FINAL DE JUEGO (1956-1964)

Después de la publicación de Bestiario,  en 1956 aparecen la recopilación  cuentos de Final del juego, que en 1964 se verá ampliada.

Cortázar se reconoce en esta segunda serie de cuentos "más maduro y más exigente". A estos dos primeros libros los separan circunstancias biográficas decisivas: los primeros cinco años de vida de Cortázar en París, que significaron "una. positivización en mi vida personal e intelectual que reemplazó de alguna manera la carga neurótica de la época porteña (...), las angustias y los problemas siguieron, pero con un sentido diferente, con un signo mucho más positivo"       

El proceso de maduración vital y narrativa de Cortázar se hace evidente, sobre todo, en cómo se modifica su concepción de lo fantástico. En los cuentos de Final de juego, lo fantástico no reside, como en Bestiario, en la irrupción de un hecho inexplicable o maravilloso en la realidad cotidiana. Hay todavía algunos relatos que se apoyan en lo "extraño" (por ejemplo, el tema de la reencarnación en "Una flor amarilla"), pero en casi todos los relatos de Final de juego, lo fantástico irrumpe y se concentra en la sintaxis del relato.

El brevísimo cuento "Continuidad de los parques", relata dos historias. En la primera historia, un hombre de negocios llega a su finca, se arrellana en su sillón y se enfrasca en la lectura de una novela. La segunda historia narra un crimen pasional: dos amantes traman el asesinato de un hombre de negocios. Ambos relatos sorprenden por su intenso realismo: leídas por separado no aparece en ellas ningún elemento fantástico notable. Lo fantástico se apodera del relato cuando las dos historias se funden (sintaxis del relato): la novela que lee el hombre de negocios es la historia de dos amantes que deciden asesinar a un hombre de negocios, justo en el momento en el que éste, por fin, está leyendo una novela que ha tenido en mente todo el día. En esa novela...     

De este cuento dijo Cortázar: "Yo, que no escribo nunca dos veces un cuento, éste lo he escrito quince veces y todavía no estoy satisfecho. Creo que le faltan aún elementos de ritmo y tensión para que pueda llegar a ser diminutamente perfecto".  

En casi todos los cuentos de Final del juego, Cortázar deja abierto un intersticio, un silencio que interroga.

"Los venenos" es un  cuento muy autobiográfico en el que Cortázar rememora su infancia en Banfield. Se trata de un cuento intensísimo, aunque en él apenas pase nada. 

En “Los venenos” el silencio interrogante es lo que separa la versión de los hechos que cuenta el  narrador adolescente y la que se puede descubrir debajo de su narración. Las inhibiciones, el sufrimiento humilde, pero casi insoportable del niño dejan entrever otra historia no narrada, la de Hugo y Lila, -sugerida por huidizas miradas que delatan, confirmada por la presencia, también volátil, de la pluma de pavo real...  

En "Axolot"  la sintaxis fantástica del cuento se asienta en un cruce de percepciones: la visión que tiene el narrador del axolot se superpone a la visión que tiene el axolot del narrador. Del enfrentamiento de estas dos perspectivas surge la significación del cuento.

En "Final de juego"  tres adolescentes (Leticia, Holanda y la narradora) huyen del mundo de acá al traspasar la puerta blanca,. El mundo de acá es la realidad, una realidad mezquina de madres y tías de carácter agrio, de montañas de platos por lavar, de obligaciones rutinarias, de envidias y resentimientos, de aislamiento del mundo, de enfermedades y  limitaciones físicas...  Sin embargo, al cruzar la puerta blanca entran en su reino, es decir en otra dimensión de la realidad. Allí se transforman en el ritual de su juego: crear y representar estatuas y actitudes justo cuando el tren pasa fugazmente por delante.          

 El juego de las niñas (y con ello, el mundo de su infancia, pues “Final de juego"  es un cuento de formación o aprendizaje ) se acaba cuando Ariel (y con él la realidad exterior) trata de penetrar en el juego, cuando la visión del juego contamina la de las niñas y turba la complicidad y armonía de las niñas.