El Nuevo Diario, Sábado 31 de Julio de 1999 | Managua, Nicaragua

Gioconda Belli:

Mis íntimas multitudes



Próximamente se publicará un nuevo libro de Gioconda Belli, cuyo título privisional es: “Mi íntimas multitudes”. En este libro testimonial y auto-biográfico, la escritora narra sus vivencias en el período comprendido entre 1970 y 1990. Es un libro íntimo y personal, una “memoria”, donde la autora comparte con sus lectores sus experiencias como mujer, como madre, como nicaragüense. El libro de Gioconda será publicado muy pronto por Anamá en Nicaragua, por Plaza y Janés en España y también por editoriales en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Holanda, Italia y Brasil. Presentamos el capítulo introductorio del libro como una primicia para nuestros lectores.

 

Introducción

Mis memorias tienen contornos geográficos. Son verdes, volcánicas, sembradas de lagos, lagunas, del rumor del Oceáno Pacífico. En ellas brillan los cielos límpidos de las noches tropicales, y la Cruz del Sur es el eje alrededor del cual se sitúan los astros. Los vientos alisios, las palmeras, los ceibos monumentales y el incendio de los malinches que florecen con las primeras lluvias de mayo pueblan mis recuerdos como presencias vivas. Soy una mujer marcada por un paisaje, sus nubes y sus pájaros.

Dos cosas que yo no decidí, decidieron mi vida: el país donde nací y el sexo con que vine al mundo. Quizás porque mi madre sintió mi urgencia de nacer, cuando estaba en el Estadio Somoza en Managua viendo un juego de base-ball, el calor de las multitudes fue mi destino. Quizás a eso se debió que me costara estar sola; mi amor por los hombres, mi deseo de compartir, como mujer, su mundo: los anchos espacios públicos, la vida sin limitaciones biológicas o domésticas. Al frente del Estadio, de donde mi madre salió hacia el hospital, se alzaba entonces una estatua ecuestre de Anastasio Somoza García, el dictador que inició en Nicaragua, en 1936, la dinastía somocista. Quién sabe qué señales se transmitirían en el líquido amniótico, pero en vez de terminar como deportista con un bate en la mano, terminé esgrimiendo todas las armas a mi disposición para botar a los herederos del señor del caballo y participar en la lucha de mi país por liberarse de una de las dictaduras más largas del continente americano.

No fui rebelde desde niña. Al contrario. Nada hizo presagiar a mis padres que la criatura modosa, dulce, bien portada de mis fotos infantiles, se convertiría en la mujer revoltosa que les quitó el sueño. Fui rebelde tardía. Durante la adolescencia me dediqué a leer.

Leía con voracidad y pasmosa velocidad. Julio Verne y mi abuelo Pancho –que me suplía de libros- fueron los responsables de que desarrollara una imaginación sin trabas y llegara a creer que las realidades imaginarias podían hacerse realidad. Los sueños revolucionarios encontraron en mí tierra fértil. Lo mismo sucedió con otros sueños propios de mi género. Sólo que mis príncipes azules fueron guerrilleros y que mis hazañas heroicas las hice al mismo tiempo que cambiaba pañales y hervía mamaderas.

He sido dos mujeres y he vivido dos vidas. Una de mis mujeres quería hacerlo todo según los anales clásicos de la feminidad: casarse, tener hijos, ser complaciente, dócil y nutricia. La otra quería los privilegios masculinos: independencia, valerse por sí misma, tener vida pública, movilidad, amantes. Aprender a balancearlas y a unificar sus fuerzas, para que no me desgarraran sus luchas a mordiscos y jaladas de pelos, me ha tomado gran parte de la vida. Creo que al fin he logrado que ambas coexistan bajo la misma piel. Sin renunciar a ser mujer, creo que he logrado también ser hombre.

Conciliar mis dos vidas ha sido más complejo. Ha significado la escisión geográfica. Echarme mi pasado, mi país sobre el hombro y llevármelo no simplemente a cualquier parte, sino al Norte, a la nación donde se urdió la red donde el pez de mis fantasías pereció. Un año después de que yo y muchos como yo, alcanzáramos incrédulos y exultantes nuestros más enfebrecidos sueños, mi país retornó a la guerra, al desangre.

En vez de maná del cielo, llovieron balas; en vez de cantar en coro, los nicaragüenses nos dividimos; en vez de abundancia, hubo escasez. Mientras mi pueblo escribía en las paredes “yankee, go home”, yo me enamoré de un yankee periodista. Cuando de mi revolución sólo quedaron los ecos y las huellas, el amor, que nunca he podido resistir, me llevó a firmar un pacto con el amado, que me condenaba a vivir parte del tiempo en su país. Por ese hechizo mágico, como las princesas de los cuentos, ahora transcurro parte de mi vida convertida en un pájaro que canta en una jaula de oro y añora el trópico de sus orígenes. Desde mi jaula rodeada de palmeras y calentada por el sol californiano trato de reconciliarme con el país que como niño grandulón me arrancó el cometa que yo echaba a volar; trato de verlo a través de los ojos del hombre que amo. Perdida en el anonimato de una gran ciudad en Estados Unidos, soy una más. Una madre que lleva a su hija al kindergarten y que organiza play-dates. Nadie sospecha al verme que alguna vez me juzgó y condenó a cárcel un Tribunal Militar por ser revolucionaria. Tengo tipo italiano. Si no hablo, ni siquiera me identifican como latinoamericana.

¡Ah! Pero yo viví otra vida. Fui parte, artífice y testigo de la realización de grandes hazañas. Viví el embarazo y el parto de una criatura alumbrada por la carne y la sangre de todo un pueblo. Vi multitudes celebrar el fin de cuarenticinco años de dictadura.

Experimenté las energías enormes que se desatan cuando uno se atreve a trascender el miedo, el instinto de supervivencia, por una meta que trasciende lo individual. Lloré mucho, pero reí mucho también. Supe de las alegrías de abandonar el yo y abrazar el nosotros. En estos días en que es tan fácil caer en el cinismo, descreer de todo, descartar los sueños antes de que tengan la oportunidad de crecer alas, escribo estas memorias en defensa de esa felicidad por la que la vida y hasta la muerte valen la pena.


Encontrado en: http://www.elnuevodiario.com.ni/archivo/1999/julio/31-julio-1999/cultural/cultural10.html