Hace dos semanas tuvo lugar el I Encuentro de Autores Latinoamericanos, en Sevilla, España, para hablar de la nueva narrativa latinoamericana. Acudieron doce de los mejores exponentes, entre ellos el boliviano Edmundo Paz Soldán. Los escritores dijeron que no conforman un grupo homogéneo, por más que les unan la edad y su voz alzada, y que nadie debe ver en ellos la paternidad literaria directa de Vargas Llosa, García Márquez o Cortázar. Les exigen ser como los del boom, hombres politizados y radicales, pero no lo son y rechazan los clichés.
En la era de la saturación mediática
Edmundo Paz Soldán llevó una ponencia sobre la narrativa latinoamericana al encuentro de autores latinoamericanos en Sevilla, España
Edmundo Paz-Soldán
El chileno Alberto Fuguet y el argentino Rodrigo Fresán son dos de los escritores más emblemáticos de una generación que ha aparecido en el panorama literario latinoamericano en la década del 90. Esta generación ha crecido desconfiando de propuestas ideológicas y promesas utópicas de liberación social, se mueve con soltura en un mundo de fast-food y fast-culture, y se halla a veces demasiado preocupada por las leyes del mercado que, hoy por hoy, parecen regir hasta el valor estético de una obra literaria.
A sus autores más conocidos no les interesa cultivar el tradicional linaje del intelectual latinoamericano, comprometido con su sociedad y muy dispuesto a usar su rol público de conciencia moral. Fuertemente individualistas, a veces ni siquiera se sienten cómodos representando a su generación.
Uno de los elementos más reconocibles en estos narradores es su obsesivo interés en la cultura de masas. En su estética, como sugiere Ana María Amar en Juegos de seducción y traición, se puede ver cómo la cultura de los medios de masa se ha establecido firmemente dentro del campo literario.
Hay en estos narradores una filiación con una larga serie de escritores que han entrelazado lo mediático con la representación del paisaje urbano: Roberto Arlt, Manuel Puig, los narradores mexicanos de la Onda. A diferencia de estos narradores, sin embargo, escritores como Fresán y Fuguet no están interesados en dejarse seducir por la cultura de masas para luego marcar las necesarias distancias entre el espacio de la cultura alta —la literatura— y el de la cultura de masas —los medios. Quizás ya no es posible marcar esas distancias: la cultura de masas, sugiere Amar, “ha invadido todo y es la vía de acceso a la representación”.
Dos novelas paradigmáticasPor favor, rebobinar (1994), la segunda novela de Alberto Fuguet, y Mantra (2001), la segunda novela de Rodrigo Fresán, son en este sentido textos paradigmáticos que ponen en juego diferentes discursos de la cultura de masas en su nada tradicional estructura narrativa.
La novela de Fuguet reflexiona sobre el lugar de la escritura en la nueva ecología mediática. La de Fresán, por su parte, no sólo registra la instalación de los medios dentro del campo literario, sino que también reflexiona sobre el problema paralelo de la información y su poder viral, su tendencia a la más caótica proliferación.
La novela de Fuguet tiene la forma de un mosaico de ocho piezas (capítulos), que, junto a los ocho anexos que separan un capítulo de otro, van armando una historia, una especie de retrato de familia: la de un grupo de jóvenes de la clase acomodada santiaguina, todos ellos conectados con la economía de servicios generada por la industria cultural (la moda, la televisión, la radio).
La cultura de masasEn la novela hay cabida, a través de los anexos, para todo tipo de discursos de la cultura de masas escritos por los propios personajes: entrevistas a escritores y músicos, reseñas de libros y películas y compact discs, columnas que dan cuenta de la vida nocturna santiaguina, etc.
Rodrigo Canovas ha criticado la estructura narrativa de la novela: al presentarse como un “relato donde varios personajes otorgan un testimonio de sus vidas, la estructura se ve confinada a muchos microrrelatos entretenidos que surgen en el interior de cada historia, debilitándose la visión de conjunto”.
Hay una jerarquización implícita en Canovas, en la cual la forma tradicional de la novela, lineal (con principio, medio y fin), es superior a una forma menos lineal. Esta visión tradicional, sin embargo, corre el riesgo de quedar obsoleta en el momento histórico en el que vivimos, en el que “la lógica cultural de la información ha destruido toda noción de orden. Principios no lineales de forma son, de hecho, el significado de una cultura acostumbrada a la fragmentación y el montaje. La información, en este contexto, aparece como un abanico de opciones y no de manera secuencial. Descifrar este abanico ––o incluso producirlo——ya no es más el signo de una experiencia ‘esquizofrénica’, sino la producción de códigos de experiencia como una nueva lógica social”. (Druckrey 83).
En la misma estructura formal de su novela, Fuguet pone en juego el “espejo trizado” en el que se mueve, en el Chile neoliberal del pasado fin de siglo, un grupo de jóvenes miembros de “una generación desencantada, idiotizada, apática, solitaria, traumada, sobreestimulada y adicta”. Estos jóvenes le tienen miedo a envejecer (los treinta años es la edad temida) y viven como adolescentes.
Mantra, el otro ejemploComo señalé anteriormente, a diferencia de Fuguet y otros narradores de la nueva generación, en la novela de Rodrigo Fresán no sólo se registra la instalación de los medios dentro del campo literario, sino que también se puede observar una reflexión sobre el problema paralelo de la información y su poder viral, su tendencia a la más caótica proliferación. Mantra es, en este sentido, una novela de las “multiplicidades de la información”. De acuerdo con John Johnston en su libro Media Multiplicity: American Fiction in the Age of Media Saturation, este tipo de novelas tiene como preocupación principal la información y sus diferentes ensamblajes tecnológicos de comunicación.
Los novelistas de la “multiplicidad de la información”, entre los que Johnston cita a los norteamericanos Thomas Pynchon y Don DeLillo, y entre los que yo incluiría a Fresán, registran el mundo como una multiplicidad y articulan nuevas multiplicidades a través de ordenamientos formales novedosos y narrativas en las que se dan cita las más heterogéneas formas de información.
Igual que los modernistasDejan que ingrese en su red una serie diversa de signos y discursos que les sirven para dar cuenta de las nuevas formas de subjetividad que emergen en esta ecología mediático-tecnológica. Utilizan técnicas escriturales que no se ocupan sólo de mostrar la información, sino también de explorar la misma lógica de su diseminación: “Están interesados en mostrar cómo la información es recibida, grabada y diseminada en relación a los sujetos y a las tecnologías de la nueva información”.
Las novelas modernistas de Proust, Joyce y Mann —entre otros— aparecieron en un contexto histórico marcado por la aparición de nuevas tecnologías mediáticas de procesamiento y almacenamiento de la información, y trataron de representar el lugar de la conciencia, en esta nueva ecología mediática, mostrando la continua internalización de códigos tecnológicos de percepción que preanuncian las realidades virtuales de la percepción contemporánea.
Las novelas de la “multiplicidad de la información”, en otro momento histórico —desde la década del setenta en adelante—, intentan registrar en su escritura, de manera más directa, los efectos de esas tecnologías mediáticas en el mismo momento en que están siendo transformadas por esas mismas tecnologías.
Muestran también un aparato psíquico totalmente alterado por esas tecnologías e incapaz de ser pensado sin ellas. Aquí cabría mencionar que varios críticos han mencionado las deudas de Rodrigo Fresán con Julio Cortázar, en especial con su novela Rayuela. Sin embargo, siguiendo la distinción de Johnston, habría que señalar que Cortázar es deudor del modernismo, pues su estética está sobre todo preocupada en mostrar novelísticamente el lugar de la conciencia en una nueva ecología mediática, mientras que Fresán asume como punto de partida un escenario marcado por la saturación mediática, para luego tratar de registrar los efectos de esa saturación a través de la interrelación entre diversos sistemas escriturales, diversos medios y tecnologías de la información. En Cortázar, la conciencia es capaz de abarcar la información; en Fresán, la información excede la capacidad de la conciencia de abarcarla.
La Prensa, La Paz - Bolivia, 13-07-2003