Epitafio
Un
pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise
o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo
que el hombre debe serlo!
(Aquí
yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)
de
"Violín y otras cuestiones"
Está negra la madera de tu casa
Está negra la madera de tu casa
y el verde de tus plantas brilla como lustrado a mano /
te debe haber llovido mucha ausencia /
debe haberte apagado los fuegos que encendías
para leer tus pechos /
para saber quién anda por ahí /
en el verano de tu rigidez empujada /
¿qué sería la muerte sin la lluvia /
su ciencia de humo y claridad? /
temblabas como un cafetín /
pasaban tangos de Gardel y toros ya suavísimos /
tus piernas ardían al lado de los ángeles
y volaban cenizas del secreto cremado /
¿cómo es posible el horror de saber? /
¡dale / viento! /
¡raspá la música que hace diamantes
en cada esquina de la sonreidora! /
¡la música que separa los nacimientos de los espantapájaros!
¡los espantapájaros verdaderos! /
¡que me conocen y no son yo! /
vos / que sabés hacer cuchillos
con un instante del amor /
cantá / sentada en los panes que horneo y nunca comeré /
¡cantá / para que corra la mañana
y se subleven los canarios
que lloran ocultamente! /
Fábricas del amor
II
Alza
tus brazos, ellos encierran a la noche, desátala sobre mi
sed,
tambor,
tambor, mi fuego.
Que
la noche nos cubra con una campana
que
suene suavemente a cada golpe del amor.
Entiérrame
la sombra, lávame con ceniza, cávame del dolor,
límpiame
el aire:
yo
quiero amarte libre.
Tú
destruyes el mundo para que esto suceda
tu
comienzas el mundo para que esto suceda.