Plinio Apuleyo Mendoza narra los años mozos de Gabriel García Márquez
May 21, 2000

Gabo no tenìa ganas de morirse antes de contar lo vivido

Por Blanca Valadez


México, 21 May (NTX).- Plinio Apuleyo Mendoza conoció en "antro sombrìo, envenenado por olores rancios y el humo de cigarros" donde estudiantes y trabajadores pasaban horas, a un joven delgado, alegre, rápido como un pelotero de beisbol o un cantante de rumbas, que respondìa al nombre de Gabriel Garcìa Márquez.

         "Sin pedir permiso a nadie, el recién llegado toma asiento en nuestra mesa (se encontraba con su amigo Luis Villar). Su aspecto es descuidado. Tiene una camisa de cuello mugriento, una tez palúdica, un bigote inspirado y lineal. El traje de cantante de rumbas parece flotarle sobre los huesos.

         "Costeño, pienso. Uno de los tantos estudiantes que vienen de la costa caribe, cuya vida discurre en pensiones, cantinas y casas de empeño", relata Apuleyo Mendoza en "Aquellos tiempos con Gabo" editado por Plaza y Janés e integrado con recuerdos y estampas sobre las aventuras de dos jóvenes que recorrieron el mundo, muchas veces en ocasiones incómodas y terribles.

         En las páginas, Apuleyo Mendoza recrea esa ocasión cuando conoció a ese joven de veintitantos años que colocó su mano en el trasero de la mesera y le produjo cierto horror, pero también evoca a ese muchacho de pueblo alegre emocionado al ver por primera vez nieve y miedoso de subirse a un avión.

         Recrea, también, aquellos tiempos de reporteros que tuvieron la oportunidad de testimoniar la caìda de la dictadura en Caracas, Venezuela de Pérez Jiménez y el arribo al gobierno de Cuba del "caudillo" Fidel Castro, pero también cuando fueron objeto de censura y perseguidos por un espìa de la CIA.

           Del mismo modo extrae de su memoria los años de hermandad y compadrazgo; los impulsos literarios de Garcìa Márquez -"el más prometedor de nuestros jóvenes autores, heredero de Proust, de Kafka, de Joyce y William Faulkner"-, los tiempos de hambruna y de gloria, sin dejar de lado, la celebridad obtenida por su amigo el cual, pese a todo, sigue siendo el mismo de siempre.

           "Muchas cosas nos han ocurrido desde entonces. Hemos visto nacer y morir sueños. Hemos visto pasar y desaparecer amigos. Nos han salido canas. Hemos vivido en muchas partes. Nos hemos casado, hemos tenido hijos y nietos. El se ha vuelto rico y célebre. Yo me he vuelto pobre.

           "Juntos, hemos recorrido muchas partes del mundo. Hemos perseguido jóvenes alemanas por las calles sombrìas de Leipzig. Hemos atravesado toda Europa en tren, de pie, en un vagón atestado, muertos de hambre y fatiga. Hemos viajado por la Unión Soviética, como falsos integrantes de un grupo de danzas folclóricas....". Sigue... Plinio Apuleyo Mendoza narra ... Dos.. Folclóricas

           Además recuerda la etapa de la revista "Libre", donde confluyeron plumas de la talla de Octavio Paz, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa; su primer desacuerdo polìtico e ideológico con Gabo con respecto a Cuba al tiempo de dejar muy en claro que "Garcìa Márquez no es de ninguna manera hoy en dìa un simpatizante ortodoxo del régimen cubano, como hay tantos en otros en América Latina.

           "Su amistad personal con (Fidel) Castro le ha permitido intervenir con eficacia para obtener la libertad de un gran número de presos polìticos. Tres mil doscientos, al parecer. Gracias a él , a Gabo, Heberto Padilla (el poeta arrestado) pudo salir de Cuba....No obstante Edward Kennedy apareció en un momento dado como el inspirador de las gestiones que permitieron a Padilla viajar a Estados Unidos".

           Garcìa Márquez, quien fuera condecorado con el Premio Nobel de Literatura 1982, "tuvo una intervención decisiva -me consta- en la libertad de Armando Valladares, y más recientemente del escritor Norberto Fuentes". Según narra, su amigo obtuvo del gobierno mexicano un avión, voló a La Habana y regresó a Ciudad de México con él.     

      "Pienso a veces que si fuese posible un proceso de liberalización del régimen cubano, Garcìa Márquez podrìa jugar en ese sentido un papel importante. De hecho, él ha facilitado encuentros y diálogos de Castro con presidentes democráticos de América Latina buscando una apertura. ¿Ilusiones suyas? ¿Pasos hacia una nueva realidad? La respuesta sólo podrá darla el futuro".

           Recapitula el autor hacia el principio de la obra sobre el primer encuentro de Garcìa Márquez con quien será su esposa Mercedes, el posterior nacimiento de su hijo Rodrigo, su ahijado. Asimismo, los primeros cuentos creados durante la noche, a saber "El oro de Nápoles" y los esbozos de "El coronel no tiene quien le escriba" y posteriormente de "El otoño del Patriarca" y "Cien años de soledad", todos marcados por sus experiencias en distintos paìses.

           Su amistad siempre estuvo marcada por la solidaridad, ya que Apuleyo Mendoza, hizo lo posible por conseguirle trabajo en Venezuela en la revista "Momento", entonces dirigida por el empresario Ramìrez Mac Gregor, apodado "el loco", en una etapa cuando cayó el dictador Pérez Jiménez, quien finalmente se exilió.     

          "Aprendì con el tiempo a descubrir que aquellos terrores lìvidos, hoy desaparecidos, se relacionaban con su vocación literaria: no tenìa deseos de morirse sin haber escrito lo que tenìa que escribir. Asì, cada vez que tomaba un avión, primero tenìa que emborracharse.     

          Después de publicar 'Cien años de soledad', y aún más, después de 'El otoño del patriarca', su sentido del riesgo cambiarìa. Ahora aborda un avión como quien se sube a un taxi".

          Sigue... PLINIO APULEYO MENDOZA ... Tres... Taxi"

          La caìda del dictador venezolano, establece el autor fue el germen de "El otoño del patriarca". Recuerda que cuando fue la toma del Palacio Blanco, Gabo al ver salir a un militar bruscamente del despacho, le comentó: "Fue allì donde tuve por primera vez la idea de escribir la novela del dictador".

           De la revista de Ramìrez Mac Gregor fueron despedidos porque, ellos, precavidos, pusieron sus iniciales en una artìculos donde denostaba la actitud de los venezolanos ante la presencia de Nixon, a quien escupieron por haber condecorado al dictador ya caìdo. Más tarde, con la caìda de Batista, ellos en calidad de reporteros "venezolanos" , fueron a cubrir la toma de poder de Fidel Castro.

           Se trató de un perìodo donde el autor, se desilusionó del socialismo, ya que Castro -antes amado hasta por las prostitutas- utilizó los mismos mecanismos represores para someter a un pueblo bajo su voluntad. Narra, por ejemplo, cuando fue sentenciado a muerte Sosa Blanco, aliado de Batista, y pese a la súplica de las hijas de éste, y de que ante dichas peticiones clemencia lo sensibilizaron -dicen que los ojos de le humedecieron-, la ejecución de llevó a cabo.

           "En nombre de la revolución, todo lo justifica. Rigurosa, o por ello la justicia revolucionaria dejaba de ser justicia; en nada podìa atenuar nuestro fervor, que era inmenso" sin embargo, su fe hacia al socialismo se distorsionó, al corroborar que los ideales de sacar a un pueblo de la pobreza y el analfabetismo, jamás se cumplieron.

           En la obra relata, además, la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SPI), cuyo director era Jorge Masetti y su misión la de informar con la verdad. Según la agencia informativa contó con el aval de Ernesto "Che" Guevara.

           Pero con el paso del tiempo, hubo un intento de manipulación de la información por parte del equipo de ese "caudillo", como llama a Castro, encargado de cambiar a los artìculos las palabras: "Funcionario diplomático" sustituido por "agente Imperialista".

           Gabo primero en La Habana y después designado corresponsal en Nueva York, también se enfrenta a la censura y persecución de la CIA. Esta última tenìa controlado los llamados teletipos, por donde pasaban su información hacia la isla, pero logró burlarla valiéndose de los teléfonos públicos.

           Muchos de los periodistas de esa Agencia, recuerda Apuleyo Mendoza, cometieron "el pecado" de no formar parte del Partido Comunista, de ahì que muchos prefirieran irse al exilio en calidad de "gusanos" o quedarse en la isla sin conseguir trabajo. Los dos, de alguna forma, renunciaron. Gabo entonces decide establecerse en México.

      Sigue... Plinio Apuleyo Mendoza... Cuatro... México

           En el libro Mendoza también habla de su vida personal, de su casamiento con Marvel y su separación momentánea, de la espina y la zozobra que le provocaba no haber escrito nada en su vida, en tanto su amigo, comenzaba a tener en éxito México con sus obras. Y se transporta, de nuevo, a Europa, donde, junto con otros intelectuales, entre estos Juan Goytisolo, crearon la revista "Libre".

           "Nada ha ocurrido aún entre Garcìa Márquez y Vargas Llosa, que son todavìa grandes amigos...",. Gabo, ya era una celebridad, "personalmente hago todo para que siga siendo una prenda de lavar y planchar, que uno puede colocar con la ropa de todos los dìas, y no como un traje de ceremonia destinado sólo a las grandes ocasiones".

           Ya habìan pasado los tiempos de hambre y de las camisas coloridas de su gran amigo. Ahora es Garcìa Márquez, quien lo recomienda para la nueva revista: "El único reparo, al parecer, correrìa por cuenta de Octavio Paz, asociado también al proyecto.

           "Alguna vez escribió una nota hablando de cómo aquella revista, de la cual tenìa la paternidad, se habìa dejado en manos de Garcìa Márquez o tal vez de un amigo de Garcìa Márquez que querìa proteger. Era cierto: lo cual no impide que el amigo, por cierto gran admirador de Paz, pudiera hacer una buena revista".

           En esa época Julio Cortázar, a quien describe como un socialista tardìo, "este sarampión ideológico le cayó de manera tardìa" y cuya responsable fue su segunda esposa Ugné Karbelis -la cual no le simpatizaba-, amenazaba con quitar su nombre de la editorial en el caso de que algunos de los artìculos no fueran un abierto manifiesto a favor de Cuba.     

      En esta época las crìticas hacia los autores del "boom" eran rudas, muchas motivadas por la envidia, y los miembros de "Libre" se dividieron ideológicamente. La revista era financiada por Albina du Boisrouvray,: "Jamás se imaginó que aquel dinero dado con candor iba a convertirse para una jaurìa de coléricos, de venenosos intelectuales de izquierda, en el vil oro de Patiño".

           La obra culmina con otros recuerdos, uno de ellos, la obtención del Nobel de Literatura al amigo, cuya ceremonia tuvo lugar en Estocolmo de diciembre de 1982. El muchacho flaco ya habìa desaparecido, pero nunca el bohemio.

           "Sé que estás escribiendo sobre mì -cuenta Apuleyo Mendoza que su amigo le comentó-. Sé que piensas decir que todo lo tenìa previsto en la cabeza. Pues te voy a decir una cosa, estás equivocado. Yo no sabìa te lo juro, hasta donde podìa empujar el carro.

           "Simplemente, me levantaba cada mañana, sin saber qué iba a ser de mì y lo empujaba. Un poco más. Siempre un poco más, sin saber si llegaba o no llegaba. Sin saber nada", esa plática, concluyó como habìa sido su costumbre, entre copas, la consigna de que "todos tenemos que cazar un león" y en medio de ruidos, en la ciudad de Parìs.

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