Éxodo

El pájaro faisán busca la rama
y desde allí vigila
lo que los hombres deliberan, hablan.
Un relámpago quieto
es su ala plegada.

Palpitando en los seres más pequeños
viene la noche; avanza;
como animal con hambre ronda los campamentos,
se acerca a las fogatas,
ocupa su lugar en el consejo.

Partiremos mañana.
Hay días, hay caminos.
Aún no es la hora de los que descansan.
Todavía otra vez, ante la faz de todos,
el pájaro faisán desplegará sus alas.

 

Fábula y laberinto

La niña abrió una puerta y se perdió
en la Torre del Viento
y camino con frío y tuvo sed
y lloraba de miedo.
Torre del Viento donde un grito crece
interminablemente sin alcanzar el eco.

En esa Torre estaba la niña, en esa Torre
vieja como mi cuerpo, abandonada,
sola, en ruinas lo mismo que mi cuerpo.
En esa Torre búscala, persíguela,
rastrea la huella de su pie desnudo
y cl olor de jazmín entre su pelo
y sus manos fluyendo como dos breves ríos
y sus ojos dispersos.
Todo está aquí guardado,
todo está oculto y preso.
Llámala, quiebra el muro con tu voz,
con tu sangre reavívala si ha muerto.

Pues yo lamí su sombra hasta borrarla
con una abyecta, triste lengua de perro hambriento
y fui insultando al día con mi luto
y arrastré mis sollozos por el suelo.
Mírame despeinada en un rincón
cómo arrullo un juguete ceniciento:
doy el pecho a un fantasma pequeñito
mientras la araña teje su tela de humo espeso.
Mírame, abrí una puerta y me perdí
en la Torre del Viento.

 

Falsa elegía

Compartimos sólo un desastre lento.
Me veo morir en ti, en otro, en todo
y todavía bostezo o me distraigo
como ante el espectáculo aburrido.

Se destejen los días,
las noches se consumen antes de darnos cuenta;
así nos acabamos.

Nada es. Nada está
entre el alzarse y el caer del párpado.

Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
la posibilidad de su inminencia
y su peso de sílaba en el aire),
trastorna lo existente,
puede más que lo real
y desaloja el cuerpo de los vivos.

 

In memoriam

La tiniebla no pudo
traspasar los umbrales de su casa.
Se consumió entera
de calor y de luz como una lámpara.

Nadie le vio las manos
vacías o cerradas.
Entregó su tesoro
de actos vivificantes, consolaciones, gracias

Igual que en un crisol se hacían en su boca
verdaderas y puras las palabras.
No dijo más que amor
y amó hasta el fin “como quien se desangra”.

Cuando vino la muerte
buscó su corazón para alancearla
y nos ha herido a ti, a mí, a todos,
donde su corazón se derramaba.

 

Invierno en el Anáhuac

Como nadie va al Polo
el Polo viene en forma de masa, en calidad
de viento. Y necesita
saludarnos a todos, de mano, por la calle,
entrar en cada casa, presidir el convivio
acompañarlo a uno hasta la cama
y ahí dictar los sueños.
(Pero en el sueño uno lo traiciona
y va de vacaciones a Acapulco.)

Dc madrugada funge como amante y se inclina
sobre nuestra mejilla descubierta.
Pero, esquimal al fin, no besa: muerde.