Valer
la pena
Serenidad, como lo
que sobreviene a la asunción de la derrota exterior (derrota de las ideas que
siempre pugnan por resurgir en su capacidad de ver, antes que nada, un mundo
solidario, habitable), es la dimensión que habita estos textos de Juan Gelman.
Y el sustrato del amor, amor a la mujer, como único espacio desde donde hablar,
ese amor que se transfigura en esperanza, en esperanza contra toda evidencia:
clarividencia, el poder abrir un claro en la oscuridad presente. El poder que
habita este libro no es nuevo en la poesía de Gelman: sus textos abrieron
siempre un espacio luminoso en la posibilidad –siempre insuficiente– del
decir, claro en la oscuridad sistemática del orden del mundo, en apuesta por la
también clara posibilidad de ser hombre –no sólo latinoamericano– y de
levantar, una vez más, la solidaridad como realidad. Potencia de la solidaridad
todavía latente, hay un habrá que insiste en la poesía de Gelman. Poesía que
no se olvida –desde sus inicios a estas páginas de hoy– sino que
redimensiona la memoria en su calidad de porvenir. Esa memoria, que supone la
asimilación del dolor humano como condición de sobrevivencia, no es una
emergencia en la poesía de Gelman; estuvo ahí como condición ética del decir
poético desde Gotán, Relaciones, Citas y comentarios o Incompletamente.
Condición, esa memoria que se redistribuye generosamente en el espacio del
poema como en los intersticios de la conciencia del lector, de un lugar
insoslayable para el hombre que por la palabra pero en el mundo podrá, sin
duda, ser.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) ha publicado, entre otros libros: Velorio del solo (1961), Gotán (1962), Los poemas de Sidney West (1969), Relaciones (1973), Notas (1979), Citas y comentarios (1979), Carta abierta (1980), Hacia el sur (1982), Salario del impío (1982), Anunciaciones (1985), Dibaxu (1985), Carta a mi madre (1987), Incompletamente (1995), Tantear la noche (2000). Juan Gelman recibió en el año 2000 el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.