Qué era un Atlas para nosotros Borges? 

Por María Kodama


Un pretexto para entretejer en la urdimbre del tiempo nuestros sueños hechos del alma del mundo.

Antes de un viaje, cerrados los ojos, juntas las manos, abríamos al azar el atlas y dejábamos que las temas de nuestros dedos adivinaran lo imposible, la aspereza de las montañas, la tersura del mar, la mágica protección de las islas. La realidad era un palimpsesto de la literatura, del arte y de los recuerdos de nuestra infancia, tan semejante en su soledad.

Roma será para mí, su voz recitando las Elegías de Goethe, y Venecia para usted lo que yo le transmití un atardecer, en San Marcos, escuchando un concierto, París será Usted niño, terco, encerrado en un hotel comiendo chocolate mientras leía a Hugo, su manera de descubrir París, para mí, nuestras lágrimas cuando vi en lo alto de la escalinata del Louvre la Victoria de Samotracia, esa estatua sobre la que mi padre me enseñó la belleza. La belleza era la armonía materializada, era haber logrado lo imposible, detener la brisa del mar en el movimiento de los pliegues de la túnica para la eternidad. El desierto fue la batalla de Ondurmán y Lawrence y la mística del silencio, hasta aquella noche en que junto a las pirámides usted me ofreció un imperio de palabras, "modificó el desierto" y me reveló que la luna era mi espejo.

El tiempo era cóncavo y protector para nosotros, entrábamos en él como Odin y Beppo -nuestros gatos- en los canastos y en los armarios, con la misma inocencia y la misma ávida curiosidad para descubrir misterios.

Ahora estoy aquí, forjando un tiempo más allá del tiempo donde Usted recorre las constelaciones y aprende el lenguaje del universo, donde Usted sabe ya, que la poesía, la belleza y el amor son allí por su intensidad, incandescentes. Mientras, yo recorro aplicadamente los días, los países, las personas, cada instante que irá acercándose a Usted hasta que se cumplan todas esas cosas necesarias, para que otra vez se junten nuestras manos. Cuando esto suceda seremos otra vez Paolo y Francesca, Hengst y Horsa, Ulrica y Javier Otálora, Borges y María, Próspero y Ariel, definitivamente juntos, sólo luz para la

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