El cochabambino es el nuevo ganador del premio nacional de novela
El mundo literario de Paz Soldán
El mundo literario de Edmundo Paz Soldán es una ciudad que ha llamado Río Fugitivo de la que se parte hastiado, dice la autora de este ensayo sobre la obra del flamante ganador del V Premio Nacional de Novela, fallado este viernes. En la novela ganadora, El Delirio de Turing, el cochabambino vuelve de nuevo a su ciudad.
Freda Mosquera
La Prensa. La Paz - Bolivia 23-03-2003
Las novelas de Edmundo Paz Soldán están ligadas entre sí por conexiones secretas, claves y símbolos que se entrecuzan por sus páginas, habitadas por personajes que conviven en los mismos escenarios, que padecen los mismos dramas, como en una película de Krzysztof Kieslowski, que aparecen y desaparecen, guiados por obsesiones que persisten.
Sus novelas son acertijos que se resuelven sólo al final, cuando sus personajes fracasan frente a la mentira, la muerte, la soledad o el amor.
Una literatura nueva para un nuevo milenio, un milenio de hombres, mujeres y niños que sucumbieron ante la idolatría de la técnica y la fascinación del mundo digital.
La narrativa de Edmundo Paz Soldán se ha consolidado como una de las voces latinoamericanas más promisorias en los Estados Unidos. El autor de Río Fugitivo, Días de Papel, Alrededor de la Torre, Las Máscaras de la Nada, Desapariciones, Amores Imperfectos y Simulacros nos presenta su más reciente novela: La Materia del Deseo, publicada por Alfaguara-Santillana. En ella, Paz Soldán describe sabiamente la paradoja del inmigrante, el eterno dilema del retorno y del desarraigo que nos convierte para siempre en extranjeros en cualquier lugar de la tierra.
Al regresar a Río Fugitivo, Pedro Zabalaga, profesor boliviano que dicta la cátedra de Política y Dictadura en la Universidad de Madison, dice: “Esta ciudad es mía, pero aun así, me sentiré un extraño mientras no encuentre una mirada conocida en la cual apoyarme, una mirada que me rescate de esos páramos de soledad, donde suelo ir con frecuencia a la menor torpeza de la realidad”.
Huyendo del paraísoMeses más tarde, al partir dirá: “Sólo deseaba alejarme lo más pronto posible de Río Fugitivo, escaparme de esa ciudad, como lo había hecho antes de Madison, como si una cualidad que acabara de descubrir en los espacios que habitaba fuera su capacidad para expulsarme de ellos. Como si se tratara de una maldición, o mejor parecía que una de mis cualidades fuera a escapar de los espacios que habitaba, como si ello significara el fin de mis pesares”.
En La Materia del Deseo, Pedro Zabalaga viaja a Bolivia, huyendo “de la hermosa y dulce y cruel y frenética Ashley”. Si jugamos con las palabras, como lo hace Paz Soldán en sus novelas, criptogramas que el lector debe resolver, esta joven norteamericana, alumna que perturba al joven maestro, lleva en su nombre un signo secreto: Ash, que significa ceniza en inglés, y que unida a la palabra ley, en español, significaría “la ley de la ceniza”: “Y en ese instante supieron al unísono, de una vez por todas y para siempre, que pronto serían aquello para lo que habían nacido y que mil permutaciones habían ocultado: ceniza”.
Pedro Zabalaga se inventa un propósito de viaje,descifrar en su país natal, en la ciudad de la que nunca se ha ido, Río Fugitivo, las claves secretas de una novela: Berkeley, escrita por su padre asesinado, regresando a los lugares y seres que él conoció, intentando recuperar memorias perdidas, revivir hechos ya olvidados, versiones de sueños y traiciones sepultadas.
Edmundo Paz Soldán, que es doctor en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Berkeley y en la actualidad es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell en Ithaca, New York, nos revela en La Materia del Deseo el mundo académico de las universidades norteamericanas, la mirada del Norte sobre América Latina, dividida en departamentos, compartimentos, países y temas, revoluciones y dictaduras, invasiones y golpes militares: “Latinoamérica era una suerte de gran parque forestal en la plenitud del verano, azotado por incendios de un extremo a otro, furiosos brotes que uno contenía a duras penas, para verlos renacer al poco tiempo, o ver nacer en otros diferentes lugares”.
Las universidades como centros generadores del pensamiento humano, simbolizadas en Berkeley, meca de los intelectuales y en su momento cuna de revoluciones, pero también las universidades como centros castradores del pensamiento humano, simbolizadas en “la ciudadela” de Río Fugitivo, una universidad que tras convertirse en foro de oposición a Montenegro fue clausurada y expropiada, y luego convertida en la sede regional del Ministerio de Informaciones, donde son precisamente los jóvenes profesionales de los medios de comunicación quienes utilizan su destreza para borrar el pasado de un dictador, frases de sus discursos, escenas de sus videos, rostros de personajes comprometedores aparecidos en fotografías. Los personajes de La Materia del Deseo buscan desesperadamente una verdad, pero fracasan en su intento; fracasa Carolina, con el cierre de su miniempresa dedicada a recuperar los correos electrónicos escondidos en los recovecos inimaginables de una computadora.
Fracasa Ashley, que puso sus esperanzas en la compraventa de acciones a través de la internet y huye arruinada de un matrimonio sin amor. Fracasa René Mérida, llegando hasta las últimas consecuencias para librarse del estigma de traidor heredado de su padre. Fracasa Jaime Villa sin poder borrar su oscuro mundo de narcotraficante con el hálito de Robin Hood de la sierra. Fracasa Pedro Zabalaga en su búsqueda del padre perdido, encontrándolo donde no lo esperaba.
Si en su novela Sueños Digitales Edmundo Paz Soldán cuestiona el mundo de los vencedores que intentan borrar su pasado corrupto con el “click” del mouse, en La Materia del Deseo indaga en el mundo de los vencidos, de una generación con sueños equivocados, “una generación que vivía para la muerte, que encontraba su realización en la muerte. El punto más alto de su vida era su trascendencia en la muerte”.
De las páginas de La Materia del Deseo surge un personaje entrañable, el tío David, el único sobreviviente del asalto de los militares a un apartamento de la calle Unzueta, donde se reunía con un grupo de subversivos liderados por su hermano y padre de Zabalaga: Pedro Reissig. Mirándonos con su único ojo, el izquierdo, el derecho lo había perdido cuando una bala se lo atravesó la noche del asalto, el tío David se defiende de la muerte, de quedar convertido en ceniza, haciendo crucigramas, creando una radio que le permita captar las voces de los muertos, coleccionando objetos en desuso, antiguas máquinas donde se escribieron cartas de amores trágicamente cruzados, como se cruzan las palabras en los crucigramas.
“Los crucigramas tenían un gran poder democratizador: igualaban en su grilla a inventores, deportistas y actrices. El siglo se había ido; uno comenzaba a acumular sus hechos más notables e insólitos junto a los de otros siglos, en un inmenso paraje de suelo y amnesia, y quedaban los crucigramistas para recordarnos tantas batallas en las que alguna vez hubo sangre, tanto nombre que alguna vez deslumbró, tanta vida ya más que muerta y agusanada. Daba para la risa y para la melancolía; daba quizás para una risa melancólica”.
El universo del amorEl tío David empezó a escribir crucigramas inspirado en Benjamín Laredo, el crucigramista de Piedras Blancas, y personaje del cuento Dochera, de Edmundo Paz Soldán, con el que obtuvo el Premio de Cuento Juan Rulfo en el año 1997. Allí, Benjamín Laredo enloquece de amor ante la visión de una mujer sin edad, con un mechón de pelo blanco que caía sobre sus ojos, y a la que enviaba mensajes de amor a través de sus crucigramas.
En sus cuentos de Amores Imperfectos, Edmundo Paz Soldán explora el universo del amor, los misterios que mueven el corazón humano y que conducen al infierno cuando se busca el paraíso.
Así es el mundo literario de Paz Soldán, con una ciudad que ha llamado Río Fugitivo de la que se parte hastiado, pero a la que siempre se quiere regresar, y que bien pudiera ser su Cochabamba natal, una ciudad que naufraga, sin mar, en los procesos de aculturación, donde los personajes buscan el amor en el cuerpo y en el lugar equivocados, donde los hombres se rinden frente a mujeres indescifrables, y donde la obsesión permanente de crear personajes solitarios que necesitan desesperadamente comunicarse con un padre, se repite, como en su cuento Faulkner, publicado en la antología Se habla español; como en La Materia del Deseo, donde la búsqueda del padre a través de una novela póstuma condena al inocente, víctima de un acertijo descifrado con las claves equivocadas.Encontrado en: http://www.laprensa.com.bo/fondo_negro/20030323/art03.htm