¿Cómo?

¿Cómo sabe Andrea que la poesía no tiene cuerpo,
no tiene corazón y
en su hálito de niña pasa o puede pasar
y habla de lo que siempre no habla?
En la boca cuaja el mundo y a la luz
de pasados que Andrea ignora para nunca,
su memoria es una casa nueva donde otros rostros vivirán
y otros atardeceres, otros llantos.
Mejor así. Todo lo que se hunde ahora, este tiempo que se disuelve,
serán para ella páginas amarillentas olvidables.
Un día sabrá que existieron como ella misma,
entre lo imaginado y lo real.
¡Ah, vida, qué mañana cuando termines de escribir!

 

 

Viajes

Va a sus versos como quien va a su cueva.
Conoce a Telémaco, pero tiene urgencias oscuras, no griegas.
Penélope jamás le tejería un pulóver,
mucho menos se lo destejería.
Los amores de Príamo y Ariste lo tienen sin cuidado.
Aun así escucha címbalos y otras aventuras aéreas
que lo rodean como un destiempo, un deshogar.
La luz de las estrellas lo baña por ajena casualidad del universo.
De sus huesos caen hojas secas
que él contempla con estupor.
Tiene sangre, cada mañana lo golpean cuando viene del sueño.
Está desnudo y tiembla. Mira lo que no es.