La impudicia debida


Julio Cortázar: mundos y modos, de Saúl Yurkievich
Madrid, Anaya y Mario Muchnik, 1994.
289 páginas.

Aunque existe ya cierta legítima fatiga en los lectores ante la sucesión aparentemente infinita de "amigos" de Cortázar que no cesan de perpetrar libros y confidencias, este volumen merece atención. Saúl Yurkievich que se reivindica amigo de "Julio" y precoz y sostenido admirador de su obra, ha sido, también, su albacea literario y demostró su idoneidad en la preparación de la obra crítica que recogió en tres tomos recientemente Alfaguara.

Este nuevo libro, que advierte impúdicamente desde su breve introducción que su crítica será "siempre cómplice y a menudo mimética", es un producto de aluvión: entiéndase bien, de la organización a posteriori de materiales diversos concebidos a lo largo del tiempo y con distintos fines. Curiosamente son estos rasgos los que lo hacen interesante. Yurkievich reúne con criterio libérrimo estudios ensayísticos que pueden versar sobre el humor en Rayuela ("Eros Ludens") o sobre la identidad argentina de Cortázar ("Mate, tango y metafísica") con breves reseñas de libros, y hasta llega a incluir un reportaje doble -a Cortázar y a sí mismo conjuntamente-.

La exhibición de su amistad y la aparente impudicia de hablar de sí mismo, funcionan en este caso a favor de la legibilidad y vitalidad de las ideas que ensaya. Refiero dos ejemplos: 1. Al inicio de su ensayo Yurkievich da su testimonio sobre la manera de hablar de Cortázar para contraponerlo luego con el estilo de su escritura siempre en tensión. 2. Cuando indaga sobre la "argentinidad" de Cortázar completa las referencias de su formación cultural porteña con las suyas propias, con lo que contextualiza los datos a través de un testimonio personal. Alejado de la asepsia académica y de sus ritos, el libro de Yurkievich tiene ideas, aunque a veces parezcan sofocadas por la desmesura apasionada de un estilo algo enfático de más.

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© Brecha, Montevideo, 19 de enero de 1996