras formas.  Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán.  Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas.  Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.
   En el Yunnan no se habla del Pez, sino del Tigre del Espejo.  Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas


Animales esféricos

  La esfera es el más uniforme de los cuerpos sólidos, ya que todos los puntos de la superficie equidistan del centro.  Por eso y por su facultad de girar alrededor del eje sin cambiar de lugar y sin exceder sus límites, Platón (Timeo 33) aprobó la decisión del Demiurgo, que dio forma esférica al mundo.  Juzgó que el mundo es un ser vivo y enlas Leyes (898) afirmóque los planetas y las estrellas también lo son.  Dotó, así, de vastos Animales Esféricos a la zoología fantástica y censuró a los torpes astrónomos que no querían entender que el movimmiento circular de los cuerpos celestes era espontáneo y voluntario.
   Más de quinientos años después, en Alejandría, Orígenes enseñó que los bienaventurados resucitarían en forma de esferas y entrarían rodando e la eternidad.
   En la época del Renacimiento, el concepto de Cielo commo animal reapareción en Vantini; el neoplatónico Marsilio Ficino habló de los pelos, dientes y huesos de la Tierra y Giordano Bruno sintió que los planetas ern grandes animales tranquilos, de sangre caliente y de habitos regulares, dotados de razón.  A principios del siglo XVII, Kepler discutió con el oculista inglés Robert Fludd la prioridad de la concepción de la Tierra como monstruo viviente, <<cuya respiración de ballena, correspondiente al sueño y la vigilia, produce el flujo y el reflujo del mar>>.  La anatomía, la alimentación, el color, la memoria y la fuerza imaginativa y plástica fueron estudiados por Kepler.
   En el siglo XIX, el psicólogo alemán Gustav Theodor Fechner (hombre alabado por William James, en la obra A Pluralistic Universe repensó con una suerte de ingenioso candor las ideas anteriores.  Quienes no desdeñan la conjetura de que la tierra, nuestra madre, es un organismo, un organismo superior a lal planta, al animal y al hombre, pueden examinar las piadosas páginas de su Zend-Avesta.  Ahí leerán, por ejemplo, que la figura esférica de la tierra es la del ojo humano, que es la parte más noble de nuestro cuerpo.  También, <<que si realmente el cielo es la casa de los ángeles, éstos sin duda son las estrellas, porque no hay otros habitantes del cielo>>.


Un animal soñado por Kafka

  <<Es un animal con una gran cola, de muchos metros de largo, parecida a la del zorro.  A veces me gustaría tener su cola en la mano, pero es imposible; el animal está siempre en movimiento; la cola siempre de un lado para otro.  El animal tiene algo de canguro, perola cabeza chica y oval no es característica y tiene algo de humana; sólo los dientes tienen fuerza expresiva, ya los oculte o los muestre.  Suelo tener la impresión de que el animal quiere amaestrarme; si no, qué propósito puede tener retirarme la cola cuando qiero agarrarla, y luego esperar tranquilamente que ésta vuelva a traerme, y luego volver a saltar.>>

FRANZ KAFKA

Hochzeitsvorbereitungen auf dem Lande, 1953


Abtu y Anet


   Según la mitología de los egipcios, Abtu y Anet son dos peces idénticos y sagrados que van nadando ante la nave de Ra, dios del sol, para advertirlo contra cualquier peligro.  Durante el día, la nave viaja por el cielo, del naciente al poniente: durante la noche, bajo tierra, en dirección inversa.


El Aplanador

  Entre los años de 1840 y de 1864, el Padre de la Luz (que también se llama la Palabra Interior) deparó al músico y pedagogo Jakob Lorber una serie de prolijas revelaciones sobre la humanidad, la fauna y la flora de los cuerpos celestes que constituyen el sistema solar.  Uno de los animales domésticos cuyo conocimiento debemos a esa revelación es el Aplanador o Apisonador (Bodencrucker) que presta incalculables servicios en el planeta Miron, que el editor actual de la bora de Lorber identifica como Neptuno.

   El Aplanador tiene diez veces el tamaño del elefante, al que se parece muchísimo.  Está provisto de una trompa algo corta y de colmillos largos y rectos; la piel es de un color verde pálido.  Las patas son cónicas y muy anchas; las puntas de los conos parecen encajarse en el cuerpo.  Este plantígrado va aplanando la tierra  precede a los albañiles y constructores.  Lo llevan a un terreno quebrado y lo nivela co las patas, con la trompa y con los colmillos.

   Se alimenta de hierbas y de raíces y no tiene enemigos, fuera de algunas variedades de insectos.


La Banshee


  Nadie parece haberla visto; es menos una forma que un gemido que da horror a las noches de Irlanda y (según la Demonología y Hechicería de Sir Walter Scott) de las regiones montañosas de Escocia.  Anuncia, al pie de las ventanas, la muerte de algún miembro de la familia.  Es privilegio peculiar de ciertos linajes de pura sangre celta, sin mezcla latina, sajona o escandinava.  La oyen también en Gales y en Bretaña.  Pertenece a la estirpe de las hadas.  Su gemido lleva el nombre de keening.


El Simurg

El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.

El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y los describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En la fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyende del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros). El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dísticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una plum espléndida; los pájaros deciden buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir “Treinta Pájaros”, saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras; ni la garza de los pantanos; ni la lechuza de las ruinas. Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares, el nombre del penúltimo es Vértigo, el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.

El cosmógrafo Al-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. “Esto, observa Lane, recuerda a leyenda del Fénix”


Los Brownies


  Son hombrecitos serviciales de color pardo, del cual han tomado su nombre.  Suelen visitar las granjas de Escocia y durante el sueño de la familia colaboran en las tareas domésticas.  Uno de los cuentos de Grimm refiere un hecho análogo.
   El ilustre escritor Robert Louis Stevenson afirmó que había adiestrado a sus Brownies en el oficio literario.  Cuandosoñaba, éstos le sugerían temas fantásticos; por ejemplo, la extraña transformación del doctor Jekyll en el diabólico señor Hyde, y aquel episodio de Olalla en el cual un joven, de una antigua casa española, muerde la mano de su hermano.