Identidad nacional en un ensayo de Borges
Margarita Schultz
Jorge Luis Borges publicó en 1932 en su libro DISCUSIÓN un ensayo titulado "El escritor argentino y la tradición". Mi referencia actual a ese ensayo quiere ser un acto de reflexión sobre un tema que se reitera: se trata de saber cómo debe escribir un escritor argentino para ser considerado escritor argentino. Es claro que el asunto toca a la cuestión de la identidad nacional. Por eso mismo, las reflexiones de Borges, más allá de los ejemplos circunstanciales, son válidas como problemática general. ¿Cómo debe escribir un escritor chileno para ser considerado escritor chileno? ¿Y un escritor brasilero? Examinemos la respuesta del literato y ensayista argentino Borges.
Borges aborda el tema a propósito de la comparación entre poesía gauchesca (MARTÍN FIERRO, de José Hernández) y poesía de los gauchos. La poesía gauchesca es tradición literaria. Borges afirma que la poesía gauchesca no es poesía de gauchos, sino de gente culta que busca lo que cree ser el "estilo de los gauchos, como José Hernández, Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo. Estos escritores usan palabras de corte campesino, criollismos de todo tipo, para dar un tono, una atmósfera. Un recorrido simple por el MARTÍN FIERRO deja el siguiente resultado: sotreta, pago, quincho, espichar, achurar, entripao, mamao, conchabarse, bagual. (1) Se encuentran, además, numerosos ejemplos de escritura de la pronunciación criolla rural, tales como redamar (metátesis por 'derramar'), inorancia (ignorancia), estruido (instruido), recebir (recibir), etc.
Borges destaca, en el mismo ensayo, que los poetas populares campesinos, al contrario, "versifican temas generales: las penas del amor y de la ausencia, el dolor del amor, y lo hacen en un léxico muy general también..." La poesía de gauchos, dice Borges, no se encierra dentro de su terminología popular coloquial, sino que se esmera por parecer culta. El poeta popular asigna importancia a lo que hace, por ello escoge las palabras que estima importantes y desecha las expresiones populares. Se produce de este modo un cruce de intenciones, de actitudes no espontáneas.
Se presenta, ahora, una pregunta muy propia del tema de base: ¿cuál es la tradición argentina? ¿Es aquélla que busca criollismos para parecer argentina? Si se pudiera medir la identidad por los signos exteriores sería sencillo recurrir a los signos exteriores para producir 'identidad'. Pero, nos consta que no bastan, por ejemplo, el sombrero hongo, los zapatones y el bastón para mimar al legendario "Charlot", creado por Chaplin. Con esos elementos los imitadores llegan, habitualmente, a una lamentable parodia.
El asunto, al parecer, atañe a estructuras más hondas. Borges encuentra el espíritu nacional en un poema de Enrique Banchs, en una frase cuyos elementos no pertenecen al ambiente de Buenos Aires: "...EI sol en los tejados/ y en las ventanas brilla. Ruiseñores/ quieren decir que están enamorados". En Buenos Aires se encuentran terrazas y gorriones antes que tejados y ruiseñores. Sin embargo, dice Borges, está lo argentino en esa "dificultad que tenemos para las confidencias, para la intimidad" expresada en el poema.
Pedro Salinas (LA REALIDAD Y EL POETA) pensaba que "no hay temas poéticos", que es el poeta quien hace poéticas las cosas y por tanto cualquier tema puede serlo. Del mismo modo, diré, no se es 'escritor argentino' por hablar del gaucho o con una terminología supuestamente gauchesca. Sugiero recordar, por eso, un filme norteamericano, exhibido a fines de los '50, "El camino del gaucho", protagonizado por Rory Calhoun. Allí, paisajes, vestimentas, todo parecía coincidir con el ambiente rural argentino, pero se trataba de un lamentable desenfoque, de un manierismo sin gracia, exterior y ridículo. Con su proverbial ironía escribió Borges en el referido ensayo: " El culto argentino al color local es un reciente culto europeo que los nacionalistas deberían rechazar por foráneo." En verdad, escribir desde un lugar de un modo auténtico es escribir con naturalidad (una meta esquiva como el horizonte). La autenticidad no reside en la incorporación histérica de botas, bombachas, chambergos, cinturones con monedas, criollismos linguísticos de todo tipo, entre otras menudencias; por no mencionar taparrabos, vinchas y plumas. El empleo de esos elementos es, casi siempre, irreverente. Con esos artilugios sólo se consigue demostrar lo forzado de la búsqueda de identidad.
Precisamente, en "El escritor argentino y la tradición", Jorge Luis Borges realiza una especie de acto de contrición a propósito de su incurrencia en el uso del "color local". "Durante muchos años, escribe, en libros ahora felizmente olvidados, traté de redactar el sabor, la esencia de los barrios extremos de Buenos Aires; naturalmente abundé en palabras locales, no prescindí de palabras como cuchilleros, milonga, tapia, y otras, y escribí así aquellos olvidables y olvidados libros..."
En el Prólogo de 1969 a LUNA DE ENFRENTE, un volumen de poesía de 1925 (vale decir, anterior a DISCUSION) se lee: "Olvidadizo de que ya lo era, quise tambien ser argentino. Incurrí en la arriesgada adquisición de uno o dos diccionarios de argentinismos, que me suministraron palabras que hoy puedo apenas descifrar: madrejón, espadaña, estaca, pampa...". Quien haya recorrido esas páginas (FERVOR DE BUENOS AIRES, 1923, LUNA DE ENFRENTE, 1925, CUADERNO SAN MARTÍN, 1929) habrá notado cuán sensible es el pudor de Borges. Pues casi no es posible calificarlas como abundosas en "palabras locales".
Entonces ¿cómo debe ser la poesía para ser de alguna parte?. Transcribo uno de los poemas de Borges donde el color local está ausente, pero que habla de lo argentino con imponderable finura. El poema se denomina "El Sur", pertenece a FERVOR DE BUENOS AIRES.
Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de
la sombra haber mirado
esas luces dispersas
que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar
ni a ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán, la humedad
-esas cosas, acaso, son el poema.No sólo puede haber poesía en la enumeración (J. Prévert fue maestro en eso), también puede emerger de allí la identidad. Nombrar es la operación expresiva desde la que se comunica la sensibilidad poética, la identidad del "ver como".
Pese a su rechazo a los localismos Borges, en 1935, se incorpora al decir y al pensar de un habitante del arrabal de Buenos Aires. Un hombre del arroyo, el Pegador, quien cuenta la historia de Rosendo Juárez, en "Hombre de la esquina rosada". Allí hay una ambientación terminológica definida, búsqueda de color local. Enumero de modo incompleto los términos empleados por quien relata la historia a Borges (dentro del cuento): laos (lados), esperiencia (experiencia), acreditao (acreditado), paquete (elegante), chambergo (tipo de sombrero), peliar (pelear), hembraje (las mujeres)... (2) Mediante un recurso literario Borges salva la incorporación de localismos: alguien cuenta algo al escritor y ese alguien habla según su condición y educación, es alguien del arroyo, término con connotaciones peyorativas.
Escribir como argentino parece ser sinónimo de escribir 'según la tradición argentina'. En ese caso, escribir como argentino es escribir de muchas maneras. Esta afirmación se funda en la tradición misma. La tradición argentina es mixta, claramente sincrética, como la de muchos otros países latinoamericanos. Está hecha de nuestras raíces aborígenes (originarias) tanto ranqueles como quichuas, aymaras o diaguitas; está hecha, también, de nuestras raíces hispanas, de las francesas, inglesas, alemanas, polacas, libanesas.... Se trata de las raíces de todas las corrientes de inmigración que han ido poblando Argentina y han ido dejando sus nutrientes culturales. De todo eso estamos hechos.
El ensayo aludido aquí fue escrito en 1932. Resulta sorprendente, por decir lo menos, que el problema allí debatido siga penando más de sesenta años después. Reclamar por la intromisión de culturas foráneas en pro de la constitución de la identidad nacional envuelve el afronteramiento de la cultura. Trazar las fronteras de lo nuestro es un modo de confinar la creatividad, el pensamiento, los horizontes. Defiendo la identidad frente a la neutralidad despersonalizada; me parece crucial el reconocimiento de los valores de la tradición de la tierra en que se vive. Conmoverse con lo propio de Atahualpa Yupanqui a la vez que con "Ewigkeit" de Jorge Luis Borges.
Cuando el horizonte se representa como frontera se comienza a dar vueltas en redondo. El tema es complejo. Alguien, un escritor, dijo algo así "escribe sobre tu pueblo y serás universal". Suele ser el criterio adoptado por el Jurado que concede el Premio Nobel de Literatura. Bien, pero escribir ¿cómo?. Se puede pensar que las cosas, en este ámbito, no deben definirse tanto por la obsesiva búsqueda de la identidad nacional, como por la buena o mediocre escritura literaria.
Remito al lector al ensayo mencionado en estas líneas. Concluye así: "Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama creación artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos o tolerables escritores."
PARES CUM PARIBUS N° 3
Encontrado en: http://rehue.csociales.uchile.cl/rehuehome/facultad/pares3/borges.htm