Los amigos
A la sombra del árbol,
como quien va tejiendo una guirnalda,
vamos entrelazando nuestros cantos.
Nos habíamos ido
y he aquí que volvemos a juntarnos.
El que vino del norte
trajo la roja flor violenta de los cactos.
El que llegó del este tiene el rostro encendido
lo mismo que el verano.
Y nosotros, tú y yo y los que están naciendo
y dejando en el sur la marca de su mano
somos igual que el viento que pasó por la selva,
fervientes y aromados.
Los engañados
Muchas veces se olvida. En la conversación
amistosa ¿quién dice
más que el nombre y los nombres del amigo?
En la ardua vigilia de la lectura, cuando
la sangre se hace luz, pensamos que la flecha
podría atravesarnos sin herirnos.
Y si empuñamos un instante el cetro
del amor, ya creemos
vencida para siempre a la otra potestad.