Lunes 28  de febrero del 2000

Un trozo de vida para Gabo

VICENTE MARTÍNEZ EMILIANI


Gabriel García Márquez, el portentoso prestidigitador del realismo mágico, que convirtió la imaginación en fuente inagotable de sueños, ha producido un texto desgarrador que perturba y que conmueve. Se trata de una patética plegaria hacia lo alto. Una invocación a la misericordia divina, al tiempo que declaración de amor a los seres y a las cosas a los que él iluminó con su obra y con su ejemplo. En cada una de sus palabras, palpita una profunda nostalgia por el afecto que, a pesar de su buena voluntad, siempre demostrada, no alcanzó a entregarle por completo al mundo.

Gabito, como lo llamaron siempre sus amigos de infancia y juventud, ese excelso cultor de la belleza sin fronteras, ha escrito un hermoso canto a la vida que, en un recodo inesperado o en un instante imprevisible, toma las tonalidades evanescentes del ocaso al que nadie se resigna jamás. Es el momento dramático en el que, como dijo Francois Mitterand, no se le tiene miedo a la muerte sino a dejar de vivir.

Y el poeta inmenso que habita en quien ha sido, sin émulos ni pares, el más importante colombiano de los últimos decenios, declara su ansiedad y su desesperanza en una página que me fue enviada por Beatriz Barrios de Martínez. Su autor la tituló "La Marioneta". Y los principales apartes, según la versión difundida por intenet, dicen así: "Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por que significan. Dormiría poco, soñando más, entendiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perderemos sesenta segundos de luz.

"Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón.

"Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.

"Regaría con mis lágrimas las rosas para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos...Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

"A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres...

"He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo".

El texto de García Márquez es no sólo hermoso sino estremecedor y alucinante. Salió de su alma pura y de sus manos limpias, con la transparencia de quien nunca solicitó prestadas muletas ajenas para conquistar el triunfo. Por eso, en nombre de la belleza y de los miles y miles de admiradores que se ha ganado con su obra prodigiosa, yo también le pido a Dios, con el corazón a media asta y con el alma arrodillada, "un trozo de vida" para Gabo. Bien se lo merecen él y el universo encantado de los sueños que su genio fascinante ha enriquecido hasta el delirio.