Los retos de un escritor boliviano

Edmundo Paz Soldán habla sobre el encanto de romper con la tradición.

Por Ingeborg Portales Marino. Especial para El Sentinel
6/11/2005


 

El boliviano Edmundo Paz Soldán pertenece a una generación que, al decir del mexicano Carlos Fuentes, "está comprometida con la ausencia de un compromiso". No es extraño por tanto que participara, vía la publicación de McOndo, una antología de nueva literatura hispanoamericana (Grijalbo-Mondadori), en un grupo de escritores que buscaba romper con el boom latinoamericano, especialmente con el llamado realismo mágico.

Paz Soldán, como el chileno Alberto Fuguet, el argentino Rodrigo Fresán o los mexicanos Ignacio Padilla y Jorge Volpi, entre otros, se convirtió inmediatamente en una de las voces narrativas más importantes del continente. Desde sus primeros cuentos (Las máscaras de la nada y Desapariciones) hasta sus libros de narrativa Desencuentros y El delirio de Turing, Paz Soldán se apartó del preciosismo poético del boom para abordar otra temática: las nuevas tecnologías, la internet, las fotografías digitales, los hackers informáticos.

Así, en su atemporal e imaginario Río fugitivo, zona donde se desarrollan varias de sus novelas, conviven naturalmente estos elementos desafiantes de la modernidad con la pobreza que azota a cualquier país latinoamericano.

Pero una ruptura generacional no significa que Paz Soldán no tenga influencias de autores latinoamericanos. Cita, por ejemplo, al gran Jorge Luis Borges. "[Se me hace] imposible escapar de Borges, sobre todo por sus cuentos", explica el escritor boliviano, que trabaja desde hace varios años como profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell.

Las armas de la irreverencia y la solemnidad tienen un doble filo.

¿No resultan peligrosas si no se las sabe manejar?

"Ningún extremo es bueno, y hay que escuchar sobre todo tu voz interior. De nada sirve la irreverencia por la irreverencia misma, y tampoco si no conecta con algo tuyo, personal. Hay escritores serios, cuyo tono natural es más bien solemne, y es mejor eso a forzar algo que no va con ellos".

¿Sus lectores apasionados por los desafíos tecnológicos estarían más identificados con sus obras?

"Ciertas novelas mías, las que abordan temas tecnológicos, tienen un público sobre todo joven. El desafío es que la novela resista la lectura de gente que ni siquiera esté interesada en la tecnología".

Siempre hace referencia a la ausencia de compromiso e indiferencia del ser humano, ¿por qué?

"Porque siento que es una asignatura pendiente de mi generación. Quizás nos hayamos equivocado menos que generaciones anteriores, pero es porque hemos arriesgado menos".

Juega mucho con el limite entre la ficción y la realidad.

¿Qué rol espera del lector?

"Que sepa distinguir. Pero si hay confusión, no está mal: significa que ha creído tanto en mi ficción que la ha asumido como verdad".

¿Sigue interesado en sorprender con el "efecto final" del cuento?

"Ya no tanto, al menos no quiero forzar nada. Me interesa más el efecto emocional, lo que te deja el cuento días, semanas después de haberlo leído, no el impacto inmediato de la gran sorpresa".

¿Cómo es la relación de un escritor con la enseñanza de la literatura?

"Es un poco esquizofrénica porque a veces leo como escritor, otras como lector común y corriente, y otras como profesor. La enseño más como profesor, dando a los estudiantes un contexto para entender el texto, pero es imposible la separación y hay ciertas cosas que capto gracias a mi experiencia como escritor y lector simple".

A cinco años de la publicación de la antología Se habla español, ¿qué importancia cree que tuvo y que sigue teniendo?

"Creo que el prólogo pecó de optimista, pero bueno, lo escribimos antes del 11 de septiembre de 2001, en otro clima en los Estados Unidos. Había una sensación de que las fronteras eran más porosas y abiertas de lo que son ahora. Yo creo que la antología sirvió para hacer conocer a varios autores latinoamericanos de mi generación que no habían circulado todavía en Estados Unidos. Quizás hoy incluiría a más autores latinos, insistiría en poner a dialogar a autores que escriben en español con los que escriben en inglés".

Usted señala que "Berkeley [en California, donde Paz Soldán obtuvo un doctorado en letras] es un ambiente que impulsa a la creatividad y su adolescencia en Cochabamba es, a su modo de ver, comparable con Berkeley".

"Lo que pasa es que Berkeley es un lugar alucinante, en el que siempre estás aprendiendo algo; sólo basta con caminar la ciudad, ir a un supermercado, cualquier cosa. Viví allí seis años y descubrí que podía ser feliz en Estados Unidos. Se ha convertido, como Cochabamba, en mi paraíso perdido".

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