Julio Cortázar

Anecdotario. Semblanzas de escritores del diario El Sur, de Concepción, Chile, publicado el 24 de enero de 1999

        En toda casa rondan fantasmas, son esos personajes imaginarios que creamos y que llevamos metidos en nuestro seso. En consecuencia, cualquier casa puede convertirse en “Casa Tomada”. En ocasiones solemos enfrascarnos en la lectura, parece que lleváramos anteojeras, sólo podemos ver la página escrita y paulatinamente nos identificamos con situaciones, ambientes y personajes. Hay un lector que sigue una historia narrada, está muy cómodo en su sillón, frente a un parque de robles. Los sucesos transcurren con la velocidad de la luz y un hombre llega hasta un salón similar, trae un puñal y lo clava en el cuerpo del lector. ¿Es el lector de la novela?, ¿es el lector que estaba siguiendo la historia? Caracol del lenguaje, llama Cortázar al cuento, esa forma narrativa  que utiliza para decirnos una y otra vez que la realidad tiene tal complejidad que no es raro que sea superada por la ficción. En toda la obra de este escritor, superficialmente disparatada a primera vista, se observa la influencia de lo absurdo y lo fantástico, incorporada máximamente en el superrealismo. Sin embargo, debajo de esta forma, hay una profunda inquietud existencial y la búsqueda de nuevas relaciones entre los seres y las cosas. Entonces no resulta raro que “Rayuela”ofrezca al lector varias posibilidades de lectura. ¿O acaso la realidad es la misma para usted que para su vecino?

   Hay un cuento corto de Cortázar muy representativo de su estilo y de su forma de concebir el entorno, se llama “Haga como si estuviera en su casa”. Aquí, el narrador emplea tres palabras inventadas por él o, mejor, tres vocablos a los que les da un significado singular. Se trata de los “cronopios”, espíritus libres;  los “famas”, conformistas; y los esperanzas, seguidores. Este es el cuento:

   “Una esperanza se hizo una casa y le puso una  baldosa que decía: bienvenidos los que llegan a este hogar.

   Una fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas.

   Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre   puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro”.

   Otro cuento que podría facilitar las claves cortazianas es “La noche boca arriba”. El epígrafe ya es bello:  “Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; le llamaban la guerra florida”. El lector aquí podrá descifrar cinco elementos que le abrirán las puertas del cielo fantástico  del autor: la estructura de la narración; la creación del suspenso; la realidad versus sueño; la interpretación del desenlace, y las características principales del arte narrativo de Cortázar. Salvado lo anterior, “Rayuela”, estará al alcance de la mano; tal como su uno de sus ensayos sobresalientes, “La vuelta al día en ochenta mundos”. U otros cuentos que podrán encontrarse en “Final del juego” y “Las armas secretas” y, por último, un par de novelas más, geniales y sugerentes, “62: Modelo para armar” y “El libro de Manuel”. Con esas lectura, la noche se convertirá en penumbra, y la penumbra en día claro.