| Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46. Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998 |
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García Márquez regresa al periodismo Noticia de un
secuestro Con la aparición de Cien años de soledad, se precipitó un proceso de lectura hasta ese momento insólito en Colombia y en muchos países latinoamericanos. Sin embargo, la fuerza del libro, la decidida aceptación por parte de un público cada vez más numeroso, abrieron los cauces suficientes para que la novela se instalara, como en su propia casa, a todos los niveles. Una vez que se oyeron los primeros comentarios entusiastas de quienes la leyeron, generaron una avalancha de lectores ávidos de conocer, pero sobre todo de leer, a este desconocido escritor. Así fue como la primera edición se agotó muy pronto, siendo este el despertar de los millones de lectores que seguirían desde entonces la obra de nuestro premio Nobel colombiano. A partir de este momento, el entusiasmo y la curiosidad por la obra de García Márquez sigue creciendo. Es más, ese entusiasmo y esa curiosidad aumentan con cada uno de sus nuevos libros, y por eso no es de extrañar que Noticia de un secuestro, que hizo su aparición en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, durante el mes de mayo de 1996, se anunciara desde mucho antes. Ya el periódico español, El País, del 10 de marzo de 1995 publicaba lo siguiente: "Gabriel García Márquez guarda en secreto de qué acontecimiento se trata, lo que ha provocado una mayor expectación sobre el libro. En la novela aparecen también personajes de la vida real como el antiguo capo del cartel, Pablo Escobar, aunque no es el protagonista"1. Y, en el mes de septiembre del mismo año en la ciudad de Madrid, el escritor aprovechó el taller que dictó a doce periodistas representantes de diferentes países para hablar del reportaje y basar parte de su discusión en el material que constituiría su nueva obra. De ninguna manera es extraño en primer lugar que con un poco más de un año de anticipación se anunciara el nuevo libro, ni tampoco es una sorpresa que se considerara como novela, ya que en diferentes latitudes del mundo muchos de sus lectores creerían que ésta era otra de las famosas creaciones fantásticas del escritor y seguramente que la harían parte del tan mal llamado "realismo mágico". Lo que no se puede ignorar es que Noticia de un secuestro es un libro escalofriante, tanto para sus lectores colombianos como para aquellos que están al corriente de lo que en las últimas dos décadas, ha vivido Colombia con el flagelo del narcotráfico, toda la violencia, y las secuelas que éste ha dejado por donde quiera que ha pasado impregnando el país como si se tratara de una condición natural. Como bien lo dice el escritor, esto "es sólo un episodio del holocausto bíblico en que Colombia se consume desde hace más de veinte años"2. Es de sumo interés anotar aquí que la primera columna periodística escrita por Gabriel García Márquez, y, conocida bajo el nombre genérico de "Punto y aparte", publicada por el periódico El Universal, de Cartagena, el 21 de mayo de 1948, comienza de la siguiente manera: "Los habitantes de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de queda"3: con esas pocas palabras podemos apreciar el estado del país, un ambiente de zozobra, de poca paz y tranquilidad. En la misma columna nos dice: "Un largo silencio duro, concreto, que se iba metiendo en cada vértebra, en cada hueso del organismo humano, consumiendo sus células vitales, socavando su levantada anatomía... Hundidos en él sólo oíamos el ruido rebelde, impotente de nuestra repiración"4. Parece que casi medio siglo más tarde, cuando García Márquez vuelve al periodismo, el país se encuentra en el mismo estado de zozobra y violencia, o, quizá peor, y un pueblo callado que lo único que puede hacer es consumirse en el silencio, en el que cada día es más y más difícil el poder respirar, y en el que parece que ya ni siquiera existe célula alguna de rebeldía. Un examen concienzudo de la historia colombiana, nos lleva en este trabajo a decir una vez más que la obra de nuestro querido escritor Gabriel García Márquez, tanto la periodística como la de ficción, sigue nutriéndose del fenómeno de la violencia que ha prevalecido en el país desde el período colonial y que en el siglo actual aumenta cada vez más en una proporción desenfrenada. En el caso de Noticia de un secuestro, García Márquez dedicó muchísimo tiempo a recoger esta información, darle coherencia y estructurar este reportaje de 336 páginas, que, como dijimos anteriormente, es escalofriante para los lectores compatriotas, que están familiarizados con los nombres y apellidos de muchos de los protagonistas; de aquellos que tuvieron la suerte de sobrevivir a esta odisea de angustia y horror, o de los que no fueron tan afortunados y murieron durante el tiempo de su secuestro. La misma reacción de angustia tendrán los colombianos residentes en otras partes del mundo donde tan pocas noticias se reciben de Colombia, y no podemos dejar de mencionar la reacción de sorpresa, que muchos de los Constituyentes sentirán al leer este libro, ya que en el tiempo que cumplían sus funciones, ignoraron las negociaciones que, por medio de Alberto Villamizar, mantenía el gobierno para que se llevara a cabo la entrega de Pablo Escobar. Para García Márquez, "un buen reportaje es aquél en el que el redactor de un diario recoge la noticia y la explora hasta sus últimas consecuencias"5. No hay duda de que éste fue el objetivo de su trabajo, y que como entrevistador no quedó satisfecho solamente con las anécdotas contadas por los secuestrados, sino que su trabajo se extendió haciendo una investigación minuciosa en los archivos de la policía, el ejército y el gobierno. Se familiarizó con el diario de Diana Turbay, y también logró penetrar hasta el interior de las familias que tuvieron que vivir día a día la zozobra de no saber en qué momento se les avisaría de la muerte de alguno de sus seres queridos. Familias que también lucharon y mantuvieron la esperanza de volver a ver estas víctimas, regresar a sus hogares, y así dar por terminada la pesadilla de aquel trágico episodio colombiano. Episodio sucedido durante los años 1990 y 1991, siendo presidente del país César Gaviria. El señor Pablo Escobar, dueño de una de las más grandes empresas internacionales, "el tráfico de drogas", decidió que su mejor arma era, no solamente acabar con personajes colombianos como en el caso del líder liberal, Luis Carlos Galán, sino que en nombre de lo que llamó la defensa de los Extraditables: —"Preferimos una tumba en Colombia a una celda en los Estados Unidos"— (pág. 30), Escobar decidió buscar la atención del gobierno colombiano, atemorizando al pueblo con una serie de secuestros realizados por los cabecillas del narcotráfico. "Nada ha caído tan explosivamente como el libro de García Márquez... Este libro es ante todo la demostración inequívoca y fehaciente de todo lo que Pablo Escobar hizo y deshizo, para evitar como fuera la extradición de nacionales a Estados Unidos. Empezando por la de él mismo"6. En su afán de defensa contra la extradición no se valió solamente de los secuestros sino que también, siendo el tiempo en que la Asamblea Nacional Constituyente se encontraba reunida, logró sobornar a algunos de sus miembros para que votaran en contra de la extradición. Noticia de un secuestro, por lo que se refiere a la Asamblea Nacional Constituyente, ha sido verdaderamente una sorpresa, una bomba, no solamente para los lectores en general, sino también para los Constituyentes que se jugaron la vida, sin saber que el gobierno negociaba la entrega de Pablo Escobar. Como bien lo narra García Márquez, las negociaciones con Escobar se lograron a través de los Ochoa, y Escobar se entregó el mismo día que la Constituyente aprobaba la no extradición. "La posición del gobierno había sido derrotada en la Asamblea Nacional Constituyente, donde acababa de aprobarse la no extradición de nacionales por cincuenta y un votos a favor, trece en contra y cinco abstenciones en una primera instancia que sería ratificada más tarde" (pág. 325). Hoy, en el país se habla nuevamente de la extradición, y en su columna periodística del 3 de julio de 1996, D’Artagnan analiza la situación sobre este escabroso tema y haciendo referencia al libro de García Márquez se pregunta ¿por qué la gran mayoría de los Constituyentes votaron por su prohibición?:
Analizando la cita anterior tendremos que decir que Colombia no es más que un país de paradojas, donde se suceden los hechos más inverosímiles y para conocerlos, tenemos que esperar a que aparezca una nueva obra de nuestro Nobel de Literatura que nos dé la oportunidad de conocer la verdad de los hechos preocupantes, ya que lo que se conoce por medio de la noticia oficial no es más que lo que a los beneficios e intereses políticos conviene propagar. García Márquez, en Noticia de un secuestro, con gran maestría, lleva a Maruja Pachón para que rescate de su memoria los episodios tan minuciosos y dolorosos de esos seis meses de pesadilla, "ciento noventa y tres días desde la noche en que la secuestraron" (pág. 306), y de los cuales ella "no quiso conservar ningún recuerdo de aquel pasado atroz que proponía borrar de su vida". Es sólo de lógica que la protagonista central de este episodio quisiera olvidar tanto los sufrimientos físicos como la tortura psicológica a la que fue sometida, el poco respeto por la vida humana, la insensibilidad sin límite. Episodios y anécdotas dolorosas de recordar y contadas con gran emoción. Recuerdos de las durezas de sus secuestradores quienes al mismo tiempo eran las únicas personas capaces de hacerle aquellos meses de suplicio un poco más llevaderos. Seres contradictorios, como es el caso de aquel médico que la asiste cuando se encuentra enferma y le dice: "‘Me siento la persona más avergonzada del mundo por tener que verla a Ud. en esta situación. Quiero decirle que estoy aquí por la fuerza. Fui muy amigo y partidario del doctor Luis Carlos Galán, y voté por él. Ud. no se merece este sufrimiento, pero trate de sobrellevarlo. La serenidad es buena para su salud’". Maruja apreció sus explicaciones, pero no pudo superar el asombro por su elasticidad moral" (pág. 135). En el proceso de acercamiento, investigación y análisis de esta obra nos encontramos con diversos elementos de la violencia, diversas manifestaciones del clima reinante en el país, variadas expresiones de los protagonistas y algunos de los diálogos que a primera vista parecen cifrados, y que hacen referencia a ese clima de zozobra política, de tensión social, de crisis moral por la que atraviesa el país. Estos elementos están bien trabajados con el uso de las técnicas del gran periodista que García Márquez siempre ha sido, a las que añade por otra parte las de gran cuentista. Magistralmente, todos los hechos de esta tenebrosa tragedia se van entrelazando con un lenguaje cuidadoso, frases cortas y una descripción minuciosa hasta de los más ínfimos detalles como bien se puede observar en aquel episodio donde se narra el encuentro del cadáver de Marina Montoya, abandonado en uno de los potreros al norte de Santafé de Bogotá:
Y, como si la realidad de aquella escena no fuera suficiente para el lector, García Márquez continúa con la narración del impacto que el cadáver ocasiona a aquella vendedora de flores que después de haber matriculado a su hija en una escuela cercana, se encuentra con la escena descrita anteriormente: "El cadáver le impresionó por la buena calidad de la ropa interior, por la forma y cuidado de sus manos y la distinción que se le notaba a pesar del rostro acribillado" (pág. 150). Noticia de un secuestro, ante todo, tiene una misión de denuncia de los problemas sociales y de la poca protección facilitada por el Estado, para amparar a todo ciudadano y defender su derecho a disfrutar de la libertad y seguridad personales. Indagando en el lenguaje y en las técnicas del relato, el escritor nos permite ver esa realidad dolorosa, un presente colombiano casi obscuro, una Colombia prohibitiva que vive en una constante inseguridad. Los tormentos psíquicos y físicos a que estuvo sometida Marina Montoya, terminando en la muerte, son solamente un ejemplo de lo que los ciudadanos colombianos confrontan ante la ola de violencia y la industria del secuestro que se ha convertido en una "de las grandes transnacionales" (pág. 54), como bien la define el autor que a través de toda la obra no se resiste a incluir sus propios comentarios y juicios. En relación a la responsabilidad de Colombia ante el tráfico de drogas García Márquez en una forma muy acertada y sin necesidad de extenderse demasiado, entrega esta carga a sus lectores:
García Márquez, con el balance que siempre le ha caracterizado, plantea dentro de esta crónica que ningún drama humano es unilateral, porque si bien tanto los secuestrados como sus familias son víctimas, al otro lado de la moneda los sicarios son seres humanos con sus pasiones y sentimientos, residuos de una sociedad que les ofrece muy poco para salir de sus angustias y miserias. Resultados de hogares, donde desde pequeños lo único que han visto es un estado de violencia que poco a poco les ha llevado a no controlar sus propios impulsos y donde viven acosados por los miedos y las dudas. Un ejemplo de estos jóvenes resentidos contra una sociedad lo tenemos en los guardias que vigilan el grupo de Hero Buss, "Todos eran jóvenes. El menor de ellos podía tener quince años y se sentía orgulloso de que ya se había ganado un premio de ópera prima en un concurso de asesinatos de policías de a dos millones cada uno" (pág. 68). Jóvenes sin ningún ideal de vida a no ser el de estar listos para matar cuando son manejados por gentes sin escrúpulos, como aquel hombre que entra al cuarto donde se encuentran Marina, Beatriz y Maruja: "...un jefe bien vestido, con un corpachón, empacado en un metro con noventa abrió la puerta de una patada y entró en un cuarto como un ventarrón. Su traje implacable de lana tropical, sus mocasines italianos y su corbata de seda amarilla iban en sentido contrario de sus modales rupestres. Les soltó dos o tres improperios a los guardianes, y se ensañó con el más tímido cuyos compañeros llamaron Lamparón. ‘Me dicen que usted es muy nervioso —le dijo—, pues le advierto que aquí los nerviosos se mueren’ " (págs. 58-59). Lo que encontramos con la lectura de este libro, es una historia dramática, en la que se juega con las vidas en una forma despiadada, personajes reales, desdichados en un cautiverio, pagando crímenes que no han cometido. Los delincuentes encerrados en un mundo rastrero, porque no conocen otro donde puedan concebir una manera mejor de vida. El mundo que se encuentra dentro de toda esta crónica esta plagado de dudosos valores y con casi nada de apertura para buscar y encontrar alternativas más positivas. Víctimas de un Estado, que hace lo mínimo para que se aprenda a respetar el derecho a la vida. Derecho que cualquier ser humano debe tener. En el caso de los secuestrados, ellos son usados para que aquellos pocos que tienen el poder del dinero del narcotráfico puedan mostrar su poder. En el caso de los jóvenes sicarios son arrastrados al crimen y la delincuencia porque no tienen oportunidad para sobrevivir. Muchos, confundidos, se apoyan y refugian en las oraciones al Divino Niño, viven en un fatalismo absoluto, y, "Las disculpas que se daban a sí mismos por su oficio abominable era ayudar a su familia, tener motocicletas, y velar por la felicidad de la madre, que adoraban por encima de todo y por la cual estaban dispuestos a morir. Vivían aferrados al mismo Divino Niño y la misma María Auxiliadora de sus secuestrados. Les rezaban a diario para implorar su protección y su misericordia, con una devoción pervertida, pues les ofrecían mandas y sacrificios para que les ayudaran al éxito de sus crímenes" (pág. 72). Mentes jóvenes completamente confundidas que por razones económicas han estado lejos de poder adquirir una educación que les ayude a cambiar sus formas de vida, que les prepare para ganarla de una manera honrada. Aceptan la criminalidad y si les da miedo acuden al Rovignol, un tranquilizante que les permite cometer en la vida real las proezas del cine. "Mezclado con una cerveza uno entra en onda en seguida —explicaba un guardián—. Entonces le prestan a uno un buen fierro y se roba un carro para pasear. El gusto es la cara de terror con que le entregan a uno las llaves" (pág. 72). Un conflicto social, que va creciendo bajo la piel, minuto a minuto, hasta que finalmente revienta manifestándose en las formas más negativas de violencia: "Todo [...] lo odiaban: los políticos, el gobierno, el Estado, la justicia, la policía, la sociedad entera. La vida, decían, era una mierda" (pág. 72). En la revista Cambio 16 dice García Márquez: "En un buen reportaje puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones". Entonces, estos hechos concretos nos tendrán que llevar a decir que dentro de la intimidad no hay diferencia entre los secuestrados y los secuestradores. Los dos grupos viven con la misma angustia y el mismo miedo de morir en cualquier momento. Un estado de desesperanza total para toda una sociedad colombiana. Un asunto de vital importancia, porque entonces, con la lectura de Noticia de un secuestro, tendremos que llegar a la conclusión de que el país se encuentra en un desajuste social, donde el Estado no protege ni a los unos ni a los otros. Ni a su clase pudiente ofreciéndoles un lugar más seguro para vivir, pero tampoco protege a las clases desposeídas, para ayudarlos a salir de la miseria moral y física en que viven. "La escritura es una forma de hipnosis", nos dice el escritor, "por eso hay que ir en puntillas, con mucho sigilo, para no despertar del trance a quien tiene agarrado. Si parpadea se te va del libro. Lo ideal es que cada línea tuviera suspiro". Con este pensamiento en mente, García Márquez se ha permitido tratar este retrato de la realidad colombiana, y, el único lunar que le encontramos a su insuperable libro, es el hecho, de que algunas de las descripciones y detalles las vemos innecesarias en este relato donde el lector "agarrado", se deja absorber por el drama humano y no le interesa saber que a Rafael Pardo le gustan Los Beatles, o que se graduó en el Gimnasio Moderno, o las corbatas que tiene, o, si el presidente Gaviria se relajaba con un vaso de whisky en sus manos. De la misma forma los espacios geográficos están recreados con demasiada poesía, que distrae un poco la atención y el interés de los lectores, que se encuentran tan metidos dentro del relato en esta obra, que es otro ejemplo del talento, de la inmensa magnitud creativa, del compromiso social y político de García Márquez, manteniendo al mismo tiempo la independencia, la autonomía y la libertad absoluta, que siempre lo han caracterizado como escritor y como persona. A través de este relato escuetamente nos dice, "La verdad era que el país estaba condenado dentro de un círculo infernal" (pág. 152). CARMENZA
KLINE Notas: 1 El País, Madrid, 10 de marzo de 1995, pág. 36. 2 Gabriel García Márquez, Noticia de un secuestro, Santafé de Bogotá, Editorial Norma, 1996, pág. 8. (Todas las citas correspondientes a esta obra se remiten a esta edición). 3 Gabriel García Márquez, Obra periodística, vol. I, Textos costeños, Barcelona, Bruguera, 1981, pág. 77. 4 Ibíd. 5 Gabriel García Márquez, El reportaje ese invento maravilloso, El Tiempo, domingo 5 de mayo, 1996, pág. 18A. 6 D’Artagnan, Hacía la "allendización"! El Tiempo, 3 de julio de 1996, pág. 5A. 7 Ibíd. |
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Colombia |
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