Cruzadas
Juan
Gelman
El 12 de febrero
pasado se produjo en EU un hecho que asombró a no pocos: el ex vicepresidente
demócrata Al Gore elogió sin reticencias a Bush hijo por dirigir la mira de su
cruzada hacia “el eje del mal”: Iraq, Irán, Corea del Norte. Fue el primer
mensaje político de importancia que el frustrado candidato a la Presidencia
emitió desde las elecciones que le dieron el triunfo a su rival republicano.
Gore subrayó que la próxima etapa de la “guerra antiterrorista” ha de
consistir en la eliminación del régimen iraquí, para lo cual –dijo–
“debemos estar dispuestos a ir hasta el final”.
Es cierto que Gore apoyó en 1991 la resolución del Capitolio que autorizó a
Bush padre a declarar la guerra contra Saddam Hussein, pero sorprendió que
encomiara a quien le robó la Presidencia mediante un fraude electoral notorio.
¿Habrá impulsado a Gore la ola patriótica en boga en su país? ¿Un rapto de
honesta convicción que lo lleva a abandonar todo resentimiento y a respaldar a
Bush hijo, eso sí, casi cinco meses después del 11 de septiembre? ¿Otro
motivo? Ocurre que el 5 de febrero –una semana antes de que Al Gore hiciera
esas declaraciones– Bush hijo decidió ampliar la ayuda a Colombia (731
millones de dólares para 2003), destinar explícitamente asistencia para la
lucha contra la guerrilla y, en especial, 98 millones de dólares a la custodia
militar del oleoducto Caño Limón. Ocurre que es el más importante de Colombia
–770 kilómetros de largo–, que transporta el oro negro del yacimiento de
Arauco al puerto caribeño de Coveñas, que la guerrilla lo dañó l70 veces con
otras tantas bombas el año pasado, interrumpiendo su funcionamiento y sus
beneficios durante 226 días. Ocurre que el oleoducto es operado por la
Occidental Petroleum Corporation y sobre todo ocurre que la familia Gore posee
un buen paquete de acciones de la Oxy, como cariñosamente llaman al gigante
petrolero con sede en California.
Gore padre nunca fue rico hasta que, al terminar su mandato de senador en 1970,
Armand Hammer –fundador de Oxy y su presidente casi eterno– lo nombró
miembro del directorio con un sueldo de 500,000 dólares anuales. ¿Por favores
recibidos? Hammer solía decir que tenía “metido en el bolsillo trasero” al
viejo Gore. El hijo es ejecutor de un fondo fiduciario que incluye acciones de
Oxy por valor de 500,001 a 1.000,000 de dólares, según una declaración fiscal
jurada de 1999. Desde los años 70 Al recibe 20,000 dólares anuales de la
empresa por derechos de explotación mineral de un terreno que nunca perforó.
Hammer falleció en 1990 y en vida no sólo cultivó la amistad de Gore padre.
Neil Lyndon, ex miembro del personal de Oxy, cuenta en su libro de memorias
“Witness to History” (“Testigo de la Historia”) que el patrón invitaba
a cenar también a Gore hijo: “A menudo comían juntos con los cabilderos de
Oxy en Washington, quienes repartían, según las directivas de Hammer, decenas
de millones de dólares en sobornos y favores al mundo político”. Por
ejemplo, para las campañas electorales del Partido Demócrata. La inversión en
Al Gore rindió jugosos dividendos. A fines de 1997, el entonces vicepresidente
de EU abogó con éxito por la venta a Oxy del patrimonio nacional en el
yacimiento de Elk Hills, Bakersfield, California. Constituyó la mayor
privatización de propiedad federal en la historia de Estados Unidos, por un
valor de 3.65 mil millones de dólares.
No fue ésta la única dádiva de Clinton–Gore a Oxy–Gore. En 1999 el
secretario de Energía estadunidense, Bill Richardson, se reunió en Cartagena
con altos funcionarios del gobierno de Colombia, el presidente Pastrana
incluido, para que apoyaran los deseos de Oxy de explotar las reservas petrolíferas
de Samoré, en territorio de los cinco mil indios u’wa que habitan la Amazonia
colombiana. Estos resistían –y resisten– ese intento y Bogotá envió en
febrero del 2000 varios centenares de soldados que los expulsaron de tierras
legalmente adquiridas. Al notario que extendió los títulos de propiedad lo
encontraron muerto en enero de ese año. Los u‘was han declarado que se
suicidarán colectivamente, tirándose de un risco de 400 metros de altura, si
la Oxy empieza a perforar. La tradición cuenta que algo similar hicieron para
no someterse a los conquistadores españoles.
Al Gore se autoproclama campeón de la seguridad ambiental y como senador
presentó proyectos de resolución para defenderla... en Japón, Malasia y Papua
Nueva Guinea, pero se niega a recibir a los representantes de los u’was. Hace
decir a sus voceros que él nada tiene que ver con Caño Limón, un oleoducto
que ha derramado más de 2 millones de barriles del crudo en ríos y lagos cuyas
aguas se han tornado impotables y en suelos que se han vuelto estériles. Pero
Al sigue interesado en explotar las reservas de Samoré, que se estiman en 1,400
millones de barriles, es decir, más de 20 mil millones de dólares a los
precios actuales del mercado. Un bocado sin duda apetitoso.
“Estamos buscando una explicación a este ‘progreso’ que va contra la vida
–señala un manifiesto u’wa de agosto de 1998. Pedimos que cese esta clase
de progreso, que cese la explotación de petróleo en el corazón de la tierra,
que cese la sangría deliberada de la tierra... pedimos a nuestros hermanos y
hermanas de otras razas y culturas que se unan a la lucha en que estamos empeñados...
creemos que esa lucha debe convertirse en una cruzada mundial para defender la
vida”. Exactamente la contraria a la cruzada de Bush.