ESTE JUEVES , «EL BESO DE LA MUJER ARAÑA», DE MANUEL PUIG

Más grande que la vida

PEPE MARTIN

EL MUNDO | 28/02/2001


Ejemplar, que ofrece EL MUNDO.

-«A ella se le nota algo raro, que no es una mujer como todas... La carita de gata... Los ojos claros, casi seguro que verdes...»

Así empezaba el Molinita teatral su fascinante relato, que poco a poco va engatusando a Valentín. Como cualquier lector de El beso de la mujer araña, también quedé atrapado. Tanto que, en un viaje a Nueva York, quise conocer al autor. Le llamé por teléfono, quedamos citados. Yo tenía la primera edición de El beso de la mujer araña, donde hay una foto en la contraportada de un hombre atractivo, moreno, sonriente, con el mar de fondo.

-«¿Sós buen mozo?», me preguntó Manuel para identificarme.

-«Bueno...», le contesté. La expresión argentina más que un piropo es una descripción. Así que le dije que le reconocería por la foto.

-«Ya no soy así, era...», me contestó suspirando...

Estas fueron las pocas palabras que cruzamos antes de encontrarnos en Roompelmayer, un salón de té exquisito en la Quinta Avenida, que ignoro si ha resistido el paso de los años y donde seguro que ya no toma el té Paulette Godard. Me citó con la esperanza de encontrarla. Eso, y el cine, y la durísima vida en la ciudad, siempre con su personal sentido del humor, me fue contando en su argentino pasado por México(...).

Del largo proceso que significó la versión que él mismo fue haciendo quedó una entrañable amistad. «Me encanta que me protejan», le decía a Sylvia, mi mujer. Carta a carta, viaje a viaje, se fueron estrechando afectos. Manuel era un ser cálido, irónico, ligero y profundo. El e-mail no existía, el fax quizá tampoco, y esperar las entregas del texto por correo ordinario fue durante la preparación y adaptación de sus folios un tiempo intenso y gozoso para mí, y también para Juan Diego y García Sánchez, con los que compartí la experiencia. Que fue para Puig una revelación. El «veneno del teatro» le llevó a escribir más obras dramáticas. Alguna, como El misterio del ramo de rosas, de la que monté una lectura dramatizada en un ciclo que coordiné para la Casa de América antes de la última Navidad, sigue sin editarse en España. Cuando recibí el manuscrito me sugería esa posibilidad de dirección, ya que los únicos personajes son dos mujeres. Aunque, ante mi duda de interpretar a Molina o a Valentín en El beso..., «hacé Molina», me decía, «es más lindo», esta vez no había papel para mí...

«Con mi profundo agradecimiento por esta maravillosa experiencia de amistad y creación que ha sido la puesta en escena de esta novela»: así está dedicado el libro que editó Seix Barral por primera vez en 1976. Ahora tengo ante mí la edición argentina de 1993 (no pudo hacerse antes), con la foto en la solapa de un Manuel con poco pelo, que esboza una sonrisa a boca cerrada y ya no desafía al mundo. Nos mira con cierta sorna. La cubierta no es ya esa chica de melena al viento casi levitando entre nubes del primer libro. Una mantilla muy poco española nos deja entrever una mujer bastante fatal, con turbante y ojos superribeteados. Es la auténtica mujer araña, una Gloria Swanson de 1928 de la colección Manuel Puig. Un verdadero acierto. Porque si la chica-gata es La mujer pantera, en la primera peli que en la novela le cuenta Molina a Valentín, la mujer-araña es el propio Molinita, el homosexual que quiere ser mujer(...).

Pero si Molina es un marginado, también lo es Valentín. Su utopía de cambiar el mundo le encierra, le distancia de ese mismo mundo burgués que pretende romper. Y poco a poco, noche tras noche, película tras película, va entrando en esa irrealidad del cine, bigger than life (más grande que la vida, dice el viejo eslogan). Y se va permitiendo más concesiones, pidiendo extender al día los cuentos de la noche. Hasta dejarse enredar con toda ingenuidad en los hilos de la red que Molina va tejiendo. Y en los que el propio Molina va a caer. Hasta llegar a un acto de amor físico tan puro como trangresor:

«Me pareció que yo no estaba, que estabas vos solo... O que yo no era yo. Que ahora yo... eras vos».

Estas palabras de Molinita marcan el punto de inflexión, la clave de esta singular historia de amor. Pero si el homosexual se diluye, se encarna en el otro para ser sólo uno, también el idealista político queda transformado, igualmente diluido en el otro. Dos seres tan diametralmente diversos de entrada, en un proceso sutil y casi ritual, van evolucionando de tal modo que cada uno acaba asumiendo la personalidad opuesta(...). Así la mujer araña, madre, mujer, amante, la que uno quiso ser y el otro quiso tener, acogerá a los dos, ya fuera de una opresiva y agobiante realidad, en ese beso que les une for ever.

Y así Manuel Puig culminará un happy end, tan lleno de pathos como de esperanza en el ser humano. Para un mitómano del cine tan consecuente como él, no puede haber mejor final a la en definitiva clásica historia de chico-encuentra-chica. Manuel era tan drástico en sus filias y fobias de mitómano, que fue capaz de dejar en la calle a Néstor Almendros una cruda noche de invierno por su desamor a Lana Turner:

-«Una persona que no quiere a la Lana no puede dormir bajo mi mismo techo», le dijo poniendo sus maletas en la puerta.

Desde su primera novela de juventud, La traición de Rita Hayworth, su voz fue tan personal, tan distinta, que su narrativa no consiguió hasta muy tarde el aprecio y la consideración crítica. Claro que de ese menosprecio hay mordaces alusiones de vez en cuando. En El beso... la chica, Irena, «deja plantados a los críticos y se va con él (el chico)» (...). Claro que Guillermo Cabrera Infante, buen amigo y admirador de Manuel, me comentaba en una ocasión que Fresa y chocolate, de Senel Paz, que tan bien acogida fue, es un levante de El beso.... Y que incluso Mario Vargas Llosa algo le debe en La tía Julia y el escribidor(...).

Porque, como dice Molina: «Es que los boleros dicen montones de verdades...», ahora, para recordarte, para no decirte cuánto te extrañamos, sólo se me ocurre entonar bajito: «Querido, vuelvo otra vez a conversar contigo...»

Pepe Martín es actor y director teatral, y llevó a los escenarios El beso de la mujer araña.

–Una adaptación ejemplar
–Perfil del escritor | Juan Madrid

Encontrado en: http://elmundolibro.elmundo.es/elmundolibro/noticia.html?sid=610d25b854b4a8211d4f0d4e79de5716|195.

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