Perteneciente a la denominada generación de la ruptura -según Octavio Paz-, la obra de este poeta argentino ha ido al compás de su vida de un modo insobornable. Oponente feroz a cualquier tiranía, comprometido con los movimientos sociales que lucharon (y lo siguen haciendo) contra la dictadura de Videla y sus devastadoras consecuencias, el autor de Velorio del solo ha conseguido aunar en su obra una poesía abierta al coloquialismo con un exigente uso del lenguaje, como manifestó en la presentación del libro en Madrid el editor Fernando Gómez Aguilera, que compartió mesa con otro gran amigo -y cómplice literario- de Gelman desde hace más de 20 años, el poeta Antonio Gamoneda.
Para éste último, después de tantas atrocidades vividas y sufridas, «Juan se ha mantenido, como dijo Cortázar, "volcado del lugar de la ternura"». Algo que ha quedado impreso, como no puede ser de otra manera, en Tantear la noche, donde el escritor ha vuelto a ahondar en sus demonios que son, en definitiva, los ejes de una existencia por y para la poesía desde una actitud activa, a pie de calle, a golpe limpio de conciencia. «Y es que Gelman ha conseguido interiorizar el lenguaje y hacerlo suyo, creando una unidad entre el que siente y el que escribe», explicó Gamoneda.
Palabras que fueron escuchadas desde la altura serena de Juan Gelman, que destapó su peculiar modo de recitar con unos versos que podrían ser una máxima de vida, de vitalismo, desencanto y contenida pasión: «Cuando el sufrimiento sea nada/ se cansará del amor que no hay y/ en sus sienes se abrirá el tiempo/ como una rosa ajada». Son, de nuevo, las palabras del poeta.
Encontrado en: http://www.el-mundo.es/2000/11/20/cultura/20N0142.html