Caída sin fin de muerte en muerte
O el pozo era muy hondo o ella caía
con la lentitud de un pájaro, pues
tuvo tiempo, durante la caída, de
mirar atentamente a su alrededor
y preguntarse qué iba a suceder a continuación.
Alejandra Pizarnik
En una Edad de Oro, el ser y el estar del hombre imaginario coincidía. El conocimiento era la
armonía, el amor y la complacencia. El tiempo y el espacio no existían hasta que se interpuso la
realidad, del mismo modo que comenzó la diferenciación entre el ser y el estar. El hombre después
de la caída guardó para sí un sentimiento ahistórico de una época en la que su ser no estaba
fracturado. De este pasado lejano, de este sentir originario se desprende la nostalgia. Se añora el
espacio de una infancia colectiva, compensadora de una Historia casi siempre negativa. A esta infancia colectiva se le denomina tiempo original o paraíso perdido; en dicho espacio no era
necesario conocerya que acción y contemplación no se diferenciaban.(Zambrano, 1983:86).
La condición paradisíaca se trastocó en el momento que el individuo tomó conciencia del mundo, de su singularidad y de la muerte.
Pizarnik ahnela recuperar aquel tiempo y para lograrlo procura "retornar hacia atrás", escapar del
pasado y del futuro, es decir,desplazarse hacia una época absolutamente mítica, para vivenciar la
plenitud inicial (Azcuy, 1982 : 20);no obstante, el sujeto poético tan solo logra hablar del cosmos sagrado como una ilusión porque no tiene acceso a él. La escritora nombra la infancia como "un miedo luminoso" u "otra orilla". La experiencia de la "otra orilla" no es más que la melancolía por un pasado originario, una vida anterior bruscamente interrumpida por la culpa:
Desde esta orilla de nostalgia
todo es ángel
La música es amiga del viento
amigo de las flores
amiga de la lluvia
amiga de la muerte
(Pizarnik, 1998:58).Pizarnik escribe para restablecer la unidad y así descubrir la figura del mundo en la dispersión de
sus fragmentos, sin embargo el Yo infantil se divorcia del exterior y permanece desgarrado, con
miedo:...la hermosura de la infancia sombría, la tristeza imperdonable entre muñecas (...)
el tesoro de los piratas enterrados en mi primera persona del singular (...)
Hemos intentado hacernos perdonar lo que no hicimos, las ofensas fantásticas,
las culpas fantasmas, por bruma, por nadie, por sombras, hemos expirado
(Pizarnik, 1998:158).Este tipo de referencias en el discurso hacen más evidente la desolación de vivir sin imagen propia, es decir vivir sin "lo otro".
Escoger la infancia como espacio absoluto de lo irrecuperable es elegir también la poesía, ¿y qué
es la poesía sino lo innombrable o el silencio?:Deseaba un silencio perfecto
por eso hablo
(Pizarnik, 1998:152).En el momento que el discurso termina empieza el silencio. El desarrollo temático del mismo sigue un curso paralelo al de vivir/hacer en la obra de Pizarnik, establecidos ambos conceptos en contraposición a escribir/decir.
La poesía de Pizarnik está orientada hacia el imposible silencio, imposible porque el silencio es el
callar de la poesía. En esa búsqueda el ángel funciona como mediador entre el cielo y la tierra, el
hombre y Dios:Sólo un ángel me alcanzará al sol.
Dónde el ángel,
dónde su palabra.
(Pizarnik, 1998: 37).En el momento que el ángel pierde la gracia divina se convierte en un ser caído, cuyo intelecto es privado de luz pero no a través de la pérdida de conocimientos que le es innato a él, sino a través de la pérdida del conocimiento natural, que es la bendición de Dios:
Yo devoro la furia como un ángel idiota
invadido de malezas
que le impiden recordar el color del cielo.
Pero ellos y yo sabemos
que el cielo tiene el color de la infancia muerta
(Pizarnik, 1998:37).El ángel pizarniano después de su derrota se precipita al aquí-ahora; sus alas rotas son el precio por su voluntad de "quedarse en sí mismo". El vuelo es descendente, pasa de su condición de arcángel a ángel y de éste a demonio. Así llegamos a la imagen de un ser inaprehensible. Lo efímero de este ángel nos recrea lo efímero del instante. A este respecto, Cacciari considera que el icono del ángel nuevo va más allá de representar un ángel inexperto:
él está en el nunc de su instante
(Cacciari, 1989: 58).Los ángeles nuevos como sólo permanecen un instante no están exentos a envejecer, a convertirse en seres pobres, harapientos. En esta nueva angeología "secularizada", el ángel ya no es el anunciador, el mensajero; su señal se ha vuelto incomprensible y el sistema teológico se ha desmoronado:
El viento me había comido
parte de la cara y las manos
me llamaban ángel harapiento
yo esperaba
(Pizarnik, 1998:111).Aquí la dimensión angelical libre de los sufrimientos corporales se une a una realidad netamente humana que es la pobreza, que si bien a primera instancia parecen términos contradictorios, no lo son; ya que el ángel pizarniano es imperfecto, reúne en sí lo divino y lo humano, lo sublime y lo terrenal.
El espacio poético de Pizarnik está constituido por cinco elementos: el jardín, el pájaro, la luz, la
música y el viento.El jardín constituye un espacio abierto donde la libertad se conserva dentro de un orden seguro. En el Segundo Manifiesto del Surrealismo Breton hace referencia al jardín como una zona de la
memoria y del subconsciente semejante aun cierto punto del espíritu humano desde el cual la vida y la muerte, lo real y
lo imaginario, lo pasado y lo futuro, lo comunicable y lo incomunicable dejan
de ser percibidos contradictoriamente
(Breton; 1976: 85).Para la poeta el jardín es el lugar de la cita o, dicho con palabras de Mircea Elíade, el centro del mundo. Allí se produce el encuentro entre el yo y el doble, es un espacio de reconciliación, de reunificación donde el sujeto poético se une al cuerpo de la escritura y desde él libera los instintos vitales. Pero el espacio idílico se interrumpe si se comprueba que el jardín visitado no es el que se buscaba, el que se quería, porque era como hablar o escribir.
En el jardín las aves poseen un sentido de la vida y de la muerte. Los "pájaros del alma" - como
diría Rilke - son el paso de lo terrenal a lo celestial, son ángeles en forma de pájaros que tiran del
sol y ascienden al centro del tiempo. Los ángeles libres de pecado y los pájaros buenos coinciden
con la luz. Lo oscuro, lo tenebroso, el mundo de las pasiones están simbolizados por los ángeles
caídos y sus dobles terrestres, los pájaros impuros. En el "jardín petrificado" reina una atmósfera
de tragedia y combate a la vez. Las sombras emergen de la noche y someten la palabra al
silencio. La oscuridad no es un personaje, forma parte del sujeto lírico, no existen barreras que
separen el adentro del afuera. El "yo" siente especial atracción por la noche pero a medida que se
adentra en ella, pierde el espacio mítico y lo letal se acerca lo suficiente como para ser peligroso:Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte,
toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama
(Pizarnik; 1998:229).La conciencia está justamente en la zona de muerte, quien habla es una pérdida en un espacio de
ruinas. El desplazamiento hacia las sombras impide al sujeto cualquier ilusión de autoconocimiento,
su trayectoria lo lleva directamente a la despersonalización.Cuando el ángel cae se pierde el edén y muere el pájaro enamorado, sabio y profeta. El "jardín
petrificado" es poblado por aves temerosas, ponzoñosas, cuervos:Cerraron el rostro que fue idéntico al más alto sueño de la augusta infancia y pájaros
temerosos en despliegue rapidísimo de plumas negras hicieron el paisaje del perfecto
error (Pizarnik;1998:202).
Canto un canto para mis males, pájaros negros sobre mortajas negras
(Pizarnik; 1998:229).El fin del paraíso no es más ni menos que la incapacidad del "yo" para verse a sí mismo, así como el mundo interior de las cosas: "Soñé con el Polo Norte.
Montañas de sal. Pájaros blancos sin ojos ni patas
(Pizarnik; 1992:259).La ceguera-desconocimiento no viene dado desde afuera sino desde adentro. Al producirse tal obnubilación, el ser queda a la deriva y condenado a vivir en un mundo de sombras.
El mundo exterior celebra la luz mientras que el mundo interior es opresivo y contingente. La
interioridad del sujeto que habla está comprometida activamente. El ser ubicado en el ámbito
nocturno, ante la experiencia dolorosa de lo temporal se divide en dos entidades que luchan por
aniquilarse mutuamente:Pero esta inocente necesidad de viajar
entre plegarias y aullidos
Yo no sé. No sé sino del rostro
de cien ojos de piedra
que llora junto al silencio
y que me espera
(Pizarnik; 1998: 43).El poema no es un discurso sobre la tristeza, sino imágenes de la conciencia, donde la escritura se pierde en el desfiladero verbal. El "yo" se duplica y a partir de ese momento comienza un juego peligroso que puede tornarse amenazador. La figura del doble se puede considerar el espectro o la prefiguración del alma. Cada cuerpo refleja su sombra, ella no es una parte enajenada del sujeto sino una de las figuras del intercambio. Lo que recupera la palabra es la originalidad del cuerpo. El sujeto se afana en encontrar un lugar para el encuentro o la cita, donde el "yo" y el "otro" restauren la fisura. El permanente conflicto entre luz-oscuridad, silencio-palabra, conducen al sujeto más allá de sus límites, sin que por ello tenga acceso al silencio, este último sólo se alcanza tras la muerte.
La música contiene en sí misma al silencio y el pájaro después de la caída trata de buscar en ella la salvación pero ésta es inalcanzable porque el ser ha perdido su capacidad de percepción, lo cual le impide hallar la música que se encuentra en el centro mítico:
Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria.
Pero la música se movía, se apresuraba ...
Entonces abandoné la música y sus tradiciones porque la música estaba más arriba o
más abajo, pero no en el centro, en el centro, en el lugar de la fusión y del
encuentro
(Pizarnik; 1998:153).El silencio logra adueñarse del canto, la palabra queda atrapada entre la enunciación y el enmudecimiento. Este conflicto es la eterna lucha de los contrarios, sin la luz no es posible la oscuridad y sin la lengua no se accede al silencio.
Pizarnik usa el silencio como rey de la negatividad idealizada, creando un estado de conflicto.
Cuando se quiere hacer hablar el silencio es necesario que todo lo demás calle, desaparezca o se
esconda. El yo se ofrece a enmudecer con el propósito de que el silencio lo sustituya y tome la
palabra.La paradójica interdependencia entre la poesía y el silencio está íntimamente ligada a la relación
vida-muerte. La muerte le otorga al silencio su prestigio hechizante; ella representa la supresión de
las restricciones del lenguaje, al mismo tiempo que personifica una fuerza externa que el "yo" debe
incorporar al discurso poético. Pretender hallar la unidad equivale condenarse a la destrucción; el
origen no es el vacío, el origen es el paraíso perdido.Al igual que los seres alados, el pájaro se alimenta -además de la luz- del viento. Inicialmente es un elemento positivo, en él está ubicado el ser y por ello es preciso salvarlo del principio de muerte:
Hay que salvar al viento
Los pájaros queman el viento
en los cabellos de la mujer solitaria
que regresa de la naturaleza
y teje tormentos
Hay que salvar al viento
(Pizarnik; 1998:110).El "yo" trata de escapar a su destino final y en ese momento el viento deja de tener su carácter
redentor para ser el origen mismo de la muerte. Es decir, el viento no surge de lo alto y del origen
vital, sino de las profundidades:Mi infancia
sólo comprende al viento feroz
que me aventó al frío
cuando campanadas muertas
me anunciaron
(Pizarnik; 1998:163).Si del viento emanan aires de muerte, de la luz, por el contrario, surge una energía creadora que rememora el paraíso, sin embargo esta fuente de energía vital se apaga al producirse el exilio:
Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
(Pizarnik; 1998:168).Podríamos equiparar día/pájaro y noche/jardín como símbolos equipolentes. El pájaro desaparece como el día, ya que es parte del tiempo de la luz. La noche es su contrario, roza con el silencio. Ir
al jardín es cruzar la otra orillla, es como ver la otra cara del yo, el mundo cercano a la muerte, el
vértigo de la memoria, en una palabra "vacuidad".
Encontrado en: http://bluehawk.monmouth.edu/~pgacarti/pizarnikensayo_ca%edda_sin_fin.htm