Thomas Bernhard. La actualidad de un rebelde

Muchas décadas antes de que Elfriede Jelineck escandalice a su país con discursos antiaustríacos en recepciones de premios, Bernhard ya le marcaba el camino. El escritor nutrió su obra de un odio declarado a su país y fue el referente para muchas figuras de las letras latinoamericanas actuales

Edmundo Paz Soldán

El Deber, Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 19, Febrero de 2005


Hace un par de meses, durante la presentación de su nueva novela, Javier Marías comentó que los dos autores que más lo habían influido en los últimos años habían sido Thomas Bernhard y W. G. Sebald. Fue en esa misma época que la editorial Siruela decidió reeditar, actualizada, la biografía de Bernhard escrita por su magnífico traductor al español, Miguel Sáenz. Poco después, en enero, la Comédie Française anunció la inclusión en su repertorio de la más controvertida de las obras de Bernard, Heldenplatz (Plaza de los Héroes). Y por ahí me comentan que un ambicioso proyecto editorial en Austria está publicando las obras completas de Bernhard en 22 volúmenes. A 15 años de su muerte, el escritor austríaco está por todas partes. Y se ha producido, con él, ese extraño fenómeno de absorción de lo incómodo del que ya tenemos tantos ejemplos: el gran odiador de Austria es, ahora, un gran prócer de la literatura austríaca, alguien que uno, sin ruborizarse, puede mencionar en la misma frase junto a escritores de la talla de Schnitzler y Musil.
En la biografía escrita por Sáenz se aprende que Bernhard nació en 1931 en Holanda, aunque siempre se consideró, en sus propias palabras, "sólo, sólo austriaco". No conoció a su padre y tuvo una relación conflictiva con su madre. La persona que más lo marcó durante su infancia fue su abuelo materno Johannes Freumbichler, un anarquista que, a diferencia de muchos austríacos, odió siempre a los nazis. El abuelo encarnaba lo que Bernhard hubiera querido ser: "un creador infatigable, un marginado, un intelectual entregado a la literatura y cuya vida se justifica por ella". Freumbichler llegó a ganar el premio nacional de literatura austríaca, y aunque hoy ha sido olvidado, Sáenz recuerda que su figura reaparece variadas veces en la obra de su nieto: Strauch en Helada, Caribaldi en La fuerza de la costumbre, y "todos los científicos, literatos y filósofos embarcados en empresas desesperadas a las sacrifican su vida".
Bernhard vivió la infancia y la temprana adolescencia en el mundo rural y conservó ese período como su paraíso perdido. A los trece años se fue a vivir en Salzburgo. Alguna vez Vargas Llosa escribió que tenía con el Perú una relación de amor/odio, y que éste era el mejor tipo de relación que un escritor podía tener con su país. Bernhard nos convence que la relación odio/odio con una ciudad y un país no es menos creativa y estimulante. En su libro autobiográfico El origen, Bernhard escribe sobre Salzburgo: "Todo en esa ciudad está en contra de lo creador… la hipocresía es su fundamento, y su mayor pasión la falta de espíritu… Salzburgo es una fachada pérfida, en la que el mundo pinta ininterrumpidamente su falsedad… Mi ciudad de origen es en realidad una enfermedad mortal". Ya sabemos que los extremos se tocan y que la fuerza de ese odio puede ser también una forma de amor. Porque, ¿qué habría sido de la obra de Bernhard sin su odio virulento hacia Salzburgo o Austria?
Bernhard estudió violín y canto en Salzburgo y algunos especulan que la calidad de su voz podía haberle dado algún futuro en el mundo de la ópera. En 1948, sin embargo, un resfrío mal curado interrumpirá sus estudios, terminará en tuberculosis y lo convertirá en un hombre enfermo por el resto de su vida. Bernhard padeció de sarcoidosis, un enfermedad que ataca al sistema linfático y a los pulmones. Se puede leer la insuficiencia respiratoria con la que Bernhard convive en la forma que toma su prosa, una secuencia de frases en las que prácticamente el punto aparte jamás es usado. Un ritmo musical, sí, en sus recurrencias y repeticiones, pero también el ritmo claustrofóbico, agobiante, de un hombre al que le cuesta respirar.
Bernhard comenzó como poeta a finales de los años 50, pero una reseña negativa a una de sus obras lo apartó de la poesía. Se concentró, entonces, en el teatro y en la novela. En 1963 publicó su primera novela, Helada, que le deparó un par de premios importantes y lo puso en la primera fila de la narrativa escrita en alemán. En 1968 recibió un premio del Estado austríaco, y su discurso de agradecimiento provocó un escándalo. Entre 1975 y 1982 publicó los cinco libros que componen su autobiografía. Esos libros -El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño- son considerados hoy como cumbres de su obra, junto a novelas como Corrección, Trastorno y La calera. En noviembre de 1988, tres meses antes de su muerte, se estrenó su última obra teatral, Heldenplatz. Heldenplatz es la tristemente célebre plaza vienesa donde, en marzo de 1938, cien mil austríacos se reunieron para vitorear a Hitler y celebrar la anexión de Austria por parte de Alemania. En la obra, Bernhard llama a Austria "una cloaca sin espíritu ni cultura" y escribe: "el odio al judío, el trazo más característico de la naturaleza austriaca". El presidente Kurt Waldheim, ex-nazi, pidió que la obra no se la representara en un teatro oficial; el ministro de Exteriores quiso que se la prohibiera; cuatro actores se retiraron del proyecto antes del estreno. Cuando se desató el escándalo, Bernhard ya sabía que iba a morir; fiel a sí mismo, en vez de retractarse, añadió a la obra algunas frases "aún más abominables".
En la biografía de Sáenz uno se puede enterar de su personalidad contradictoria: odiaba a los niños, pero era muy cariñoso con ellos; se creía un hombre de ciudad, pero vivió gran parte de su vida aislado en el mundo rural (su casa en Obernathal se ha convertido en un lugar de peregrinación); era solitario, pero no le gustaba la soledad. Su única pareja estable fue Hedwig Stavianicek, una mujer 37 años mayor que él, y le fascinaban los amigos de la alta aristocracia; era un fetichista del calzado fino y se encontraba a gusto en España, en especial en Palma de Mallorca.
Javier Marías fue el descubridor de Bernhard en España; en un artículo publicado en 1977, Marías pide que sus obras sean traducidas al castellano. El primer informe en el que se le recomienda a Alfaguara la publicación de toda la obra del escritor austríaco es del mismo Sáenz, que luego se convertiría en su principal traductor al español. La influencia de Bernhard se encuentra en Marías, cuyos personajes tienen una relación cada vez más crítica con España. En cuanto a autores latinoamericanos, se puede mencionar a Horacio Castellanos Moya (El asco: Thomas Bernhard en San Salvador es un gran homenaje), Ricardo Piglia (un personaje de Respiración artificial traduce a Bernhard), y a Fernando Vallejo, cuyas diatribas contra Colombia se entienden mucho mejor después de haber leído a Bernhard. La lista es amplia, y no hay duda que continuará ampliándose.