Los bits y átomos de Vargas Llosa

Por Roberto Hernandez Montoya


Para El Nacional del domingo 27 de octubre de 1996, p. A-5

Mario Vargas Llosa escribio un artículo el lunes 21 pasado en la página A-4, "Dinosaurios en tiempos dificiles", que merece al menos dos comentarios.

Según Vargas Llosa la literatura es más profunda que los medios electrónicos. Ello es correcto si comparamos Sabado Sensacional con Dostoyevsky. Pero no lo es si comparamos a Corin Tellado con Ingmar Bergman. Claro, Vargas afirma que literatura es Dostoyevsky y no Tellado, pero ahí está el centro de nuestro primer comentario: la definicion circular, tautológica. Vargas implica que literatura es sólo la buena literatura y declara que cine es sólo diversión. Pero ¿quién decide que es buena literatura? Ciertamente la óptica autorizada de un escritor como Vargas Llosa nos merece por lo menos respeto. Pero por fortuna la calidad literaria no se decide por principios de autoridad. Esa, sea dicho con lealtad, no es la tesis de Vargas, sino que el medio mismo, el libro conduce mejor a la profundizacion que la televisión o el cine. No es necesariamente así. Tal como hay libros superficiales, lo dice el propio Vargas, hay también la posibilidad de producir películas y programas de televisión capaces de profundizar, en algunos casos en aspectos en que el libro, que carece de sonido y de imagen en movimiento, no puede adentrarse.

Hay que comparar lo comparable. Y esto me conduce al segundo comentario: ¿por qué el cine y la televisión han caido en la general superficialidad? Por la misma razón por la que el libro cae en superficialidad: el comercio sin limitaciones. Un comerciante manipulador descubrió una vez que si ponía maní salado en la barra de su botiquín la gente consumía más cerveza. El exceso de sal y azucar vende toneladas de basura comestible en todos los kioscos del mundo. Hay programaciones deleznables que no deben ser aceptadas acríticamente en nombre de la deificacion del mercado. No es casual que precisamente haya una diferencia radical en la calidad de las plantas televisoras y radiales del estado y las comerciales. No siempre es asi, claro, la deificacion del estado tambien es dañina. Los medios de comunicacion impresos privados se dividen en excelentes y en abominables, y los del estado están entre estos últimos.

Un libro no es una cosa de papel sino un conjunto delimitado de signos quietos. Al principio de los tiempos se fijó en la memoria, luego en piedra, bronce, papiro, pergamino, papel. Hoy son electrones. Nicholas Negroponte, el gurú del Laboratorio de Medios del MIT, ha propuesto un deslinde estratégico: cuando compramos un libro adquirimos un conjunto de átomos, el papel. Pero lo que nos interesa no es el papel, sino los signos, los bits de información que contiene. El papel no es más que un vehículo, que permite armar esa máquina formidable que llamamos libro, pero no es el único vehículo posible ni deseable.

Cine, radio, televisión, imprenta y disco se integran hoy a través de la computadora en lo que llamamos multimedia, que Negroponte propone denominar "unimedia".

Se puede ser superficial en una catedra y profundo en un cabaret. Nada está predeterminado en este asunto de lo que es profundo. La profundidad está en cómo se lo tome cada quien en cada cuando y en cada donde.