Patología en la obra de Juan Rulfo

José Dorazco Valdés


Introducción


Si queremos hablar del contenido de patología en el sentido médico dentro de una obra literaria, creo prudente considerarla como lo opuesto a la salud, entendida ésta en su sentido más amplio: la ausencia de enfermedad, pero también como aquella condición en la cual el hombre y la mujer tienen la posibilidad de utilizar y desarrollar positivamente todas sus capacidades innatas, además, tener opción al ocio y la superación cultural.
El concepto de enfermedad es discutible, porque más allá del criterio médico tradicional, podemos hablar de pueblos, culturas, sociedades enfermas, pues en el entramado social hay infinidad de factores que de una u otra forma pueden limitar y delimitar el desarrollo psicofísico de las personas. Con esto en mente, paso a comentar la obra del autor de El llano en llamas.


Perspectiva de los textos rulfianos


La identificación de la patología depende de la capacidad de diagnosis del profesional médico, psicólogo, sociólogo, filósofo o del escritor, y, para el tema que nos ocupa, del lector, quien hace su propia lectura de cada libro; porque además de la formación técnica específica y la habilidad personal, cuenta mucho la base sociocultural, el nivel económico, la ideología político-religiosa y los principios éticos en general.
La percepción de la patología cultural depende del cristal con que se mire: lo que para una persona o una cultura está dentro de lo "normal", para otros será algo francamente enfermizo. para la obra literaria tiene que ver, además, el interés específico con que nos acercamos a un determinado texto. Pongo el ejemplo mis primeras lecturas de la obra de Gustavo Adolfo Becquer, allá por la secundaria, y de Jorge Luis Borges, allá por la preparatoria, hachas con un "tono" estrictamente literario, me proporcionaron el disfrute de la prosa y la poesía bien escrita, con alusiones a la emocionalidad en Becquer, y al texto erudito en el bonaerenses. En relecturas muy posteriores, ya con el "tono" de buscar patología, percibí en el autor de Miserere, un fondo maníaco, al borde de confundir la imaginario con la realidad; mientras que en el autor del Aleph, encontré referencias a la neurobiología y la neuropatología. Nos habla Borges de los ensueños, los terrores nocturnos y las pesadillas, material todo que se incluye ac tualmente en la clasificación de la Medicina del sueño y del Manual Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM-IV); en su Funes el memorioso, encuentro, a mi juicio, una patografía del síndrome autista. En mi acercamiento actual a la obra de Rulfo, cargo con mi (de)formación médica-neurológica, mi nivel clasemediero de un país subdesarrollado, y con intensa motivación sociofilosófica anhelante de un mundo menos injusto.


Herramientas para el diagnóstico


Para estudiar a una persona (supuesta o realmente) enferma, se requiere del criterio del profesional de la salud (PrS) y del paciente (P) en estudio. Extrapolando a la obra literaria, el texto sería P y el lector PrS. Si queremos tener una visión más amplia del problema, debemos valorar, además, el medio social, la ideología y el nivel cultural del enfermo (real o supuesto), lo que englobaríamos dentro del término ambiente social (AS), que en literatura seria el contexto en que se desenvuelve el o los protagonistas. Más aún, si hablamos no de un "caso" en particular sino del concepto de enfermedad en abstracto, no debemos de olvidar la formación de PrS para entender qué tipo de patología está propenso a encontrar.
Médicos, psicólogos, filósofos (de)formados en una institución de estudios superiores que sigue acriticamente el neoliberalismo o el individualismo materialista, verá y se interesará primordialmente por la patología que embona con el código monetarista mencionado. Y el autor (A) de un texto literario, con su ideología, le da a éste su contenido de salud (S) y de enfermedad (E) que PrS, -el lector-, ignorará o percibirá y hará el diagnóstico respectivo. La sentencia de que cada libro tienen su lector, vale no solo para la obra literaria, también para los libros de medicina, de ciencias exactas y experimentales. En este breve ensayo sobre la obra de JR, me referiré al autor (A) Juan Rulfo, los pacientes (P), -los personajes-, y a los profesionales de la salud (PrS), -los lectores-. Veremos que resulta.


(A) Juan Rulfo


La calidad e impacto de su obra es algo reconocido por la mayoría de los lectores y los críticos; la incógnita res la cantidad; aspecto sobre le cual solo él hubiese podido dar la respuesta. En esto ya hay indicios de patología; porque en la vida, la regla es que nos guste y tendamos a repetir aquella actividad u oficio en que obtenemos éxito, fama y/o provecho económico; aquello con lo que obtenemos el reconocimiento de los demás. La lista de autores afamados de diversa nacionalidad con producción literaria vasta es muy larga; de tal suerte que resulta muy extraño la renuencia de Rulfo para publicar otras obras además de las dos breves que le dieron renombre universal. Es posible que su ¿imaginación ya no diese para más; sin embargo, por lo menos podía haber continuado su comunicación con el gran público a través de los medios de comunicación masiva, que habrían estado complacidos de tener la colaboración del renombrado escritor. El lo rehuía. Es posible también que apreciase de tal modo -¿enfermizo?- el pr estigio alcanzado, que cuidase de echar todo por la borda con más publicación . Rehuía del dar a luz un nuevo libro. Rehuía de escribir artículos periodísticos, de las entrevistas, de la participación en actos públicos, de figurar en los medios y ambientes en los que suelen aparecer los intelectuales de éxito. La de Rulfo era una personalidad temerosa, retraída, inhibida, asustada del éxito, sin fortaleza para llevar a cuestas el triunfo. ¿Qué otra cosa podríamos aducir para explicar el estreñimiento rulfiano? ¿Porqué esa tendencia a rehuir?.
Ante la carencia de datos biográficos que pudiesen darnos luz en este punto, podemos argumentar un fondo depresivo asociado al alcoholismo; y un trastorno obsesivo, en este caso, obsesionado por la perfección, por la calidad del texto literario; búsqueda de la perfección llevada a tal extremo que lo levó a su propio aniquilamiento en vida.


(P) Los personajes


En cualquier agrupación humana, cada uno de sus integrantes tiene rasgos que lo distinguen de los demás; algunos con tal o cual peculiaridad, que los convierte en el centro de las ironías, el sarcasmo y las habladurías de la comunidad. Otros, se distinguen por su conducta antisocial o francamente delictiva que los coloca definitivamente al margen de la ley y del grupo. En cualquier conglomerado humano existe patología médica y psicosocial, solo que la comunidad aceptará , rechazará y aún condenará de acuerdo al grado de (in)tolerancia que posea. Ya dijimos que lo que para un grupo es perfectamente "normal", para otros significa no solo enfermedad sino algo subversivo.
Macario del cuento homónimo, es un personaje con apetito voraz (hiperfagia), inquietud, balanceo y golpeteo de la cabeza -"horas y horas contra lo pilares, sin que le pase nada"- (jactatio capitis) y conducta inadecuada con falla de autocrítica (déficit mental). Elementos que sugieren la existencia de lesión cerebral en el sistema de las emociones (sistema límbico); posiblemente con aumento de peso por comer demás, lo cual, en conjunto, da la posibilidad de un síndrome hipotalámico.
Puestos a encontrar signos y síntomas, en Nos han dado la tierra podríamos decir que el narrador tiene agorafobia porque reniega de la inmensa llanura que la "justicia" revolucionaria les concedió para que la cultivaran sin agua. Desde otro punto de vista, encontramos enfermedad en el gobierno, en el sistema, diríamos: setenta y tantos años de repartir y repartir las tierras son agotar sus reservas en un milagro más grande que la multiplicación de los panes, pero sin resolver el problema agrario, me hace pensar en un nuevo síndrome: el del perro persiguiendo su propia cola.
La cuesta de las comadres refleja la psicología de la soledad histórica. El personaje no muestra tristeza ni cansancio de estar en ese poblado tan cerca pero tan lejos de Zapotlán; simplemente expresa lo que es vivir en la soledad y la-no-esperanza de que esa situación cambie. Por ello, a pesar de que La Cuesta se ha ido quedando sola, él sigue allí, aferrado a la tierra y a sus recuerdos. La violencia, en éste como en otros cuentos de Rulfo y autores del mismo corte, es la música de fondo en la vida de la gente. Las circunstancias reflejan amargura, fatalidad permanente como en Trapiche de Rojas González. Se queda en la boca del lector (de PrS) como una resequedad que alcanza el espíritu. en tales textos, loa violencia, como Cuauhtémoc en la poesía de López Velarde, se pone a la altura del arte.
¿La pobreza es enfermedad o es cultura?. como cultura, nos tenemos que referir aquí en México, a mi juicio, a la obra del antropólogo Oscar Lewis, quien en Los hijos de Sánchez hace un acercamiento al modo de ser de un clan de la capital, cuyos integrantes crecen en un medio de carencias económicas, cívicas y culturales, pero que prefieren permanecer en él, aún cuando tengan forma de superarlo. con los personajes de Rulfo no pasa eso; están inmersos en un ambiente panorámicamente pobre, violento, desperanzado. Si es enfermedad, entonces los textos del autor sangabrielense pueden considerarse bajo la perspectiva de la sociología y la psicología, como un tratado de la patología social: la patología del abandono, la exploración, el abandono histórico de parte del poder; y aprisionados por la fatalidad. "Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinto, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo de esconder aunque fuera un manojo; lo único que pudimos hacer, todos lo de mi casa, fue estarnos arrimados debajo del tejaban, viendo como el agua fría que caía del cielo quemaba aquella cebada amarilla tan recién cortada". Peor se pusieron las cosas cuando se dieron cuenta que la corriente se llevó a la Serpentina, todo el patrimonio de la familia que Jacinto iba a heredar, y que se esfumó, llevaba patas arriba por la crecida.
Nada se puede contar de Jaramada.
En la madrugada vemos un ejemplo de amnesia post traumática: el viejo --- Esteban llega a casa de su patrón don Justo al clarear el alba; cansado y con el pendiente de cada que va a desayunar se torna violento y se pone a golpear al --- acusan: mató a su patrón con una piedra; del episodio no guarda el menor recuerdo Desvelo, cansancio físico, tensión emocional, más los golpes de que fue víctima son factores que explican fácilmente la presentación de la amnesia postraumática. Rulfo tiene el gran mérito de darle dimensión literaria a las circunstancias de ese ambiente rural pobre y violento. Dentro del mismo relato, la madre de Margarita, la sobrina-amante de Justo, yace en su lecho, consciente pero sin poder moverse desde hacía dos años, ¿qué le pasó?. Seguramente está así a consecuencia de una lesión neurológica que le provocó el "Síndrome del hombre encadenado".
Los pacientes en estas condiciones no pueden mover brazos ni piernas, solo ojos y boca; por eso, la madre tullida solamente pregunta "¿Dónde has estado anoche, Margarita", cuando don Justo llega casi subrepticiamente a depositar el cuerpo dormido de su sobrina. Hay una patología más: La madre inválida tiene un disturbio del sueño, conocido como "Síndrome de fase retardada": "Solamente tenía un rato de sueño, al amanecer; entonces se dormía como si se entregara a la muerte".
¿Tanilo, el de la manda a Talpa tiene criptococosis?: "La idea de ir a Talpa salió de mi hermano Tanilo, -nos dice el narrador-. A él se le ocurrió primero que a nadie. Desde hacía años que estaba pidiendo que lo levaran. Desde hacía años . Desde aquel día en que amaneció con unas ampollas miradas repartidas en los brazos y piernas. Cuando después las ampollas moradas se le convirtieron en llagas por donde no le salía nada de sangre y si una cosa amarilla como goma de nopal que destilaba agua espesa. Desde entonces me acuerdo muy bien que nos dijo cuánto miedo sentía de no tener ya remedio".
En El llano en llamas, vemos en Pedro Zamora una perfecta representación de lo que es un líder, desde el punto de vista de la neurobiología. algunas investigaciones hechas para correlacionar la personalidad con el tipo de sueño, han llevado a la conclusión de que entre menos necesidad genética se tiene que dormir, el carácter es mas extrovertido, y hay tendencia a ser líder más que subalterno: "Me acuerdo muy bien de todo. De las noches que pasábamos en la sierra, caminando sin hacer ruido y con muchas ganas de dormir, cuando ya las tropas nos seguían de muy cerquita el rastro. todavía veo a Pedro Zamora con su cobija solferina enrollada en los hombros cuidando que ninguno se quedara rezagado: / -¡epa, tú, Potasio, métele espuelas a ese caballo! ¡y usté no se me duerma, Reséndiz, que lo necesito para platicar! / Sí, él nos cuidaba. Íbamos caminando mero en medio de la noche, con los ojos aturdidos de sueño y con la idea ida; pero él, que nos conocía a todos, nos hablaba para que levantáramos la cabeza. Sentía mos aquellos ojos bien abiertos de él, que no dormían y que estaban acostumbrados a ver de noche y a conocernos a los oscuro...".
Más patología rulfiana: "Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. / -No se ve nada. / -Ya debemos estar cerca. / -Si, pero no se oye nada. / -Mira bien. / -no se ve nada / -Pobre de ti, Ignacio" ...Te llevaré a Tonaya / -Bájame... Quiero acostarme un rato / -Duérmete allí arriba... Todo esto que hago, no lo hago por usted. Lo hago por su difunta madre. Porque usted fue su hijo... Es ella la que me da ánimos, no usted. Comenzando porque a usted no le dio más que puras dificultades, puras mortificaciones, puras vergüenzas... Y estoy seguro de que, en cuanto se sienta bien usted, volverá a sus malos pasos. Eso ya no ,me importa. Con tal que se vaya lejos, donde yo no vuelva a saber de usted... - Me acuerdo cuando naciste. Así eras entonces. Despertabas con hambre y comías para volver a dormirte. Y tu madre te daba agua, porque ya te habías acabado la leche de ella. No tenías llenadero. Y eras muy rabioso. Nunca pensé q ue con el tiempo se te fuer a a subir aquella rabia a la cabeza..." Con estos signos entresacados del texto "¿No oyes ladrar los perros?, y con base en una investigación que hace años hice junto con el doctor Victoriano García González para estudiar las características del síndrome de hiperactividad (HA) en el medio rural, encontramos que los niños inquietos en tal medio se distinguían del resto por tender al parranderismo en una sociedad más temprana, por ser los más audaces y por llevarse a las muchachas. Ignacio, en este cuento, tiene además el antecedente de un trastorno del hábito alimentario y accesos de berrinche, para lo cual, obviamente, no recibió tratamiento; pasó la infancia con su inquietud y llegó a la adolescencia y a la juventud con una conducta sociopática, cumpliendo la evolución a que están expuestos los niños HGA (+DA) que no reciben apoyo farmacológico.


Colofón


Termino este ensayo sin poner punto final, pues el análisis de estos o cualquiera otro texto literario depende siempre de la percepción de cada lector o lectora; eso sí, subrayo la coexistencia en la obra rulfiana de dos tipos de enfermedad: loa de carácter médico biológica, y la de índole social; más pesada y ubicua la segunda, de tal suerte que parece formar parte orgánica de los personajes, un ingrediente más de su humanidad. Manuel A. Serna Maytorena lo señala en su opúsculo Aproximaciones y reintegros a la cuentística de Rulfo (Unidad Editorial del gobierno de Jalisco. México. 1981): el espacio en que se mueven, un empobrecido campo jalisciense del cual no puede escapar; un trasvase de violencia, hambre, crimen, venganza, desposesión e indiferencia; lo desconfianza como ambiente general; ausencia del sentido del tiempo, y una tendencia al intimismo, mejor dicho al encierro espiritual: los personajes, como Rulfo, huyen y rehuyen de los demás. Prefieren la soledad.
Entonces, puedo decir que Juan Rulfo Vizcaíno, en su pequeña gran obra, nos legó un tratado de la patología de la soledad, en su sentido más literal. Comentarios, los agradeceré al teléfono 633 3758.

 

Encontrado en: http://www.informador.com.mx/Lastest/abr99/07abr99/cultura.htm