Crónica de una muerte anunciada

Marisela Barrios de Murguía, 1998
 


García Márquez nos cuenta una historia corta, que casi parece cuento, pero amena, repleta de verdades, tan bien escrita como sólo él sabe hacerlo -aunque sin jubilar la ortografía-.

Y tal como lo indica el título, la obra comienza con el anuncio de la muerte de Santiago: “El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana...” Por supuesto que con este principio es imposible dejar el libro, pues las interrogantes nos acosan. ¿Por qué?  ¿Quién lo iba a matar? ¿Estaba condenado a muerte por algún crimen? Poco a poco, a gotas,  se nos va revelando el misterio del por qué de esa muerte.

Pero no sólo la razón de la muerte es importante, sino el hecho de que haya sido anunciada,  pues es un reflejo de lo que somos los latinoamericanos. Los hermanos de una mujer  supuestamente ultrajada tenían la “obligación” ante todo el pueblo, ante su familia y ante ellos  mismos, de hacer “justicia”; pero era una obligación no deseada, así es que en su interior los
hermanos deseaban que alguien les impidiera cometer el asesinato. Para ello se dedican a  anunciar a todo el mundo sus intenciones, esperando que alguien se les enfrente.

Sin embargo, se topan con esa apatía de pueblo latinoamericano. Los avisados o no les creen, o  no les interesa impedir esa muerte, tal vez incluso desean presenciarla, así es que nadie hace  nada por impedirla, para disgusto de los agresores.

Ésta es una de las novelas más reales que he leído de García Márquez, sin la presencia de su  habitual “realismo mágico”, pero con mucho realismo latino.

Nos describe a la perfección a las personas: la víctima, los asesinos, los familiares y los mirones.  También nos explica detalladamente los motivos de todo lo que sucede. Así es que nos  adentramos en ese pueblo, paseamos por su plaza y conocemos a los habitantes y sus historias  personales.

Gabriel García Márquez nació en Colombia en 1928. Estudió leyes y periodismo y trabajó  como corresponsal. Comenzó a escribir en 1940 y desde entonces no ha dejado de hacerlo. Su  obra más famosa “Cien años de soledad” fue publicada en 1967. La novela de la que aquí  hablamos fue publicada en 1981. Se le concedió el Premio Nobel en 1982.