Pláticas con Juan Rulfo
Concepción Castillo de Scherer
A juicio de Juan Rulfo, para Eraclio Zepeda fue sencillo escribir con gracia y alegría, por ser originario de Chiapas...Camilo José Cela se ha distinguido por crear personajes fuertes y matones...
Martha Portales describe personajes con una dignidad de seres vivos en esquemas que pocos entienden...
Estas son algunas de las observaciones que Juan Rulfo hace a sus invitados en esta reunión peculiar, única oportunidad de compartir sus cuentos, novelas y relatos con los "vivos-muertos", donde cada uno expone porqué su obra es importante.
Ánimas rebeldes
Qué tarde tan gris y calurosa; las ideas han perdido la frescura para fluir como debieran. Seguramente el bochornoso día me produce este letargo, esta modorra; sólo se oye el zumbido ríspido e incesante de las chicharras -que sube y baja según el viento-. Sentada frente a Portos, mi perro, mudos nos contemplamos sin expresar ninguna emoción, veo cómo me mira y de repente su mirada queda prendida en la mía. Me pregunto ¿pensará lo mismo que yo? ¿Dónde comienza él? que con tanta inteligencia me percibe, porque si me muevo, se mueve; porque si me sorprendo, se inquieta. Sus ojos están fijos y las dos pequeñas líneas de sus pupilas siguen cautivas en las mías y ya no encuentro donde termina él o dónde comienzo yo...-Tengo que escribir-, le reclamo. -Dáme ideas; pon de tu parte. Ayúdame en este monólogo interior me deslizo y dejo que los recuerdos me lleven a la tertulia de ayer noche...
Fue verdad que aceptaron la invitación de Juan Rulfo para reunirse Eraclio Zepeda, Martha Portales y Camilo José Cela. Es verdad que los cuatro hicieron un conjuro y, cruzando mares, montañas y ríos, se encontraron en un instante de ese tiempo impalpable que no se traduce en minutos sino en apasionadas sensaciones que se intercambian por segundos.
Si fue así, qué sucedió...Cada uno exponía por qué su obra era importante. A pesar de su modestia, Juan Rulfo nunca dejó de defenderse, ya que ésta era la única oportunidad de compartir con los "vivos-muertos" sus cuentos, su novela, sus relatos, y afirmar que todos los ensayos y análisis que ahora se han puesto de moda –y lo han tomado a él y a su obra como ejemplo-, son casi siempre ignorantes del trasfondo que quiso darle a cada uno de ellos...
-Laco, tú conviviste con el campesino, con el indígena, y lo llevas lleno de alegría por el camino de la inventiva, de la gracia, y puedes describir personajes tan ricos en imaginación como Don Chico, el que iba a volar desde el campanario de la iglesia de su pueblo, y lo pintas tan generoso que, por los innumerables encargos que tenía que llevar al cielo, se rompió la crisma y su deseo de volar en eso quedó, sólo en deseo; pero su euforia y valor nunca se perdieron. Asimismo, cuando te dio por escribir "tragicomedia" y nos mostraste a ese Benzulul, pobre ser aniquilado por un nombre sin resonancia, que descubre que lo importante no es ser valiente sino saber llamarse, tener un nombre con ángel "que te vista" -como le dijo la vieja Prudencia- y así eligió el mejor: el del bravucón del pueblo un tal Salvatierra. Pero, yo pienso que esto fue fácil para ti Laco, pues naciste en Chiapas y ahí el sol- y el verdor de las colinas no te pueden inspirar más que deseos de vivir; y por eso la gracia y por eso la música que acompaña tu marimba con que están escritos tus cuentos. En cambio, los míos, destilan tristeza y ésta sí que fue captada por todos; pero siempre me la achacaron (a pesar de que les aseguro que mis personajes "vivos-muertos" siempre van conmigo contándome sus tristezas)...
¡Épale!, Martha, que nos hemos estrellao... que lo que no puedo perdonar es ese análisis científico-escalofriante que me hiciste... A cuenta de qué metiste a mis personajes que, aunque con ropas raídas, pardas y sucias cargaban una dignidad de seres vivos, en unos esquemas de signos de más y menos, de puntitos y rayitas con circulitos al lado, que pocos te entienden y que parecen formar parte de los puestos del tiro al blanco, en esas ferias gozosas de los pueblos pequeños. No me los compares con esos cucuruchos rosas y blancos que venden en las ferias y que cuando los muerdes sólo pescas el aire y te dejan un regusto a plástico de color. Eso sí que no lo aguanto. ¡Jolines!..., no te enojes, ya te tocará el tiempo de defender tus puntitos,..
No estés tan serio, Camilo, que el jerez es de la frontera, y esta
plática, entreamigos. ¡Vaya que sí! Tus personajes son bien fuertes además de matones, porque, si analizas, hay de muertes a muertes. Los míos son de verdad muy pobres, yo diría que miserables, poco o nada tienen que perder. Tú los has "leído", siempre están asustados, acorralados y sólo matar los libera (bueno, eso piensan ellos). Son muy ingenuos, ignorantes; nada más recuérdalos...
Yo quiero contarte no de los míos, -ya te tocará el turno de decirme lo que piensas-, sino de esa familia tan famosa, gracias a la que te dieron un premiote. Mira que si a mí me lo hubieran dado por una gente como ésa, te aseguro que lo rechazo. Cuánta diferencia encontré en la forma de expresarse. ¡Vamos! Que para ser campesinos, son bastante leídos ...
Cartita la que te escribió Don Pascual de más de 50 hojas. Imagínate si no hubiera estado en la cárcel, seguro que te gana el premio pues con tres años de reclusorio, no sólo hace gala de imaginación, sino de saber mover la pluma. Eso, por un lado, por otro, qué mamá le conseguiste, ¡vaya que era una fiera! Y que si no la mata Don Pascual, él hubiera sido el difunto y tú, por supuesto, no estarías siendo invitado por los reyes de España... Y ahora sí... En seguidillas, que vengan para mí las coplas...
Laco: Mira, Juan, hermano, maestro, porque siempre te he considerado como tal. Tu literatura es punto y aparte. Llevas dentro de ti ese ángel-demonio que te hace escribir revoloteando como el viento con las hojas, algunas veces en remolinos y, otras, soplando de frente. Tú te guardas bien secretas las respuestas y solo haces abrir la boca a tus personajes para que no digan que son mudos. Pero en el interior de cada uno están encendidas muchas fogatas: la tierra seca, el campo yermo, las lluvias que no llegan, el olor a muerte que se respira por doquier, que hacen que tus personajes maten y se arrepientan; pero, como todo está seco, estático, la vida y la muerte del pueblo también se le asemeja y, como camaleón, se mimetiza con su color a ceniza, su sed y su angustia. Tus personajes, sin querer, se van enganchando en la cadena interminable de soledades y miserias. Les quitaste la risa; los haces que miren desde el trasfondo de la noche, no con una constelación de estrellas, sino de sombras y de malos presagios. Los dejaste huérfanos; los hiciste padecer tu hambre de amor y la muerte que tú vislumbrabas desde siempre rodeando a tu persona en esa soledad abrasante que sólo el hombre cabal, el consciente de su finitud, presiente, pero no acepta y se rebela. Tú la quisiste engañar mandándole mil mensajes y le pagaste con la tortura que era la tuya, de tus personajes, pero ni así lograste burlarla. Te admiro, Juan, y para mí te merecías, mucho más respeto y amor del que tuviste en esta tierra.
Ahora sí, te veo muy pensativa, mujer. Por favor, toma la palabra.
Martha Portales: Yo sí que estoy frita metida en un gran lío, que con eso que se inventó el estructuralismo y que me fui de cabeza por él como el gran amante... ¡Vamos! que lo encontré apuesto y de tan buena pinta que me conquistó; pero ahora se me han quitado las ganas de hablar y de seguir haciendo rayitas y pirulíes, y de dividir en secciones...
Quiero que quede claro que si hice ese análisis con esa técnica pues, bueno Juan, tú no lo tomarás a mal... que, puede que no te guste y sientas que te hice no solo radiografías sino la autopsia completa; que me faltó sensibilidad, sí... pero, ¡vamos, hombre! que en una disección el médico no piensa "qué bonita nariz tienes"... que te la parte en dos, y tú pues como si nada. Yo, como dijo Eraclio, también te admiro y por eso me atreví a poner ranas y sapos verdes o pardos en diferentes cuadros.
Pero tu trabajo vale y, si no, que lo diga la posteridad. A lo mejor mis rayas y circulitos sólo sobreviven poco tiempo.
-Ahora sí viene un plato fuerte. A ver, Don Camilo, usted que ha cavilado, porque con tanto premio se ha de sentir cansado... Cargar con la fama no es cosa fácil.
Camilo José Cela: Pues sí, en verdad que estoy cansado y, generalmente, aburrido. Toda la gente cree que por haber ganado el Nobel, a toda hora tengo la obligación de ser inteligente. Mis respuestas, sensatas; mi humor inamovible, a pesar de las tonterías que me preguntan y... Bueno, Juan, a veces te envidio pues tú, sin el famoso Nobel, eres más conocido que yo. Todos hablan de ti y, en más de una entrevista, yo no soy el importante sino tus personajes y tú.
Fuiste modesto, sí; pero cuánta riqueza tenías... por qué demonios rompiste tantos relatos o novelas o que sé yo; por qué nos dejaste nada más la muestra de esa literatura de fantasía, de imaginación, de sabiduría que nada más con una mirada, con un poco de polvo, con un llano seco, con una gallina medio muerta y cuatro infelices trotando, haces un cuento... pero !qué cuento! Yo si que me muero de envidia pues, como bien lo dijiste, si no ha sido por ese "Don Pascual" (y no le quites méritos a "La Colmena", que también tiene lo suyo)...
Yo, Juan, sí que soy malo: Mira que la madre de Pascual no merecía
misericordia pero, "la muerte no es seria en sus cosas" (como tú titulas un cuento). Actualmente, no acabo de redondear lo que escribo; me falta la bulla, el tintero, el viejo escritorio. Me falta ser pobre; siento que se me escapan por los resquicios de la riqueza todas las buenas ideas; se me mueren personajes cuando todavía no es su hora. Y las pasiones se convierten en desabridos romances que nada más te dejan sabor a leche recién cuajada sin azúcar y sin hiel. Mi tragedia es ser punto de referencia, conociéndome muchos y yo sin saber quién soy.
-Y, ¿por qué no renuncias, Camilo, a todo ese oropel?
-¿Por qué?, ¿por qué? me lo pregunto mil veces, pero cuando entras en este círculo "dorado" que te abraza y sofoca, no encuentras como en el laberinto una salida airosa; por lo pronto, Juan, si tú vinieras, no me querrías ni saludar. Me he convertido en el invitado principal de toda reunión dizque de intelectuales.
Bueno, seré justo, habrá uno que otro, pero no de la calidad humana que tienes tú y los compañeros de esta noche.
Juan Rulfo: El tiempo no pasa en Comala; pero, ustedes saben que lo impalpable vuela, y yo tengo otra cita. Antes de despedirme y agradecer su presencia, quisiera relatarles el cuento de la tía Miserias, que se me quedó suspendido en la rama de un mezquite. Ustedes se lo merecen...
"En esos pueblos de Dios, donde todo es penuria y dolor, vivía una pobre vieja junto a un raquítico manzano que era todo su haber. Los escuincles del lugar en cuanto el árbol daba frutos, subían la cuesta de noche y robaban la fruta verde, riéndose a carcajadas de los gritos y amenazas de la tía...
Un día aparece el señor y, tocando en la choza de la anciana, le pidió algo de comer. Ella, muy apenada, le dijo: aquí no tengo nada más que este pobre manzano. El señor, conmovido, le prometió cumplir tres deseos y, ella, sin titubear le dijo:
-"Cuando me vaya a morir, me mandas avisar un día antes".
-"Concedido, respondió el Señor..."Cuando los muchachos del pueblo se suban al árbol... que no se puedan bajar"...
-Concedido. -"Y sólo cuando yo lo mande, lo puedan hacer".
-Concedido, repitió el señor. Pasaron los años y un día, se presentó la muerte y, cumpliendo con la promesa, le avisó a la anciana, que su tiempo había concluido. La viejita le pidió subir al árbol y cortarle el último fruto que comería antes de morir. La muerte condescendió y, cuando trató de bajarse, imposible. Al sentirse atrapada se angustió, amenazó, rogó y rogó, pero todo en vano. La viejita le decía: "Si me prometes la vida, yo misma te bajaré del árbol. La muerte se negaba a negociar y desquiciada clamaba al Señor: -"yo tengo mucho trabajo, ya se me están quedando muchos vivos; a pesar de los tiros y puñaladas nadie puede morirse porque yo estoy aquí prisionera, no cumplas con tu promesa, Señor". -El Señor se negaba a romperla; pero, un día, ya fastidiado le dijo a la muerte: -"Acepta, y olvídate de ella". Esa madrugada, la muerte desesperada le grito a la tía prometiéndole la vida y ella la dejó bajar, desde entonces quedó viva la tía Miseria en mis pueblos y, por eso mi gente no puede librarse de ella.
De pronto regreso buscando la mirada de Portos. Él ha cerrado los ojos, y frente a mí hay un manzano.
Encontrado en: http://www.unam.mx/rompan/47/rf47rep.html