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| Entrevista a Mario
Vargas Llosa (II)
C.G.C: En la historia hay una parte deliciosa, una propuesta de un viaje, un viaje fantástico, quizá con un punto hortera [cursi], pero que podría corresponder a un deseo común: París, Venecia, Estados Unidos... con lo mejor y más exquisito de los tópicos de cada lugar. M.V.Ll: La cursilería es también muy humana, forma parte de la humanidad misma. Hay un aspecto un poco tierno en toda cursilería que es muy aprovechable también en el arte, siempre que uno tenga sentido de los límites. C.G.C: En ese viaje hay mucha transgresión, es una transgresión del propio protagonista, quien lanza al adulterio a su propia compañera ¿Por qué lo hace, por qué utiliza ese sistema? M.V.Ll: Lo que trata don Rigoberto es de enriquecer constantemente
una relación, que es una relación conyugal, porque, realmente,
el protagonista de todos sus sueños eróticos y de sus fantasías
es su mujer en la vida real. No es un hombre que busque el placer fuera
del matrimonio. Para él el matrimonio es un mundo potencialmente
riquísimo que puede perfectamente alojar todos los excesos, las
fantasías más audaces y descabelladas, siempre y cuando la
imaginación sea la reina, que la imaginación determine unos
rituales, unas conductas que se plieguen a sus caprichos. Ésa es
la historia de la novela. Cómo este hombre anodino, con una vida
que parece formalísima, tiene una vida secreta que es la vida de
sus suefios, la que cultiva cada tarde y cada noche en su estudio, con
la ayuda de la pintura, lo que realmente le gusta, lo que catapulta su
imaginación y lo que alimenta sus deseos . Una vida complementaria,
de placer, compensatoria de su mediocre y rutinaria vida. En esta doble
vida que lleva don Rigoberto aparecen todas sus excentricidades. Él
ha construido ese mundo de sueños con sus libros, con sus grabados,
con sus reproducciones. Creo que todos, o por lo menos una gran parte de
los seres humanos, hacemos cosas parecidas para defendernos de la mediocridad
de la existencia. C.G.C: En algún momento llega a decir que se hace mejor el amor en los países católicos que en los protestantes ¿Qué importancia tienen los tabúes para el erotismo? ¿Qué importancia tiene la religión? M.V.Ll: Don Rigoberto es un hombre que, en el secreto de su estudio, se siente un ser enteramente libre. Desde allí, lanza teorías constantemente, se divierte, lanza filípicas, exorcismos, condenas, y también filosofía sobre el amor. Él tiene una teoría: que el amor se enriquece con los tabúes y las prohibiciones. Es una teoría que yo comparto en buena parte, aunque quizá no de la manera tan dogmática como la expresa don Rigoberto en la novela. George Bataille también defendió esa idea en Francia cuando decía que la sociedad permisiva iba a matar el erotismo, que en el momento que no hubiera trabas, frenos, prejuicios contra los excesos amorosos, ya no iba a haber excesos y, por lo tanto, el amor se iba a banalizar enteramente y existía el riesgo de que el amor se convirtiera en una especie de deporte que aburriera a los jóvenes, quienes entonces buscarían la excitación en otros campos, en la violencia, por ejemplo, en lugar de en el amor. Creo que, en parte, eso ya ha sucedido. Es la misma tesis de don Rigoberto. Para el, en los países de una tradición católica muy fuerte, donde los tabúes, los frenos, los prejuicios, las prohibiciones en torno al amor han sido tan firmes, es donde el amor, por reacción, ha desarrollado unas formas extraordinariamente sutiles, sublimes, y que el verdadero erotismo ha nacido en países con una cultura represiva en materia amorosa, no en los países más bien de tradición abierta y tolerante. Creo que en eso don Rigoberto no está fuera de la verdad. C.G.C: Y como don Rigoberto, ¿usted tiene tanto terror al gregarismo que supone el asociacionismo, a la pertenencia a un colectivo, a la pérdida de la individualidad. M.V.Ll: Él considera que la defensa del individuo, de la soberanía individual, debe ser una defensa sin concesiones. La historia de la civilización humana es una historia hacia la creación del individuo, hacia la creación de una mujer o un hombre que cada vez pueda eleglr más su propia vida sin estar condicionado por el lugar donde nació, por su lengua o por sus creencias, porque la vida se ha ido internacionalizando y hay más posibilidades de elección de formas de vida diferentes. Al mismo tlempo, frente a eso, se oponen obstáculos enormes que tienen que ver con las ideologías, con las religiones o simplemente con el desarrollo de una técnlca, de una ciencla, de una industria, que tienden a volver al ser humano a la masa, a ser simplemente un producto indiferenciado entre otros. Ése es uno de los terrores y uno de los combates de don Rigoberto, que también yo comparto. C.G.C: En esa idea antigregaria, hay una crítica a ciertos deportes y, sobre todo, al fútbol. Ridiculiza las figuras de esos 22 personajes corriendo: "payasos desindividualizados por uniformes y colorines sirven de pretexto para el exhibicionismo de la irracionalldad colectlva". M.V.Ll: Él ridiculiza no tanto el deporte como
el culto de los deportes. Ve en ese culto, que se ha convertido en una
religión contemporánea, una manifestación de la imbecilidad
colectivista. Él piensa que el ser humano, cuando es gregario, cuando
es masa, se vuelve idiota. No le falta razón en buena parte. Es
lo que ha ocurrido en los deportes. Si del cultivo del cuerpo magnífico,
del deporte como una actividad enriquecedora del organismo, ha derivado
a lo que es el fútbol en la época contemporánea, eso
es algo ya aterrador, porque realmente es una cultura que está suplantando
a otras formas de cultura que, en lugar de enriquecer intelectualmente
a las personas, las disminuye considerablemente.
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© Aguilar,Taurus,Alfaguara de Argentina