María la sirvíenta

 

Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años,

era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos,

pero lo importante fue que en la valija le encontraron

un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.

 

Qué manera era esa de pecar de pecar,

decían las señoras acostumbradas a la discreción

y en señal de horror levantaban las cejas

con un breve vuelo no desprovisto de encanto.

 

Los señores meditaron rápidamente sobre los peligros

de la prostitución o de la falta de prostitución,

rememoraban sus hazañas con chiruzas diversas

y decían severos: desde luego querida.

 

En la comisaría fueron decentes con ella,

sólo la manosearon de sargento para arriba,

pero María se ocupaba de soñar,

los pajaritos se le despintaron bajo la lluvia de lágrimas.

 

Había mucha gente desagradada con María

por su manera de empaquetar los resultados del amor

y opinaban que la cárcel le devolvería la decencia

o por lo menos francamente la haría menos bruta.

 

Aquella noche las señoras y señores se perfumaban

con ardor

pero el niño que decía la verdad,

por el niño que era puro,

por el que era tierno,

por el bueno, en fin,

por todos los niños muertos que cargaban en las valijas

del alma

y empezaron a heder súbitamente

mientras la gran ciudad cerraba sus ventanas.

 

(Gotán)

 

 

Giornalismo

 

a la mañana a las diez los empleados de justicia

se pusieron a gritar contra la injusticia de sus magros

salarios

a las once fueron descubiertas ciertas maniobras

delictivas

a las doce el partido demócrata y burgués reiteró ser

demócrata y burgués

hubo un concurso en la municipalidad

subió la carestía de la vida

se almorzó en general o en camiseta cara a cara al buen

vino

la ley orgánica de la policía no sufrió grandes variantes

a la una a las dos de la tarde bajo la gloria del gran día

otras ciudades del país rememoraron a sus fundadores

sus bandidos

las comunas locales promovieron contrarias decisiones

el sur siguió en el sur

el presidente a las cuatro recibió su décimo magnate

petrolero

a las cinco me harté pero a las seis te vi

después de tantos años te vi a las seis y me turbé como

un niño

el pasado subía como tus dulces pechos

y eran las seis de la dulzura como un violento olvido

ahora hay pecas en tu cuello y tu voz era actual

de modo que a las siete ya no eras noticia

empezaba el crepúsculo

salía la gente del trabajo

subía la carestía de la vida

se descubrían nuevas maniobras delictivas

a lo largo y a lo ancho del país

 

(Cólera buey)